Asturias exporta talento
El bailarín asturiano Tono Ferriol triunfa en Estonia y sueña con impulsar la danza en Asturias: "Es un mundo lleno de belleza, pero detrás hay mucho desgaste"
El espejo del artista ovetense refleja el camino sin final de la danza, donde la autoexigencia y el miedo al error conviven con la pasión por un arte en constante revisión

Tono Ferriol. / Rasmus Kull
Desde Tartu, en Estonia, donde el invierno es largo y la disciplina cultural se vive como un asunto de Estado, Tono Ferriol sigue oliendo Asturias. No es una metáfora. Es el prado mojado después de segar, la resina que evita resbalones en una sala de ballet de Oviedo, la música que sonaba en el coche camino del colegio. Asturias, incluso lejos, continúa marcando el compás. Ferriol, bailarín y coreógrafo ovetense, formado en la escuela de Elisa Novo y graduado en el Real Conservatorio de Danza Mariemma de Madrid, ha trabajado con compañías europeas como el Ballet Nacional Croata y el Teatro Vanemuine de Tartu. En 2025 presentó en Oviedo su obra Ella junto a la OSPA.
Ferriol es bailarín profesional en el Teatro Vanemuine, una de las grandes instituciones culturales del Báltico. Allí alterna el gran repertorio clásico con creaciones contemporáneas de coreógrafos actuales. Al mismo tiempo, junto a su pareja, impulsa un proyecto propio con base en Bélgica, país al que regresará esta temporada tras haber estrenado una pieza en Oviedo el año pasado. La carrera del bailarín asturiano se construye, como tantas otras, a base de maletas, escenarios distintos y una vocación que pesa más que cualquier comodidad.
“La parte más gratificante de este trabajo es la conexión que se genera con los compañeros durante el proceso creativo”, explica. Ese momento en el que algo empieza a tomar forma colectiva, cuando el esfuerzo compartido se convierte en lenguaje escénico. Lo menos amable está fuera del foco: la precariedad, la falta de reconocimiento, la fragilidad estructural de la danza. “Desde fuera parece un mundo lleno de belleza, pero detrás hay pocas ayudas reales y mucho desgaste”.
Su vocación nació pronto, casi de manera natural. Antes de la danza estuvo el escenario: el coro Divertimento, las óperas y zarzuelas en el Teatro Campoamor, las funciones improvisadas en casa con hermanas y primos, ante una familia siempre dispuesta a aplaudir. El ballet llegó en la infancia y, a los quince años, la decisión: intentar ser bailarín profesional. Adolescencia marcada por horas de vídeos, por el Lago de los cisnes con coreografía de Matthew Bourne, por figuras como Alessandra Ferri o Rudolf Nureyev. El juego se transformó en oficio.
El primer gran salto llegó a los diecisiete años, cuando se trasladó a Madrid para completar su formación. Fue el aprendizaje de la independencia, del ritmo acelerado de la gran ciudad, de los días que parecían no tener suficientes horas entre el conservatorio por la mañana y el instituto por la tarde. “Aquella etapa fue clave para aprender a valerme por mí mismo”, recuerda ahora, con la distancia que da el tiempo.
A quien sueña con dedicarse a la danza desde Asturias, Ferriol le lanza un consejo sincero, mitad advertencia, mitad estímulo. “Lo primero que le diría es que no lo haga”, dice, sin ironía cruel. No porque no merezca la pena, sino porque es un camino exigente, duro, donde la pasión debe pesar más que la seguridad. Si la vocación es auténtica, entonces sí: formarse bien, salir fuera, no compararse, entender que cada trayectoria tiene su propio ritmo. También desde Asturias se puede empezar, siempre que uno se mueva.
En su memoria siguen brillando los recuerdos sensoriales: el olor a hierba recién cortada, la voz de Pasión Vega o Sole Giménez sonando en el coche familiar, la resina de las suelas en la escuela de danza que sentía como una segunda casa. Son esos detalles los que fijan las raíces.
Más que de obstáculos superados, Ferriol prefiere hablar de los que siguen ahí. En la danza —como en la vida— la inseguridad no desaparece. La sensación de estar constantemente siendo evaluado, el miedo al error, la autoexigencia extrema. “Parece que no hay espacio para equivocarse, cuando en realidad equivocarse es parte del aprendizaje”. El reto personal es aprender a escucharse y a no dejar que las opiniones externas definan el propio valor.
Desde fuera, Asturias se percibe como una tierra con un enorme potencial cultural, pero con carencias estructurales evidentes, especialmente en lo que respecta a la danza. Existen compañías, talento y creatividad, pero poco respaldo sostenido. “No basta con traer compañías de fuera; hay que mirar también hacia dentro”, subraya. Cuidar a los artistas locales y darles visibilidad sería una forma poderosa de proyectar la Asturias real.
La comparación con Estonia es inevitable. Tartu fue Capital Europea de la Cultura en 2024, y su modelo impresiona: el Teatro Vanemuine emplea a unas 400 personas y produce cada temporada alrededor de cuarenta espectáculos. Ferriol no pide milagros, pero sí una reflexión seria. Si Oviedo aspira a ser Capital Europea de la Cultura en 2031, la danza no puede seguir siendo un arte residual. En muchos países europeos existen compañías estatales en casi cada ciudad. Integrar de verdad la danza en el tejido cultural es una cuestión de voluntad política.
En su recorrido hay un nombre propio que emerge con fuerza: Elisa Novo. Maestra, guía y referente. Cuando casi todos le dijeron que era demasiado tarde para empezar, ella fue la única que creyó. Hoy sigue siendo un pilar de la danza en Asturias y promotora de iniciativas como la asociación cultural Postigo Abierto. “Creer en los demás puede cambiarles la vida”, afirma Ferriol, con gratitud intacta.
Cuando se mira al espejo —ese compañero inevitable del bailarín— la relación es ahora más amable. Sabe que es un camino sin final, en constante revisión. El espejo no solo refleja lo que uno es, sino también lo que decide ver. Y Tono Ferriol, desde escenarios lejanos, sigue eligiendo mirar hacia delante sin soltar del todo la tierra que lo vio empezar.
- Fallece la joven Cristina Pérez Galcenco, una de las modelos de Pasarela Campoamor, que desfiló en citas de medio mundo
- Un juez pone freno a una práctica habitual en la capital asturiana a la hora de multar: adiós a una sanción de 200 euros impuesta por la DGT
- Oviedo se viste de luto por el fallecimiento de la joven odontóloga Carlota Sánchez Luño
- El nuevo ascensor que pondrá marcha en Oviedo para salvar una empinada calle
- Conmoción en el sector de la moda por el fallecimiento de la joven modelo de 21 años Cristina Pérez Galcenco: 'Nos dejó demasiado pronto; recordaremos su dulzura y profesionalidad
- Mónica Sánchez, profesora de la Universidad de Oviedo: «Perder a un hijo no se supera, sabes que esa herida forma parte del camino»,
- Crece la preocupación por la inseguridad en este barrio de Oviedo: 'Me da miedo salir de noche
- El bosque de Oviedo que se convertirá en un jardín botánico para disfrutar del deporte y la naturaleza
