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Conchita Paredes, directora del Archivo Histórico de Asturias: "Nuestro Archivo no es un espacio de élite intelectual"

Lleva 25 años custodiando siglos de documentación, pública y privada, que narra la historia de la región: "Hay un tema clave para nosotros, marcados por nuestra sede desde hace quince años, la antigua cárcel, y es el de la memoria histórica"

Conchita Paredes Naves.

Conchita Paredes Naves. / Luisma Murias

Elena Fernández-Pello

Elena Fernández-Pello

Oviedo

Hace 25 años que Conchita Paredes Naves dirige el Archivo Histórico de Asturias, primero en el corazón de Oviedo, en la calle del Águila, y desde hace 15 años en la antigua prisión provincial, rehabilitada y reconvertida.

Esta última fecha se conmemora hoy, con un acto en la sede del Archivo, a las 18.30 horas.

¿Qué consecuencias tuvo el traslado del Archivo a la antigua cárcel?

Supuso un cambio radical, no del trabajo técnico, que seguimos haciendo igual. Yo asumí la dirección del archivo el 7 de enero de 2000, tras mi maestra, María Blanca Álvarez Pinedo, que se había jubilado. Estábamos en un espacio maravilloso por su ubicación, en la manzana de oro de Oviedo, pero colapsado, con una capacidad de seis kilómetros de estanterías, más cuatro depósitos fuera; pasamos a un depósito, el de la antigua prisión provincial, con 65 kilómetros de estanterías, de casi 19 .000 cajas a 300.000 en la actualidad. Todo eso con un incremento de personal de dos personas y los mismos técnicos. En los últimos años hacemos contrataciones externas de archiveros. Como directora, con las tareas de gestión, no tengo tiempo de organizar fondo y el Archivo Histórico de Asturias está entre los cinco o seis más importantes de España en cuanto a fondos. Tenemos 33 kilómetros de estanterías de fondos a disposición pública, ya ordenado.

El mismo traslado era un reto.

Que no se perdiera ni una sola caja, que no se colocarán mal... En el Águila estábamos como de andar por casa, aquí nos encontramos un edificio absolutamente domotizado. Muchos estaban esperando el traslado para donarnos, así que de 2010 a 2014 recibimos una avalancha de documentación, cientos y cientos de cajas. De la Administración de Justicia llegamos a tener más de 90.000. Entró el fondo entero de Uninsa y de Ensidesa, la Universidad Laboral... Nunca podemos decir no a la entrada de un archivo documental. Luego se dio un fenómeno de boca a boca de personas, familias, empresas, organizaciones sociales, partidos políticos –aquí está el archivo del PCA–, de sindicatos, organizaciones sociales –el de Xega desde su constitución–, de asociaciones de vecinos –la de los Ríos de Ventanielles–, los archivos personales de los expresidentes, de Antonio Trevín, el de Rodríguez Vigil... El de Constantino Suárez "Españolito". Archivos con título nobiliario como el de la casa de Camposagrado, que nos donó hasta el mueble archivador. Me siento muy satisfecha de que pudiera ingresar todo el patrimonio documental que estaba esperando para su custodia permanente, de haber puesto en marcha el plan de recuperación de fondos privados y de otro tema estrella, que a mí me motiva muchísimo y es para nosotros clave, muy marcados por la propia cárcel, que es el de la memoria histórica.

Los archivos son centros de investigación.

Los archivos históricos en España eran centros de eruditos, los usuarios eran los catedráticos de Historia del Arte, de Historia del Derecho... Eran espacios de elite intelectual, y ahora no. Nuestro archivo no es un espacio de élite intelectual. Es cierto que vienen los investigadores, pero junto a eso tenemos al ciudadano normal como usuario: si necesitas un certificado de que trabajaste en Confecciones Ike, en Tabacalera, una sentencia de divorcio, un testamento de una tía abuela… La gente sabe que es un servicio público y gratuito, para sus gestiones particulares.

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