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Telón lorquiano para despedir el CIMCO en Oviedo

Valderrama y Kadouch dicen adiós al ciclo de música de cámara con un recital evocador, de intensidad poética y muy compenetrado inspirado en García Lorca

Cris Puertas, a la derecha, recita antes de una de las interpretaciones de Valderrama y Kadouch. | IRMA COLLÍN

Cris Puertas, a la derecha, recita antes de una de las interpretaciones de Valderrama y Kadouch. | IRMA COLLÍN

Pablo Á. siana

Oviedo

Clausura de la actual edición del Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo (CIMCO) con el dúo que forman la violinista Ana María Valderrama y el pianista francés David Kadouch, con un programa en torno a la figura de Federico García Lorca. Su repertorio ya lo han llevado igualmente al disco (que vendían al finalizar el recital), y por el que han recibido el galardón al mejor álbum de música clásica en 2024 por la Academia de la Música Española.

Tras la presentación de Cristina Gestido, la velada se abriría con la "Sonata para violín" FP 119 de Poulenc, gran admirador de Lorca y dedicatorio de la misma, intensa, evocadora, lunática llena de luz como el poema interpelado por Cris Puertas. De la argentina Alicia Terzian llegaron aires tan franceses como los porteños, dos de los "Tres retratos" del "Libro de Canciones de Lorca, canto y piano" ("Verlaine" y "Debussy"), compenetración musical y poética más allá de las palabras, eterno universo lorquiano.

Seguimos afrancesados y cosmopolitas con el Debussy de su "Sonata para violín y piano" en tres movimientos y poesía interpretada, la luciérnaga de Lorca viva en el verso iluminado por Valderrama y Kadouch, colores caleidoscópicos; acequia, ranas o estrellas protagonistas vestidas de pentagramas a dúo con el fluido impresionismo musical teñido de cante y encanto.

Lorca, Granada y Falla, terna indivisible como la poesía y el canto de violín y piano, campanas de amanecer en Granada, ímpetus y sonoridades grandiosas canalizados en el arreglo de Kreisler sobre la "Danza española" de "La vida breve", con un impresionante despliegue técnico y toda la hondura nazarí. Breve pausa antes del homenaje y protagonismo absoluto de Federico, músico antes que poeta, con cinco de sus canciones populares por él armonizadas, en espléndido arreglo muy actual de Alberto Martín Díaz junto a la palabra proyectada en la piedra: "Nana de Sevilla", "Los reyes de la baraja", "Zorongo", "Las tres hojas" y "Las morillas de Jaén", más el regalo de "Los cuatro muleros". Lírica popular sin palabras sin voz o guitarra pero con el mismo canto sentido del violín y el piano que nos hicieron "tararear" en silencio junto a estos dos intérpretes inmensos de talla universal… Lorquianos eternamente. n 

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