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Juan del Val, premio Planeta, llega a Oviedo para presentar su novela: "Lo más peligroso de algunos autores es cuando el ego es mucho mayor que el talento"

El escritor presenta este lunes a las 19.30 horas "Vera, una historia de amor" en el Club LA NUEVA ESPAÑA

Juan del Val, en una foto promocional con su novela. | JAVIER OCAÑA

Juan del Val, en una foto promocional con su novela. | JAVIER OCAÑA

Tino Pertierra

Tino Pertierra

Oviedo

"Escribir siempre me conecta con emociones que en la vida cotidiana no atiendo tanto", afirma Juan del Val al repasar lo que la novela "Vera, una historia de amor" le ha revelado de sí mismo. El escritor (Madrid, 1970) presentará este lunes su obra en el Club LA NUEVA ESPAÑA (19.30 horas) convertido en autor premiado, pero mantiene intacta su voluntad de mirar hacia dentro sin artificios: intuición, escucha y una franqueza que atraviesa toda su obra. Con "Vera" explora el deseo, la inseguridad y la dificultad de llegar a ser quien uno es incluso desde el privilegio, mientras reivindica una literatura directa y honesta, sin cálculos ni concesiones.

Tiene un vínculo especial con Oviedo…

Todos mis primos hermanos por parte de madre son de Oviedo. Mis tíos, que son de Jaén, se establecieron allí hace años y mis primos nacieron todos en la ciudad. Aunque están más desperdigados ahora, sigo yendo con frecuencia. Allí vive un sobrino mío, piloto, y uno de los hermanos de mi madre. Para mí, Oviedo es un lugar muy familiar.

Ha hecho muchas entrevistas desde que se anunció el premio. ¿Lleva la cuenta?

No lo sé exactamente, pero creo que deben rondar entre 150 y 200. Es complicado. Las preguntas se repiten inevitablemente.

Si tuvieras que entrevistarte a ti mismo, ¿con qué pregunta empezaría?

Probablemente empezaría por el premio, porque estamos en ese momento, pero no creo que quede nada esencial por preguntar. En literatura pasa igual: cualquier sentimiento o pensamiento ya está escrito. La originalidad está en cómo lo cuentas y en la honestidad con la que lo haces.

¿El ego es peligroso?

Para escribir una novela hay que tener ego, porque si no, no tiras hacia adelante. Pero hay que tener ambición literaria. Lo peligroso es cuando el ego es mucho mayor que el talento, algo que veo en muchos autores que terminan convertidos en críticos. Entonces atropellan el pensamiento, escriben textos ilegibles y creen que el lector no los entiende cuando simplemente se aburre.

¿Como lector, quiénes son sus referentes?

Antonio Soler es una referencia permanente para mí; "Sur" me parece una de las mejores novelas escritas en castellano. Ahora estoy leyendo el ensayo de Rubén Amón sobre Morante de la Puebla. Puedo leer de todo: Houellebecq, Javier Marías, Martínez de Pisón. Mi gran modelo es Woody Allen. Él ha contado todo lo que a mí me interesa contar, desde el humor hasta lo trágico. Me ha influido mucho en la forma de tratar emociones y pensamientos.

En "Vera" destacan los diálogos. ¿Le salen de forma natural?

Sí, creo que sí. En general se me reconoce una cierta habilidad para dialogar. Para escribir buenos diálogos hay que saber escuchar, y a mí escuchar se me da bien. Si no sabes escuchar, no puedes escribir bien.

¿Le cuestan más los diálogos masculinos que los femeninos?

Absolutamente. Me interesa más el universo femenino. No porque las mujeres se abran más —que puede ser—, sino porque me resultan más interesantes. Los hombres, en mis novelas, casi nunca me salen bien: termino matándolos o convirtiéndolos en imbéciles. Con las mujeres conecto mejor.

Sus novelas recurren al ridículo, la inseguridad o el miedo.

Sí, porque sentimientos universales. Cualquiera puede identificarse con ellos. Creo que eso explica en parte que mis novelas funcionen: se entienden bien las emociones que atraviesan los personajes.

¿Qué hay de usted en "Vera"?

Mucho, como en todos mis libros. No sé escribir de otra forma. No puedo crear un personaje que no tenga algo que ver conmigo. Aunque "Borja", por ejemplo, es el antagonista, comparte rasgos humanos que todos tenemos. Y en Vera hay algo fundamental: la dificultad de llegar a ser quien eres, incluso desde el privilegio.

¿Es un escritor instintivo o calculador?

Soy pura intuición. Luego hay oficio, claro, sin oficio no avanzas. Pero escribo como soy: directo, generoso con el lector. No me gusta complicarle la vida al que lee.

La novela se abre con la frase "El amor brota sin orden". ¿También crea así?

Mi cabeza es un caos permanente. Luego, con trabajo, se ordena. Pero sí: no escribo pensando en lo conveniente. Por ejemplo, las escenas de sexo: si incomodan, que cierren el libro. No puedo estar escribiendo pensando en mi madre.

¿Le molesta que se opine sobre usted desde el prejuicio de ser un personaje televisivo?

No me molesta, pero es un debate poco interesante. Yo escribo de una manera reconocible. A algunos les gusta, a otros les horroriza. Están en su derecho. Lo que me parece peligroso es que criticar dé más prestigio que elogiar. En el arte se ha instalado ese mecanismo: si dices que algo es malo, pareces más inteligente.

¿El Juan del Val televisivo es un personaje?

No, en absoluto. Soy yo, pero incompleto. En televisión no puedes mostrar según qué sensibilidades. Es otro formato. El problema es la distorsión que crean algunos titulares: ahí sí construyen un personaje que no soy.

¿Qué le ha enseñado "Vera" de usted mismo?

Escribir siempre me conecta con emociones que en la vida cotidiana no atiendo tanto. Hice psicoanálisis muchos años y creo que eso está en mis personajes. Entiendo el orgullo, la culpa, el miedo. A través de ellos recuerdo cosas sobre mí, aunque no sabría decirte una conclusión concreta.

Ha escrito novelas a cuatro manos (con su esposa, Nuria Roca). ¿Se ha sentido solo escribiendo esta en solitario?

No. Al contrario. Ya he asumido que escribir solo es mi forma natural. Ahora sería incapaz de escribir a cuatro manos. A dos, que son las mías, es como mejor me siento.

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