Oviedo pone fin a una de sus plazas más polémicas: más espacio, pero algún nostálgico de problemáticas antiguas
Los vecinos valoran positivamente la culminación de la retirada de la fuente de la plaza, aunque algunos admiten que ya se habían acostumbrado a ella

Aspecto de la plaza Longoria Carbajal este viernes. / Fernando Rodríguez
La reconversión de Longoria Carbajal, culminada en la víspera de Nochebuena, protagoniza desde entonces las conversaciones y debates vecinales sobre cómo debe evolucionar uno de los espacios más céntricos de la ciudad. Tras meses de obras —iniciadas en septiembre y prolongadas más allá del plazo inicial de cuatro semanas—, el resultado es una amplia plaza de unos 2.000 metros cuadrados que ha dicho adiós a la fallida fuente reconvertida en un enorme macetero, dejando hueco a un pequeño árbol con aire navideño.
Para muchos vecinos, el cambio supone una mejora largamente esperada. Valoran especialmente la eliminación de «un armatroste» que durante años fue motivo de polémica. «Es un cambio muy positivo. La idea siempre estuvo ahí, pero nunca se hacía nada», apunta José Antonio López, residente en la zona, recordando que el espacio llevaba décadas sin solución. En la misma línea, Bernardino Menéndez cree que la antigua fuente ya había cumplido su ciclo: «En su momento estaba bien, pero hacía falta un cambio; sin obras así estaríamos igual que hace cien años».
Otros ciudadanos, sin embargo, observan la transformación con más reservas. Algunos echan de menos el carácter que tenía la plaza y temen que se pierda parte de la identidad del Oviedo que conocieron. «Me gustaba más antes, nos están quitando lugares emblemáticos», señala Ángel Huerga, vecino del Cristo, aunque matiza que también entiende la necesidad de «renovar la ciudad y adaptarla a los nuevos tiempos».
La intervención pone fin a una historia complicada. La gran fuente instalada en los años noventa generó desde sus inicios problemas de ruido y salpicaduras, especialmente en días de viento, hasta el punto de provocar denuncias vecinales. Tras varios anuncios de retirada, en 2011 se optó por cubrir el estanque con jardineras y convertirlo en una zona verde provisional que terminó prolongándose más de una década.
La reciente obra ha supuesto el traslado de 52 especies arbóreas consideradas de gran valor al vivero municipal, desde donde se redistribuirán en otras zonas verdes de la ciudad. También se eliminó el quiosco anexo y se modificó el acceso peatonal al parking.
Con la plaza ya despejada, el Ayuntamiento abre ahora la puerta a futuros usos para dinamizar la zona, entre ellos la posible instalación de un espacio hostelero similar al aguaducho del Campo San Francisco. Una idea que despierta tanto expectativas como cautelas entre los vecinos, que coinciden en una cosa: el nuevo Longoria Carbajal aún está por definirse y será el tiempo el que determine si la transformación convence plenamente al barrio.
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