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El PP cierra filas en Oviedo para centrarse en ganar en el Principado

El acuerdo para celebrar el primer congreso local en casi nueve años refuerza a Canteli y permite al partido trabajar ya por un triunfo de Queipo en 2027

Mario Arias y Gerardo Antuña charlan durante el brindis navideño del PP de Oviedo.

Mario Arias y Gerardo Antuña charlan durante el brindis navideño del PP de Oviedo.

Lucas Blanco

Lucas Blanco

El acuerdo alcanzado en el PP de Oviedo –adelantado este sábado por LA NUEVA ESPAÑA– para celebrar por fin el 21 de febrero un congreso local, el primero desde que Agustín Iglesias Caunedo fue reelegido presidente en 2017, tiene un valor que va mucho más allá de la pura vida interna del partido y se instala de lleno en la lógica de la estrategia electoral. En una ciudad que es el gran granero de votos de los populares asturianos, cualquier grieta acaba convirtiéndose en una fisura peligrosa cuando el horizonte de 2027 empieza a dibujarse en el calendario político.

Por eso, haber evitado una pugna abierta entre Mario Arias y Gerardo Antuña –con el consiguiente riesgo de dividir a los afiliados– no es un simple episodio orgánico, sino una decisión con profundas consecuencias estratégicas. Una batalla interna habría distraído energías, erosionado liderazgos y ofrecido a los adversarios un flanco por el que hurgar. En cambio, el acuerdo limpia el tablero para que el partido pueda concentrarse en dos objetivos que hoy son casi inseparables: ayudar a Alfredo Canteli a revalidar su mayoría absoluta en el Ayuntamiento y empujar a Álvaro Queipo hacia la presidencia del Principado.

La ambición no es menor. El PP quiere volver a ganar Asturias, algo que solo logró una vez en democracia, en 1995, con Sergio Marqués. Para ese reto, Oviedo no es una pieza más, sino el eje alrededor del cual debe girar toda la maquinaria. La capital es donde el partido gobierna con mayor comodidad, donde su marca es más fuerte y donde se fabrica buena parte del relato de solvencia que luego se proyecta al resto de la región.

La salida pactada es, además, un ejercicio de equilibrio político poco habitual en tiempos de trincheras. Mario Arias ve cumplida su aspiración de liderar el partido, respaldado por su condición de primer teniente de alcalde y por la confianza de Canteli, que bendice la operación al situar a su hombre de referencia al frente de la organización. Gerardo Antuña, pese a haberse quedado fuera de las últimas listas municipales, conserva un papel clave como secretario general y confirma que sigue siendo uno de los pesos pesados del PP ovetense.

Agustín Iglesias Caunedo se despide tras doce años en la presidencia con la satisfacción de dejar un partido unido y armado para las próximas batallas electorales, mientras Álvaro Queipo observa cómo el principal bastión de poder de los populares en Asturias avanza, como una balsa de aceite, hacia el desafío de conquistar el Principado. No es una imagen menor: sin una Oviedo en calma, ningún proyecto regional es viable.

El congreso del 21 de febrero en el Auditorio no será, por tanto, un mero trámite estatutario, sino una puesta de largo con marcado acento electoral. Tras meses de negociaciones, silencios y equilibrios delicados, el PP ovetense se dispone a cerrar filas para mirar al futuro con estabilidad y ambición real. En una política acostumbrada al ruido, esa calma es también una forma de poder.

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