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El esperanzador relato de un ciclista ovetense que superó un grave accidente: "Te das cuenta de que la vida es muy corta"

"Volví a ver hoy las fotos del accidente, me las enseñó mi madre. Ver las manchas de sangre en la bici, en el mono y en el casco todavía me revuelve por dentro", confiesa el aficionado asturiano al ciclismo un año después del incidente que le tuvo dos semanas en el HUCA

Pedro Fumanal en una de sus salidas.

Pedro Fumanal en una de sus salidas. / LNE

Oviedo

Pedro Fumanal ha hecho de la bicicleta una constante en su vida desde la infancia. Una amiga inseparable en los buenos momentos, pero también en un suceso que estuvo a punto de terminar en tragedia. Este profesor carbayón de 31 años sufrió el Día de Reyes de 2025 en la calle Alejandro Casona un grave accidente. De repente se cayó contra un bordillo, quedó inconsciente, perdió varias piezas dentales y terminó en el HUCA. Tardaría dos semanas en abandonar el hospital, pero las secuelas y tratamientos le acompañaron una larga temporada. Ahora, un año después, totalmente recuperado, dice haber "vuelto a nacer" y descubierto una nueva filosofía de vida. "Te das cuenta de que la vida es muy corta y que hay que disfrutarla y aprovecharla todo lo que se pueda", reflexiona en voz alta.

Fumanal inició su relación con la bici durante los veranos que pasaba con sus abuelos en Llano de Con, una pequeña localidad de Cangas de Onís, en la falda de los Picos de Europa. Más tarde, ya siendo universitario, siguió pedaleando con una bicicleta "un poco viejuna, pero en buen estado", que le servía para desplazarse hasta la Facultad de Física, en Llamaquique. Aparcó la bici un tiempo, pero poco después retomó su idilio con los dos pedales con el objetivo de bajar de peso y ponerse en forma. En ese proceso lo acompañaron amigos como Juan Carlos, con quien coincidía en el pueblo de sus abuelos, o Rodrigo, compañero del instituto desde la ESO, con quien compartió algunas salidas. "Al principio era horrible, hacer veinte kilómetros era todo un desafío. Poco a poco fui evolucionando y ya hice salidas de más de cien", confesó Fumanal, recordando las dificultades iniciales.

Esa fiebre por la bici estuvo a punto de truncarse el 6 de enero de 2025. Fumanal estaba participando en una actividad conocida como "Gili Combo", una iniciativa que anima a realizar ejercicio en fechas señaladas de las Navidades y vincularlo a una causa benéfica mediante una donación a una ONG. La ruta, un trayecto de ida y vuelta a Pola de Siero, la hizo acompañado en parte del recorrido por Rubén, compañero del gimnasio y antiguo entrenador, con quien se separó en una rotonda de La Corredoria.

Fue ya en solitario, de regreso hacia su domicilio en la zona de Valentín Masip, cuando se produjo la caída. Al atravesar un tramo muy corto registrado como segmento en la aplicación Strava, por el que circuló a máxima velocidad, la cadena de la bicicleta se salió, provocando la pérdida de control. Al llevar los pedales automáticos, no pudo reaccionar a tiempo y acabó cayendo contra un bordillo. "Todavía volví a ver hoy las fotos del accidente, me las enseñó mi madre. Ver las manchas de sangre en la bici, en el mono y en el casco todavía me revuelve por dentro", apuntó Fumanal, recordando el choque.

Los encargados de dar la voz de alarma fueron un hombre y una mujer a los que Pedro llamó, meses después, para darles las gracias por haberle ayudado. Su recuerdo de todo lo vivido desde aquel 6 de enero hasta principios de febrero es "difuso y extraño, como si los acontecimientos los estuviera experimentando otra persona". Lo compara con la sensación de observar una escena desde fuera o a ceder el control en un videojuego, que le dejó la impresión de no ser plenamente dueño de sus actos durante ese periodo de recuperación.

Tras salir del hospital Pedro, que el año anterior trabajó como profesor de Matemáticas en Gijón, debía afrontar una oposición ya convocada para la que debía estar preparándose. Las consecuencias del accidente le apartaron de la senda del estudio, no estaba preparado y la situación le agobiaba y empezaba a desbordarle. Entendió que debía afrontar el problema antes de que creciera aún más y le generara mayor estrés. En un gesto que él mismo describe como "decisivo", le confesó a su padre que tenía miedo. Esta confidencia le liberó y le llenó de fuerza para retomar su vida.

La vuelta al ruedo

Pasados 125 días exactos desde el accidente, Pedro se volvió a subir a la bici. La primera salida fue corta, un recorrido cercano que le llevó desde su casa hasta el Parque de Invierno y, por la senda de Fuso, hasta Trubia. Reconoce que desde entonces piensa más en sus padres cada vez que sale, pero asegura que no ha perdido la confianza ni la pasión por el ciclismo. Todavía recuerda el alivio que sintió cuando llegó a casa aquel día, de hecho, le pidió a su padre que le hiciese una foto para compartirla en sus redes sociales.

En la actualidad presume de estar felizmente recuperado. Está en la lista de interinos en la especialidad de Física y Química y no escatima en agradecimientos a quienes le echaron un cable en sus momentos más bajos. "Quiero dar las gracias a mis padres, a mi hermana, a mi abuela, a mis tíos y a mis amigos, también a mi psicóloga, al personal del Hospital Universitario Central de Asturias, de la Clínica Dentista de Ana María López Llamas y del Centro de Cabeza y Cuello Doctor Llorente, a la Policía Local de Oviedo y a todos los que pusisteis un granito de arena, por pequeño que fuese, para traerme de vuelta. Sé que fue duro y no lo olvidaré nunca porque es algo que llevo marcado a fuego en el cerebro", indicó en una carta publicada en LA NUEVA ESPAÑA. "La vida puede ser maravillosa", suspira el cicloturista al que el destino le ha dado una segunda oportunidad.

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