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La famosa y numerosa familia de Oviedo que reunió a 48 miembros por Navidad: "Tiene mérito que nos llevemos bien"

La saga, muy vinculada al mundo del Derecho, reúne a 48 miembros en la comida anual instaurada en 2013 para recordar a los cabeza de familia

Los miembros de la familia Mijares posando juntos este domingo en el Antiguo.

Los miembros de la familia Mijares posando juntos este domingo en el Antiguo. / Irma Collín

Lucas Blanco

Lucas Blanco

Los Mijares la vasta saga ovetense conocida por la estrecha vinculación de muchos de sus miembros con el mundo del derecho, volvió a hacer bueno este domingo el compromiso adquirido en 2013: reunirse cada Navidad para mantener viva la memoria de sus cabezas de familia, Ramón Fernández-Mijares y Pura Sánchez. Lo hicieron, además, batiendo su propio récord de asistencia, con 48 miembros, una cifra que da idea de la magnitud de una saga que se resiste a que el paso del tiempo diluya sus lazos.

La cita, convertida en tradición inamovible, sirvió para recordar a Ramón, fallecido en 1995, y a Pura, que murió en 2012, pero también a Amaya, la única de los doce hijos del matrimonio que ya no vive. En torno a la mesa se sentaron los once hermanos vivos: Ramón, Laura, Purina, Cova, Miguel, Carlos, Jaime, Pelayo, Pablo, Jimena y Cristóbal, acompañados por 23 de sus hijos, nietos y nuevos miembros de la familia política. Solo faltó algún integrante que reside actualmente en Estados Unidos.

El mayor de los asistentes fue Ramón, de 73 años, mientras que la más joven fue Matilde, nieta de apenas dos años de Purina, símbolo de la continuidad de una estirpe que sigue creciendo sin perder el contacto entre generaciones. «A pesar de ser tantos, tenemos buena relación, lo que tiene mérito», subrayó Pelayo Fernández-Mijares, uno de los once hermanos que se dedica a la abogacía.

La comida se celebró, como manda la costumbre, en la sidrería El Ovetense, «a escasos metros de Porlier, donde nacimos todos los hijos de Ramón y Pura», un enclave cargado de significado que cada diciembre vuelve a convertirse en el epicentro emocional de la saga. Allí, entre sidra, recuerdos y charla, los Mijares renovaron un legado que va más allá del apellido. n

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