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El barrio ovetense de la época yeyé, donde se casaron los padres de la reina Letizia, espera tiempos mejores tras la marcha del Hospital

El Cristo ronda en la actualidad los siete mil vecinos, con una población donde los jubilados duplican a los menores de 19 años y con una comunidad extranjera de 816 personas de 48 países

El santuario del Cristo de las Cadenas

El santuario del Cristo de las Cadenas / Fernando Rodríguez

El Cristo

El Cristo empezó a abrirse hueco en el callejero ovetense cuando una banda de Liverpool sacaba el disco «Help», con el «Yesterday» uno de los temas más célebres de los Beatles. La sombra se cernió sobre uno de los barrios más altos de Oviedo a partir de 2014, con la desaparición del que fue su motor durante más de medio siglo, el complejo hospitalario, y el posterior abandono, durante más de una década, de un espacio clave para el futuro urbano de la ciudad.

Paradojas del destino, el siglo XXI había arrancado a todo tren cuando la administración de lotería «El Gallo de Oro» repartió entre el vecindario nada menos que 8.400 millones de pesetas (equivalentes a 50 millones de euros), décimo a décimo, en la mañana de Reyes de 2001. Hoy El Cristo aguanta el tirón, con casi siete mil vecinos, a la espera de tiempos mejores, cuando empiecen a cobrar forma las alternativas prometidas donde estuvieron los antiguos Hospital General de Asturias, Residencia Nuestra Señora de Covadonga, Maternidad y el Instituto Nacional de Silicosis.

Los plenos del Ayuntamiento empezaron a poner nombres a las calles que ascendían hacia la ermita del Cristo de las Cadenas a mediados de los años sesenta, cuando la juventud local ya danzaba en los guateques al son de las canciones ye yé. De la primavera de 1966 datan calles como Álvaro Flórez Estrada, abierta en la zona conocida antes como los Chalés de las Mutualidades Laborales o la tríada dedicada a los compositores ovetenses Víctor Sáenz, Baldomero Fernández y Eduardo Martínez Torner.

Las referencias documentales más antiguas de la zona están relacionadas con la ermita del santuario ya citada en varios documentos desde el siglo IX, bajo el nombre de Adspera, que luego que evolucionaría a Cristo de Laspra, la colina situada en lo alto de Oviedo y cercana a Piedramuelle, donde estaban las canteras de las que, por ejemplo, se extrajo la piedra para construir la Catedral.

La ermita de antaño, cada vez más frecuentada para visitar al Cristo y epicentro de una populosa romería en el mes de septiembre, fue reedificada en la última década del siglo XIX bajo la dirección del arquitecto Juan Miguel de la Guardia conforme al estilo neogótico. La vida del templo rehabilitado resultó efímera, poco más de tres décadas, ya que la Guerra Civil la hizo añicos. Cuenta Álvaro Otonín Aldasoro en su historia del santuario «El Cristo de las Cadenas» que la romería de septiembre de 1936 «ya no pudo celebrarse» porque el cerco a Oviedo del frente popular tenía en esta colina uno de sus puntos clave. Meses después apenas quedaban en pie dos muros, la fachada estaba totalmente destrozada, las paredes ametralladas y la venerada imagen del Cristo, desaparecida.

El templo, objeto de deseo de las parejas casaderas en los 70 como los padres de la reina Letizia

Tocaba reconstruir la iglesia arrasada, una tarea que llevó una década y corrió a cargo de la Dirección General de Regiones Devastadas, con un proyecto que reaprovechó los cimientos y cambió, precisa Otonín, «el neogótico» de La Guardia por «el estilo rural asturiano». Aquella obra costó medio millón de pesetas de la posguerra, de las que aproximadamente una quinta parte procedió «de suscripción popular» y la romería de 1947 ya se volvió a celebrar en el Cristo, aunque la inauguración oficial tuvo lugar un mes después, en octubre, con la presencia de la ovetense Carmen Polo, la esposa de Francisco Franco. Avatares del azar, casi un cuarto de siglo después, en el otoño de 1971, la iglesia del Cristo de las Cadenas era escenario de la boda de Paloma Rocasolano y Jesús Ortiz, los padres de la reina Letizia. Nada raro. En la década de los setenta, el santuario fue el objeto de deseo de las parejas casaderas para formalizar su enlace por la iglesia, hasta el punto de que en 1977 se celebraron en El Cristo nada menos que 384 bodas, más de una al día.

La facultad de Medicina, en el campus universitario del Cristo

La facultad de Medicina, en el campus universitario del Cristo / Fernando Rodríguez

Medicina estrenó el campus

El deterioro por el paso del tiempo hizo necesarias unos trabajos de restauración medio siglo después cuando el entorno del santuario ya había cambiado de manera ostensible y habían llegado nuevos vecinos, la población universitaria de las facultades de Geografía e Historia y Económicas consolidó el campus nacido en la década de los años setenta con la creación de la Facultad de Medicina.

El Cristo de la actualidad tiene 6.898 vecinos, con una pirámide demográfica en la que los mayores de 65 años, un total de 1.942 habitantes, prácticamente doblan a los menores de 19 años, que suman 1.076. El grupo de edad más numeroso es de los vecinos con edades comprendidas entre los 45 y los 49 años, con 581 mujeres y hombres, según la actualización más reciente del Ayuntamiento de Oviedo correspondiente a diciembre pasado.

La población extranjera supone el 11,8 por ciento del total de habitantes del barrio: 816 personas de 48 nacionalidades distintas. Una diáspora en la que predomina la comunidad venezolana , con 96 nacionales, por delante de la colombiana, con 82; la ucraniana, con 48; la paraguaya, con 46 y la rusa, con 45.

Territorio de merenderos iniciáticos

Una de las señas distintivas del Cristo fueron los merenderos al aire libre que dominaban la margen izquierda de la subida al santuario, donde estuvieron el Casa Fermín, el Casa Javier con una bolera mítica que llegó a albergar los trofeos San Mateo que se disputaban en las fiestas locales de Oviedo; el Benidorm; el Montaña o el Miguel. Estos merenderos fueron para muchas generaciones de jóvenes ovetenses el escenario de sus salidas iniciáticas en pandillas, lejos del barrio de origen, tanto en fines de semana como en fiestas señaladas, sobre todo el Martes de Campo y San Mateo. En el Benidorm hubo pista de baile, que funcionó entre 1963 y 1972, pero el merendero al aire libre todavía aguantó década y pico más.

Son legión en la juventud de Oviedo los que aún recuerdan «aquella perola de vinagre con huevos cocidos del Javier, pedías uno, te lo sacaba del vinagre, lo partía a la mitad con sal y pimentón; tomabas un par de huevos cocidos de aquellos y a funcionar», comenta Francisco Javier García, chaval del BUP de finales de los ochenta, hoy padre de un par de críos de la ESO, y vecino del Cristo gran parte de su vida. «En el Benidorm no había comida», comenta un amigo suyo, «era todo beber sidra, hacer guerras de bollo de chorizo con los colegas y después tirarte en el prao al sol un buen rato; luego todos cuesta abajo, por la avenida del Cristo, una procesión que acababa en el Prost y en el Rolling, en la zona de Llamaquique». Francisco Javier García asiente y sentencia: «Aquel Oviedo pequeño ya no existe».

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