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Su madre compró un décimo la noche previa al sorteo y... ¡tocó el Gordo!: la historia del chigrero ovetense que desde 2012 acude el mismo día y a la misma administración en busca de repetir fortuna

"Fue una alegría y, en cierta manera, la forma de mi padre de irse tranquilo a la tumba; pudo pagar dos hipotecas e impulsar el restaurante", recuerda Javier Suárez, propietario de la sidrería "Niza"

Javier Suárez, en su sidrería, con décimos de la lotería

Javier Suárez, en su sidrería, con décimos de la lotería / Fernando Rodríguez

Javier Suárez, propietario de la sidrería "Niza" de Oviedo, no olvidará nunca la mañana del sorteo de Navidad de 2012. Abrió las puertas de su local "como cualquier otro día", pero cuando salió el Gordo recibió la llamada de la cuidadora de su madre diciéndole que les había tocado. Aquel décimo había llegado sobre la bocina: su madre decidió comprarlo en la máquina de la administración de lotería de la calle Jovellanos la noche previa al sorteo, mientras regresaba a su casa. Le acompañaba su cuidadora que, incitada por la progenitora de Javier, compró el mismo número, sin saber que a la mañana siguiente se llevaría un "buen pellizco".

Una tranquilidad para su padre

"Aquel décimo fue una alegría y también, en cierta manera, la forma de mi padre de irse tranquilo a la tumba", confiesa. Su progenitor siempre había tenido problemas de salud, aquel dinero le permitió pagar las dos hipotecas que tenían pendientes y sirvió para dar un impulso económico a la sidrería que pasaba por un momento complicado.

Javier Suárez, con décimos y una botella de sidra en su restaurante de Oviedo

Javier Suárez, con décimos y una botella de sidra en su restaurante de Oviedo / Fernando Rodriguez

"Su mayor miedo era morirse y dejar todos esos problemas económicos pendientes para mi madre. El dinero le permitió dejarlo todo arreglado y, unos meses después, falleció con la tranquilidad de haber solucionado aquel entuerto a tiempo", añadió.

Tradición familiar

La idea que tuvo su madre se ha convertido en una tradición familiar. Tanto Suárez como sus cinco hermanos acuden religiosamente a la administración de lotería de la calle Jovellanos el día antes del sorteo a por un décimo de máquina. Todavía no se ha repetido el resultado obtenido por la matriarca de la familia, pero hace unos años una de sus hermanas se llevó un quinto premio. De momento, toca esperar y ver si, después de más de treinta años jugando el mismo número, el Gordo cae en la sidrería ovetense. Javier Suárez asegura a sus clientes entre risas, que, si le vuelve a tocar, "no le ven el pelo más".

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