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"Rigoletto", apoteosis verdiana pasada por agua en el Campoamor

Las voces de Albelo, Petti y Nowakowski y una OSPA soberbia se llevan el aplauso del teatro, que pateó la escena

Celso Albelo y Nowakowski, en una de sus primeras escenas.

Celso Albelo y Nowakowski, en una de sus primeras escenas. / Iván González

Chus Neira

Chus Neira

Oviedo

Nunca fue tan cierta esa capacidad de la lluvia para deslucir momentos especiales. Ayer la lluvia deslució la nueva producción de "Rigoletto" de Ópera de Oviedo en el interior del teatro Campoamor a pocos minutos de que el estreno finalizara y cuando el título, y en especial las tres voces principales, ya habían rendido al público en varias ocasiones. Es difícil saber ahora si el resto del tratamiento escenográfico, muy correcto y eficaz, habría sido juzgado de otra forma por el público de la primera función de no ser por ese recurso de acompañar el dúo final de una sonora tromba de agua.

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El lamento de Rigoletto (Petti) en la segunda parte de la obra. / .

El respetable manifestó su indignación ante esta argucia escénica –que encubrió durante un rato las voces de Alexandra Nowakowski y Ernesto Petti con el repiqueteo de la lluvia sobre el escenario– cuando la directora de escena ovetense Susana Gómez salió a saludar, con sonoros pateos, gritos de "fuera" y algunos "¡agua!, ¡agua!" que no dejaron lugar a ninguna duda.

El resto fue impecable y el Campoamor celebró su reencuentro con los títulos y los géneros más clásicos. La felicidad, para este público, llega incluso a ponerse a tararear por lo bajo una "Donna è mobile" que dejaría un nuevo aplauso para Celso Albelo. El tenor tinerfeño fue uno de los más aplaudidos de la noche y hubo un común acuerdo en que había hecho mejor su papel de Duque de Mantua que en el anterior "Rigoletto" que se le pudo escuchar aquí.

1.-Celso Albelo y Nowakowski, en una de sus primeras escenas. 2.-Público asistente.  3.-El lamento de Rigoletto (Petti) en la segunda parte de la obra.

Público asistente. / .

Pero no fue sólo él. Cualquier duda que pudiera haber sembrado el inicio de la obra había quedado disipado inicialmente en cuanto Alexandra Nowakowski salió a escena. La soprano polaca-estadounidense brilló desde su primera aparición, su forma de ocupar el espacio, su textura vocal y sus primeros dúos. Con su padre (Ernesto Petti) y con Celso Albelo llegaron los primeros "bravi", pero fue una arrebatadora "Caro Nome", sentido y sensibilidad más allá del prodigio vocal, lo que desarmó por completo al Campoamor con una ovación prolongada mucho más allá de la satisfacción.

El arranque de este "Rigoletto", un título que es una garantía en cualquier temporada, presentó a una OSPA –formidable toda la noche bajo la batuta de Óliver Díaz– desarrollando la obertura ante un eficaz prólogo en forma de teatro de sombras. Nebulosas formas tras el telón y una figura amenazante que luego se repetiría como evocación de la amenaza del Conde de Montero dieron contexto a la música de Verdi.

La escena de la orgia, sin mujeres, con brillos, travestismo y un vestuario que en la escena del rapto parecería una comedia glam-rock, despistaron un poco, pero el resto de los cuadros tiraron más por cierta abstracción escénica, donde los espacios apenas se perfilan, se juega con los planos inclinados para reforzar las tensiones y los desequilibrios y las luces funcionan bien.

Tras la arrebatadora Nowakowski, toda la segunda parte fue un paseo triunfal que inauguró Albelo con "Ella mi fu rapita" y a la que siguieron similares aplausos al resto de protagonistas, también a un Ernesto Petti poco contrahecho para este papel. La tormenta que acompaña el desenlace se evidenció con juegos de luces eficaces (quizá en ese momento la lluvia, un elemento que Susana Gómez ya empleó sin pateos en la producción de "Hamlet" de 2022, sí hubiera tenido algún sentido) y pasado el susto los aplausos coronaron a orquestas, director y voces.

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