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La historia del político que impartió clases en un colegio de Oviedo con niños que hablaban veinte lenguas distintas

Manuel Orviz residió década y media en el barrio de la zona alta de Oviedo, donde también impartió clase a niños de 8 y 9 años

Manuel Orviz.

Manuel Orviz. / Luisma Murias

Lucas Blanco

Lucas Blanco

Manuel Orviz vivió en la Ería década y media, una etapa en la que durante algunos años compatibilizó su labor política, al frente de IU de Asturias, con la docente, primero en un colegio de Piedras Blancas y luego en el centro público de la Ería, hasta 2020 cuando se jubiló, justo en el año de la pandemia del covid. Ahora reside en Llanes, la patria chica de su mujer, pero guarda un buen recuerdo del barrio ovetense donde trabajó y residió.

«Llegué a la Ería en 2004, en aquellos momentos era un barrio naciente, pero ya tenía servicios, como los colegios, el instituto, el centro de salud y todavía estaba muy cerca el HUCA», cuenta Manuel Orviz, quien confiesa sentirse «un poco impostor» al ser llamado para contar su experiencia vital en el que hoy es el barrios urbano más pequeño de Oviedo. Acaso porque cinco años después de dejar de ser un habitual de la zona, aún recuerda el comentario de un vecino que siempre decía en los bares de los alrededores de Casona: «Aquí el único que hay de la Ería soy yo».

Se acuerda, con toda nitidez, cuándo y por qué eligió la Ería para vivir en Oviedo. «Tenía dudas entre Los Prados y la Ería y consulté a una amiga. Tras ver un piso en Los Prados, la invité, en agradecimiento, a comer en un restaurante de la carretera del Naranco. Mientras ella decía que era mejor el de los Prados, yo estaba viendo la ubicación de uno y otro respecto a la torre de Telefónica y le dije: ‘pues voy a comprar el otro’. Y le pedí que se fijara en la diferencia de la distancia. Para mí era muy importante dejar el coche en el garaje de casa, para ir andando. Me llevaba siete minutos ir a la Consejería y quince minutos bajar a la sede de IU, donde la Catedral», detalla Orviz, que da una clave del éxito residencial de la Ería: «Es un barrio que estando, teóricamente, en la periferia de Oviedo, está muy cerca del centro».

El traslado del HUCA, traumático para el tejido comercial del Cristo y Buenavista, tuvo, a juicio de Orviz, un menor impacto en la Ería, donde «la mayoría de la gente eran trabajadores de servicios, de la administración, profesionales. También me acuerdo de la peculiaridad de los emigrantes de origen latinomericano que, cuando yo llegué al barrio, celebran una fiesta en la parte de atrás de Alejandro Casona, en la calle Frígilis, en la zona donde estaban el colegio y el instituto. Luego, ya se trasladaron esas celebraciones al parque Pura Tomás».

Casi una década después de su llegada al barrio, Manuel Orviz obtuvo plaza en el colegio público de la Ería. Una etapa profesional que reconoce muy satisfactoria: «El perfil del colegio era muy diverso, o sea había niños procedentes del entorno, como la calle Valentín Masip, del propio barrio y también alumnado que venía de la zona baja de la Argañosa, de las calles Facetos y Fraternidad, donde había más población emigrante, y también del otro lado de la trinchera del ferrocarril, de la calle Marcelino Suárez», detalla.

«El colegio de la Ería tenía un programa de acogida. En mi etapa recuerdo que había alumnos de treinta países y de más de veinte lenguas nativas distintas, sólo nos faltaban alumnos de Oceanía porque teníamos niños de Europa, África y América. Era un colegio rico en la diversidad, no había ningún problema de integración, los niños no tienen esos problemas, eso son problemas de adultos», sostiene el maestro, que impartió clases a niños y niñas de ocho y nueve años. «Di clase en a los cursos de tercero y cuarto de Primaria que, desde mi punto de vista, son los más importantes, porque a esas edades ya hay un buen nivel de autonomía y de hábitos y son los andamiajes para aprendizajes posteriores», argumenta Orviz.

«Una experiencia muy rica»

Su etapa como maestro en la Ería, justo la previa a su jubilación en 2020, fue de las que dejan huella de la buena. «Mi experiencia en este colegio fue muy rica. Es un centro donde la gente trabajaba mucho, había un equipo directivo muy respetuoso y con muchas iniciativas y la plantilla se implicaba. La gente se volcaba en el trabajo incluso fuera de lo que era la jornada lectiva. Fueron cuatro, cinco años muy enriquecedores», comenta el excoordinador autonómico de IU de Asturias. En el colegio público de este barrio de la zona alta de Oviedo «había múltiples programas que posiblemente hoy ya estén normalizados en otros colegios, pero entonces era un poco de avanzadilla», abunda el maestro. «Había un buen ambiente de trabajo con los profesores y una buena colaboración con las familias. Era un colegio donde funcionaba la comunidad educativa en el buen sentido del término».

La estancia de Orviz en la Ería coincidió con los cuatro años en los que fue el «número uno» de IU de Asturias, como coordinador general, una responsabilidad que dejó en 2016. Un adiós que asumió con naturalidad. «Sigo en IU, pero lo mejor que podemos hacer las personas que tuvimos, entre comillas, cierta relevancia, pues es tratar de no molestar, y aportar o colaborar cuanto te lo pidan. Siempre traté de llevar una vida lo más normal posible. Lo importante es escuchar y contraponer argumentos, aunque ahora vivimos en la etapa de las aseveraciones absolutas, en la que ni se escucha, ni se contraponen argumentos».

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