Luto en la hostelería de Oviedo: fallece Maruchi Menéndez, alma y pilar de Casa Puyo
«Era muy cariñosa, se desvivía por los de casa», destaca la familia de la histórica hostelera

Por la izquierda, Marilí Díaz y las hermanas Marilí y Maruchi Menéndez, en una imagen de archivo en la cocina de Casa Puyo. / MIKI LOPEZ
El fallecimiento este lunes de Maruchi Menéndez causó una profunda conmoción en Trubia y en el ámbito de la hostelería ovetense. Considerada el alma y uno de los grandes pilares de Casa Puyo, el histórico establecimiento familiar, su pérdida tiñe de luto a un clan que ha dedicado su vida al oficio desde 1955 y que ha convertido el trabajo, la cercanía y la generosidad en una seña de identidad transmitida de generación en generación.
Maruchi Menéndez Fidalgo, viuda de Casimiro Suárez, fue durante décadas uno de los rostros más queridos del comedor de Casa Puyo. Allí, junto a su hermana pequeña Marilí —fallecida en 2021— atendía a los clientes con una cercanía que muchos recuerdan como parte inseparable de la experiencia del local. En la cocina, durante años, estuvo su otra hermana, Carmina, ya desaparecida en 2012, completando un triángulo familiar que sostuvo el negocio durante décadas con un esfuerzo silencioso y constante.
«Era una persona muy cariñosa, muy generosa, se desvivía por los de casa», explica su sobrina nieta Carmela Aza, que destaca el carácter entregado de Marichu tanto en el ámbito familiar como profesional. «Trabajó hasta que pudo. Su mayor disgusto fue cuando, tras romperse la cadera hace seis o siete años, ya no pudo seguir trabajando. Le encantaba estar en el comedor y hablar con la gente», recuerda. Para Maruchi, el contacto con los clientes era tan importante como el propio trabajo: conversar, escuchar y hacer sentir a todos como en casa formaba parte natural de su manera de entender la hostelería.
No era amiga de viajes ni vacaciones. «Su afición era trabajar, como las de antes», resume Carmela. Su verdadera pasión estaba en la familia y, especialmente, en sus sobrinos bisnietos Pelayo y Pablo, de 12 y 14 años. «Eran como sus nietos. Se volvía loca con ellos y ellos la veían como una abuela, como su bisabuela», señala con emoción.
Nueva generación
La continuidad del negocio sigue hoy en manos de la familia. Su sobrina Marilí permanece al frente de Casa Puyo, apoyada por la propia Carmela, su hija Reyes y otros familiares, decididos a mantener vivo el legado de quienes levantaron el establecimiento a base de trabajo diario y sacrificio. A lo largo de los años, Casa Puyo se convirtió en un punto de encuentro para generaciones de vecinos, un lugar donde el trato cercano y la constancia diaria eran tan importantes como la cocina.
El funeral de cuerpo presente por Maruchi Menéndez se celebrará este martes, a las cuatro y media de la tarde, en la iglesia parroquial de Santa Teresa de Soto, en Trubia, antes de recibir sepultura en el cementerio parroquial de Godos. Su recuerdo queda ligado para siempre a un comedor, a una forma de servir y a una vida entregada por completo a los suyos y a su oficio. n
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