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Cuando el escenario se queda pequeño

La aterciopelada voz de Antonio Zambujo encuentra en el Campoamor su complemento ideal bajo las manos del maestro de la guitarra Yamandu Costa

Yamandu Costa (izquierda) y Antonio Zambujo, ayer.  | IRMA COLLÍN

Yamandu Costa (izquierda) y Antonio Zambujo, ayer. | IRMA COLLÍN

Pablo Laspra

Pablo Laspra

Oviedo

Ayer noche el Teatro Campoamor de Oviedo se ha vuelto a quedar escaso para albergar una actividad cultural de exquisita y maravillosa interpretación. La aterciopelada voz de Antonio Zambujo encontró su complemento ideal bajo las manos del maestro Yamandu Costa, quien con su clásica guitarra de 7 cuerdas abrió un evento que dejó impresionado a todo el público, por su versatilidad y sobre todo agilidad interpretativa.

La maestría con la que Costa maneja la guitarra nos deja una vez más sin palabras: su estilo tan característico con esencia de jazz, pero sin perder sus raíces brasileñas, está repleto de variada rítmica, aunque su punto fuerte es un exquisito manejo de la polifonía del instrumento, que de forma sublime llena de melodías el escenario como si de una orquesta sinfónica se tratase.

Abrió el evento un íntimo y delicado solo de guitarra, para unirse a la voz perfectamente timbrada de Antonio Zambujo, que en su hermosa tesitura de tenor acaricia el alma de todos los asistentes. Su leve vibrato, perfectamente gestionado y sobre todo lleno de dinámicas interpretativas, alcanzó todos los rincones del teatro, haciendo que el público ovacionara a ambos en cada una de las piezas.

Costa, acompañado por su tradicional mate, puso de manifiesto su gran humor y sobre todo, su pasión y cariño por la tierra asturiana, que ya ha visitado en otras ocasiones. Con varias y abundantes referencias a la variedad gastronómica que disfruta en nuestra región, se metió al gran público en el bolsillo, haciéndoles cómplices no solo en lo musical sino también en lo personal, con divertidas anécdotas.

Las milongas, fados, y demás temas de su extenso repertorio han acercado este estilo, dentro del exitoso ciclo Vetusta Jazz, a un Oviedo que desea este tipo de espectáculos con la avidez de quien devora cultura en todos sus estilos y perspectivas. Es algo que la Fundación Municipal de Cultura está haciendo con mucho esmero y de forma muy acertada, llevando estos estilos diferentes a los escenarios de la ciudad.

Con eventos como el vivido la noche de ayer en el Campoamor, con tanta calidad y sobre todo, tanta pasión y fuerza en el escenario, Oviedo puede estar orgullosa por dar cabida al arte puro, de la mano de artistas de grandísimo nivel. Ojalá verlos pronto de nuevo en los escenarios de nuestra ciudad, para disfrute de todo el que se anime y consiga una entrada antes de que se agoten como de costumbre. Y ojalá sigan agotándose, y dejando satisfecho a nuestro público con actuaciones de tanta profundidad y maestría.

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