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La Ería, el barrio más pequeño de Oviedo, nació en tierras de huertas, canteras y tejeras

La radiografía demográfica revela que uno de cada tres vecinos es mayor de 65 años y contrasta con la cercana Argañosa por la escasa presencia extranjera, apenas un centenar de personas

A la izquierda, el Carlos Tartiere y al fondo, las torres de edificios de La Ería.

A la izquierda, el Carlos Tartiere y al fondo, las torres de edificios de La Ería. / Irma Collín / LNE

Las antiguas tierras comunales de la parte alta de Oviedo, con servidumbre de paso a Buenavista, iniciaron su transformación al barrio residencial que es hoy en el tránsito del siglo XX al XXI, con un empujón que resultó crucial para transformar la zona: la construcción del campo municipal de fútbol tras quedar pequeño el Tartiere del viejo Buenavista. Donde había un puñado de pequeñas casas con huerta y una sucesión de prados se levantó el, actualmente, barrio urbano más pequeño de Oviedo, con torres de pisos donde habitan 1.926 vecinos, según el padrón del Ayuntamiento actualizado esta misma semana.

Jovellanos dejó constancia en sus escritos de las erías, «que habiendo sido en el origen tierras comunales y cultivándose por varios llevadores» tuvieron servidumbre de paso y llegaron a tener portillas «para dar paso a caminantes y ganados». La referencia a la Ería de la Argañosa como «terreno de cultivo» data de los años que siguieron la invasión francesa en España, en 1814, según recogió Tolivar Faes en su «Nombres y cosas de las calles de Oviedo», obra precisamente reeditada este año. Era una de las dos erías de la ciudad, junto a la de Buenavista; fue la primera en ser urbanizada, a mitad del siglo pasado, y por lo tanto, en desaparecer,«cruzada por las numerosas calles comprendidas entre la de la Argañosa y las de José Maldonado, Silla del Rey y Francisco Bances Candamo». Ambas erías tendrían como nexo la calle Alejandro Casona. A finales de los cincuenta empezó a abrirse la zona del colegio Nazaret, antes calle Marcos Peña Royo, hoy María Neira. Ya apuntaba Tolivar que su prolongación, la Ería de Buenavista, «no tardaría en desaparecer bajo la urbanización», un proceso que acabó desencallando en la última década del siglo XX.

Entre los desarrollos urbanísticos de ambas erías transcurrieron casi cuatro décadas. Un tiempo en el que la sucesión de prados con distintos llevadores más cercana a la zona alta de la ciudad fue lugar de paso para los policías del cuartel de Buenavista o para el personal y los usuarios del complejo que formaban el Hospital General o la Residencia Nuestra Señora Covadonga. Por allí atajaban, cuando el barro no lo impedía, para ir al cuartel o a los hospitales. En la zona hubo actividad fabril de tejeras, que dieron lugar a un paisaje de canteras y oquedades en el terreno, alguna que otra nave-tendejón, un asentamiento de chabolas y hasta un campo de fútbol sobre la escombrera que rellenó, precisamente, el espacio de las antiguas canteras, el Hermanos Llana, así «bautizado» porque esos terrenos eran de la familia de Mateo Llana, el maestro que fundó el colegio al final de la Argañosa y la academia del mismo nombre, cantera de administrativos y funcionarios.

La Ería fue en los años setenta y ochenta zona de expansión para juegos infantiles; hasta allí iban, en cuanto llegaba el buen tiempo, los alumnos del colegio San Pablo, ubicado en un anexo del templo parroquial, a disfrutar del recreo. Aquella pradería, donde se dejaba ver alguna vaca, fue también campo de fútbol para los guajes de los barrios limítrofes o cercanos ya consolidados, como Buenavista, Argañosa y más raramente Vallobín. Luego llegó el campo de tierra del Astur, cedido por la familia Llana y el colegio público de EGB, que arrancó en 1983.

La gran promoción residencial todavía se haría esperar hasta el «boom inmobiliario». Entonces, las grúas poblaron por unos años el territorio y el Ayuntamiento se vio en la necesidad de ampliar el callejero y dar nuevos nombres a las vías recién salidas del horno, tirando de criterios diferentes: algunas para personajes de La Regenta como Tomás Crespo «Frígilis» o Víctor Quintanar, el regente y marido de Ana Ozores, la protagonista de la novela de Clarín; otros para personas con vinculación a Oviedo como la catedrática de lengua italiana y directora del instituto Aramo, la argentina Anita Fratarcangeli, fallecida en la primavera de 2003, apenas un año después de que el Pleno aprobase concederle una calle.

La eclosión residencial de la Ería discurrió paralela a la construcción por parte del Ayuntamiento del nuevo Carlos Tartiere. El recoleto campo de Buenavista, reconstruido para el Mundial 82, se había quedado pequeño por las exigencias de la FIFA de que todas las localidades fueran de asiento y las trabas vecinales a la ampliación-remodelación en el emplazamiento original obligaron al Ayuntamiento a buscar uno nuevo. La idea de levantarlo en la Ería surgió en una comisión entre el consistorio y el Real Oviedo en la primavera de 1997. El parque del Oeste ya era objeto de un proyecto tan ambicioso como complejo: la actuación intervenía sobre 335.000 metros cuadrados en una zona con importantes desmontes.

La decisión definitiva del entonces alcalde, Gabino de Lorenzo, llegó a finales de 1997: se haría un nuevo estadio municipal en la hondonada situada en las proximidades de la calle Alejandro Casona. La expropiación de terrenos necesaria para levantar el nuevo campo de fútbol contó con la «bendición» unánime de los grupos del PP, PSOE e IU. Hubo un concurso convocado por Gesuosa, la sociedad municipal que en aquellos tiempos se encargaba de gestionar actuaciones de gran calado para driblar las mucho más lentas tramitaciones públicas: el nuevo estadio municipal empezó a construirse en junio de 1998 y se inauguró en septiembre de 2000, justo para el estreno de la liga.

Otra de las realidades que ayudó a vertebrar el pequeño barrio entre la Argañosa y Buenavista fue la construcción del centro de salud, inaugurado en mayo de 2001. Era una reivindicación vecinal de una zona cuya atención primaria se dispensaba hasta entonces en los bajos de unos edificios de la calle antes Comandante Vallespín y ahora Miguel Ángel Blanco. El proyecto incluyó una zonapara la atención de la salud mentaly alberga asimismo dependencias para la atención primaria de guardia durante los días festivos y en horas de tarde.

Así, el nuevo vecindario se encontró «de serie»servicios públicos básicos (sanitarios y educativos) que suelen ser motivo de reivindicación en el nacimiento detodo barrio. La Ería cuenta hoy con una población de 1.919 personas, de ligera mayoría femenina y donde uno de cada tres vecinos está por encima de los 65 años (569 habitantes). En e l lado opuesto, los menores de 19 años son un total de 311. El grupo de edad más numeroso es el comprendido entre los 55 y los 59 años.

Pese a ser frontera con La Argañosa, el barrio del casco urbano con más peso de la población extranjera , en la Ería solo hay 107 vecinos de 28 países, siendo la venezolana y la paraguaya las comunidades más numerosas, con 14 y 12 vecinos, por delante de la rumana, con nueve, Rusia con ocho y China y Colombia, siete.  

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