El escritor Enrique Vila-Matas presenta sus últimas obras en Oviedo: "Escribir siempre me ha parecido una expedición a la verdad"
Gran cita para los amantes de la literatura, mañana a las 12.00 horas en la librería Kafka & Co, donde el autor catalán presentará y firmará "Canon de cámara oscura" y "Exploradores del abismo+Una novela oblicua"

El escritor barcelonés Enrique Vila-Matas. / SEIX BARRAL

"A mí la escritura siempre me ha parecido una expedición a la verdad". Palabra de Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) uno de los grandes escritores de la literatura española. Día bueno para sus lectores: mañana estará en Oviedo para presentar, a las 12.00 horas en la librería Kafka & Co, sus obras "Canon de cámara oscura" y "Exploradores del abismo+Una novela oblicua".
Vila-Matas es autor de títulos fundamentales como "Historia abreviada de la literatura portátil", "Suicidios ejemplares", "Hijos sin hijos", "Bartleby y compañía" o "Doctor Pasavento".
En "Canon de cámara..." la literatura es una forma de vida más que un oficio...
Encuentro muy frío relacionarse con la literatura considerándola solo un oficio. Pero hay grandes escritores que la han visto así y me parece muy bien. Para mí, durante tiempo, ha sido necesario que fuera una pasión y, además, una pasión cada vez mayor. Y es que a mí la escritura siempre me ha parecido una expedición a la verdad.
El narrador observa, recopila y clasifica. ¿Se refleja en esa figura de coleccionista insistente?
Soy amigo de la insistencia. Admiro a los artistas que tratan de perfeccionar, día tras día, lo que construyen. Cézanne, por ejemplo, que pintó ochenta veces la montaña de Sainte Victoire. O el narrador John Banville, al que un día una señora en un coloquio le preguntó directamente cuando pensaba dejar de escribir sobre tipos que matan a mujeres. Respondió: "Cuando me salga bien, dejaré de hacerlo".
¿Le sigue interesando más el escritor que se difumina que el autor consagrado?
No siempre, pero prefiero a Robert Walser que a Victor Hugo. A veces, la pompa tonta del escritor consagrado y pesado del carajo me hace reír mucho. Me gustan los libros desorientados que no se parecen a nada, no encajan ni siquiera en un canon de la heterodoxia.
"Exploradores..." propone una suerte de ética del fracaso y del silencio.
En el foro público, la confesión de que uno no ha dicho la verdad significa fracaso cuando lo dice un político y no significa nada si lo dice un escritor. Del fracaso literario lo interesante es el modo en que los escritores fracasan: por dificultades para comunicar su mundo, por hallarse lejos de la atmósfera infumable de ciertas críticas, por descubrir a tiempo que existe lo indecible… Hay un "fracasista" en el centro de "Canon de cámara oscura". En ese libro se aborda el fracaso en literatura como un motor creativo.
Si "Exploradores ..." y "Canon..." dialogaran entre sí, ¿dónde entrarían en contacto?
Seguramente en la convicción de que frente a esta brutal y esclavizante fiebre religiosa por el acceso al acceso, por estar todo el día conectados a la conexión, hay que defender la necesidad de mantener una vía de acceso a lo desconectado.
¿Escribe desde la ironía para protegerse, en la medida de lo posible, del pesimismo?
Lo irónico en mi escritura es natural y marca una especie de leve distanciamiento con lo que narro. En 2001, Sergio Pitol dijo que, a diferencia de los escritores pomposos, yo era "un mero hombre de letras que jamás emitía una respuesta absoluta, contundente ni totalitaria". Eso hace que me aterre cuando hay un titular de prensa en el que afirmo algo con rotundidad, ya que es imposible que haya dicho aquello sin matiz irónico alguno.
En "Canon..." hay un diálogo constante con otros escritores y otros textos. ¿La intertextualidad es una vía de conversación o de resistencia?
De conversación. Y una pulsión de búsqueda de acompañamiento. Creo que es un lujo que leyendo podamos estar en contacto con las grandes mentes de los grandes o no tan grandes muertos. Decía el editor Jaume Vallcorba que la biblioteca personal no es solo el diálogo con los difuntos (Quevedo), sino también el diálogo con uno mismo a través de los años y las relecturas.
Sus libros suelen posicionarse en una zona ambigua entre novela, ensayo y autobiografía. ¿Las categorías genéricas siguen teniendo sentido?
Pueden seguir teniéndolo, pero en mi mente, que yo sepa, no hay fronteras. Una amiga mía, cuando soñaba, se dedicaba a detectar los géneros de las historias que la asaltaban. De pronto, la oía decir: "Novela". Y más tarde, también de pronto: "Autobiografía". Y así todo el rato. No todos somos iguales. Acuérdese de las "bombas mentales" que colocaba Luis Buñuel a todo lo que no le gustaba.
¿Estas dos obras pueden leerse como una reflexión sobre su propio camino literario?
En cada uno de mis libros, a partir de "Historia abreviada de la literatura portátil" (1985), he reflexionado de algún modo u otro sobre mi obra. Pero cada uno de ellos ha sido distinto. Los que dicen que me repito se delatan, ya que muestran que es imposible que me hayan leído. Es cierto que cada uno de mis libros tiene un aire de familia con los otros (la voz propia), pero cada uno de ellos pone en pie un mecanismo que se construye solo y que constituye su propia teoría literaria, diferente de la del libro anterior y también del que vendrá después.
¿La literatura sigue siendo un lugar privilegiado para pensar la identidad?
En mi opinión, es el mejor espacio para pensarla, siempre y cuando uno no sea un botarate, que los hay. En "Impostura" (1982), mi primer libro algo digno, abordé el enigma de la identidad y creé un personaje metáfora –por la vía paradójica, claro está– de esta distancia irónica que debe prevalecer entre lo que uno quiere ser y lo que los demás quieren que uno sea.
Muchos jóvenes escritores citan su obra como una gran referencia. ¿Le incomoda o le estimula formar parte de un canon contemporáneo?
Me estimula que entre las nuevas generaciones haya tantos lectores. Pero no puedo verme en ningún Canon porque precisamente "Canon de cámara oscura" expulsa a todos los cánones oficiales, los ha quitado de mi vista.
¿La autoficción le interesa como territorio de exploración, o se ha institucionalizado?
Nada de autoficción, sólo hay "Ficción" a secas, sin más, como en la Biblia, detrás de la cual también estaba alguien creando algo, en primer lugar, para sí mismo. Hay críticos clasificadores que aún no han oído decir que el lenguaje no es algo que represente la realidad, sino algo que la hace y la deshace desde una irrevocable subjetividad.
Ahora que dominan la velocidad y la visibilidad digital, ¿la literatura basada en la digresión y la duda tiene cabida?
Depende de quien esgrima la digresión en su obra. En "Tristram Shandy", Laurence Sterne la utilizó para el libro para mí más divertido que ha existido. Y, por otra parte, andan por ahí, en nuestro tiempo, algunos genios lingüísticos que entran en una digresión y logran que, además de lo que dicen, la forma en la que lo dicen sea todavía más apasionante.
¿Siente que el lector actual se aproxima a sus libros de un modo distinto al de hace veinte años?
Sin duda, y yo el primero.
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