Salud y música para el nuevo año: Oviedo Filarmonía, bajo la dirección de Julia Cruz, exhibe todo su talento en un abarrotado Campoamor
El concierto de Año Nuevo se ha convertido en una de las citas más emblemáticas y cotizadas de la capital asturiana

A la izquierda, Julia Cruz dirigiendo a Oviedo Filarmonía. Debajo, aspecto del teatro Campoamor, abarrotado. | IRMA COLLÍN

El concierto de Año Nuevo se ha convertido en una de las citas más emblemáticas y cotizadas de la capital asturiana, como evidencia el éxito que, año tras año, revalidan las dos citas –pues el recital se repetirá hoy, a las 19.30 horas– y los escasos días que las entradas permanecen a la venta antes de agotarse.
En esta ocasión, el programa, estructurado en dos partes, incluía algunas piezas poco habituales en este tipo de conciertos, como preludios e intermedios de zarzuela, reservando los polcas y valses de la familia Strauss para la segunda mitad. Todo ello conformaba un espectáculo muy atractivo al que se sumó el componente solidario, pues como ya ha sucedido en otras ocasiones, una parte de la recaudación de las entradas irá destinada a la Asociación Síndrome de Down del Principado de Asturias.
El ambiente festivo que rodea el Año Nuevo se trasladó al teatro Campoamor gracias al talento de Oviedo Filarmonía y de la maestra Julia Cruz, primera mujer en dirigir este concierto en la capital del Principado. La valenciana empuñó la batuta con decisión para dejar algunas lecturas inspiradas en el "Preludio" de "El bateo" (Federico Chueca), la "Polonesa" de la ópera "Eugene Oneguin" (Piotr Ilich Chaikovski) y el "Intermedio" de "La leyenda del beso" (Reveriano Soutullo y Juan Vert), con una orquesta precisa y bien ensamblada que se dejó mecer y se mostró muy flexible a los tempi y las dinámicas de la joven directora.
Tras la pausa, el repertorio más canónico de estas citas cobró vida en los atriles de los músicos de la OFIL, destacando la "Vergnügungszug-Polka" de Johann Strauss II –con unas maderas sobresalientes y una acertada percusión–, el "Seufer-Galopp", de Johann Strauss, donde los músicos se animaron a entonar unos suspiros que gustaron particularmente al público y el famoso "En el bello Danubio azul" (Johann Strauss II), con una cuerda brillante y homogénea.
Antes de finalizar el concierto, Cruz tomó la palabra para dirigirse a los asistentes y desearles un feliz año 2026, lleno de "salud, cultura, música y buenos momentos".
Ante las ovaciones de los melómanos ovetenses –entre los que se encontraba, en el palco municipal, el alcalde, Alfredo Canteli–, los músicos interpretaron, a modo de propina, "Farandole" de L’Arlesienne" (Georges Bizet) y la "Marcha Radetzky" (Johann Strauss) para poner a dar palmas al Campoamor.
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