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El director de escena Emilio Sagi estrena "Carmen" en Oviedo: "En el arte no hay nada sagrado, la censura es lo peor que le puede pasar"

El clásico de Bizet llega dentro de dos semanas al Campoamor de la mano del escenógrafo ovetense, que lo ha despojado de todo ornato para buscar lo esencial de una mujer que, insiste, "no es ninguna puta, es una mujer que quiere ser libre"

Emilio Sagi, esta semana, durante los ensayos de "Carmen" en el Campoamor.

Emilio Sagi, esta semana, durante los ensayos de "Carmen" en el Campoamor. / Irma Collín

Chus Neira

Chus Neira

Oviedo

Emilio Sagi (Oviedo, 1948) vuelve a casa con "Carmen", uno de los títulos que más veces ha puesto en escena, con el que ha viajado por todo el mundo pero del que nunca se había encargado en el Teatro Campoamor. El 30 de enero se representará la primera función este clásico de Bizet, en su versión despojada y esencial, último título de la temporada de Ópera de Oviedo.

De dónde sale esta nueva "Carmen"

De la necesidad, que hace virtud. Al lo largo de mi carrera he hecho otras cinco producciones de "Carmen". Esta es la sexta, y la hice inicialmente para el Auditorio de la Diputación de Alicante, con el maestro Josep Vicent. Él quería hacer una ópera, y pensé en "Carmen", pero como era un auditorio, una caja sin nada, tenía que inventarme una cosa que no tuviese nada de telar ni nada de subir y bajar. En las otras producciones cada vez iba metiendo menos cosas, no tanto por una cuestión económica, pero sí buscando lo necesario. Y así me di cuenta de que haciéndolo con solo con el suelo, las sillas, las mesas y cuatro lámparas que bajan y suben, y que incorporé luego, cuando me lo pidió el Teatro de la Maestranza, y un vídeo estupendo de Pedro Chamizo, podía hacer una "Carmen" y echar toda la responsabilidad a los propios cantantes, que tienen que estar muy en consonancia con la idea que yo les doy para que salga una función muy electrizante, muy emocionante.

Y está satisfecho.

Probablemente, de todas las "Carmen" que he hecho esta es mi preferida. No tenía ganas de entrar en un producción con ornato y cosas así, pero está el espíritu de "Carmen", Andalucía, ese españolismo que tiene la música. Yo creo que el maestro Bizet nunca había estado en España, pero la música española se huele por toda la partitura. En este caso no nos vamos a otro lado, es España y es Sevilla, aunque no tenemos por qué ver Sevilla.

Al dejar "Carmen" en lo esencial, ¿qué queda?

Con lo que me quiero quedar es con la historia, con lo que pasa ahí dentro. Es la historia de esa mujer, que no es una puta como algunas veces se ve en muchas representaciones que la presentan como una persona casquivana, caprichosa. No. Es una mujer que simplemente deja de amar a un hombre, se desilusiona y decide cortar una relación. No quiere que le manden, que le digan por dónde ir. Tiene una moral importantísima desde el principio hasta el final. Hay una frase: "Nací libre y moriré libre". No tiene miedo delante de la navaja de Don José. Le da igual. Sigue diciendo que es libre y que quiere entrar en la plaza de toros porque su nuevo amante es el torero Escamillo.

En la escena domina el rojo.

Es todo muy rojo, muchos tonos rojos, y los de ella también, aunque al principio va de blanco, porque todas las cigarreras van de blanco. El suelo también es rojo. Utilizo granza, que es como una arena pero de goma. No mete ruido ni suelta ácaros ni polvo. Es muy higiénico. Aquí hay tantas peleas que es estupendo para tirarte al suelo.

¿Y el taconeo?

No hay taconeo. Hay baile, pero lo hacemos encima de las mesas.

Entiendo que la clave de esta escena está en la creación del espacio por parte de los actores. En la dirección escénica de los cantantes

Es la base. Ellos tienen que ser muy buenos y no tengo queja. Me siguen muy bien y están dispuestos a todo. En esta función hay que estar dispuestos a todo: es teatro, teatro, teatro. Otra cosa que quería era no hacer los recitativos de Giraud que se añadieron después, sino los diálogos tal y como los escribió Bizet, con números separados entre ellos. Ya lo he hecho así otras veces y creo que es como tiene que ser. "Carmen" empezó como "opera comique" en París con los diálogos. En ese momento eran muy largos; aquí intenté cortarlos al máximo, y de esta forma no impiden seguir la acción. Hablan tan poco que inmediatamente empieza el siguiente número. Además, la música de "Carmen" empieza y acaba. Está todo proporcionado, no está ligado como en Puccini o Verdi.

¿Es uno de los títulos que más ha hecho?

Probablemente el que más hice es "El Barbero de Sevilla". Pero "Carmen" hice otras cinco producciones. Hice dos en Madrid, la hice en Montecarlo, en Tokio, en Osaka, en Tel Aviv, en Santiago de Chile, en Roma, en el Colón de Buenos Aires, en Sevilla, en Bilbao, en Shanghái y también en Nanjing, donde inauguré el teatro con una "Carmen".

Con esa experiencia. ¿Cómo ha visto la evolución del personaje en el contexto de la sociedad?

La obra es maravillosa, grandiosa y de actualidad tremenda. Como decía antes, veo producciones que la plantean como un putón desorejado, pero obviamente eso te elimina la teoría de la obra: que esa mujer es una mujer que busca su libertad, que no es una prostituta, que busca su dignidad. Y no es una mujer que va con todo el mundo. Todos al principio van detrás de ella y ella no va con otros. Contra la idea de que Carmen es una mujer que se tira a los hombres yo veo una mujer fuertísima, una mujer que quiere ser libre y que quiere hacer lo que le da la gana. No es una descerebrada que mete la pierna a la gente. Yo a eso no entro, y no es por moralidad, porque no tengo un pensamiento moral nada puritano.

¿Hasta qué punto juzga válida la relectura de estos clásicos?

Las relecturas son válidas. La censura es lo peor que le puede pasar al arte, no solo a la ópera. En el arte no hay nada sagrado: es el tiempo el que dirá lo que queda. Yo tengo la mía y otros directores tienen la suya. Yo respeto todas. El decir "esto no se puede hacer", "esto es un sacrilegio con la obra de Verdi", es algo malvado. No dejar las puertas y las ventanas abiertas en el mundo del arte es malo y da una pobreza cultural impresionante. Luego el tiempo dirá, que es un colador estupendo. Cuántas óperas, zarzuelas y obras quedaron en el olvido. Con las relecturas pasa lo mismo. Y luego hay obras universales que en el momento en que son universales ya puedes leerlas como quieras. "Hamlet" lo puedes hacer de doscientas formas, puedes hacer que Hamlet sea un conductor de autobuses de la línea de autobuses La Felguera-Oviedo y puede ser válido.

Pero este género tiene un público aficionado muy peculiar, muy pegado a una lectura determinada.

Hay un público un poco talibán que si haces "Aida" tiene que salir Anubis, las pirámides detrás y las piedras. Si Verdi levantara la cabeza creo que le gustaría lo que se hace, estaría muy orgulloso de ver que 200 años después sus obras tienen una lectura muy actual. El artista es una persona abierta. Yo vengo de una familia de cantantes y cuando hice "Luisa Fernanda" en la Scala de Milán una señora vino a verme al final, muy entendida y me preguntó: "¿Y tu abuelo, que estrenó esta zarzuela, qué diría si viera tu producción?". Estoy seguro que estaría encantado porque era un gran artista y hubiera admitido todos los cambios. Porque era un artista, no era un señor banquero; no digo para mal de los banqueros, que bastante tienen con ser banqueros. Quiero decir que esas relecturas benefician y luego, cuando hay barullo en el teatro, pues… Yo prefiero que no me protesten, claro, pero cuando pasa eso es positivo para el género, porque se habla mucho del género cuando hay barullo y no queda como si fuera una porcelana de Limoges.

¿Contento de volver a casa?

Pues sí. Nací aquí, estudié aquí, luego conseguí una beca para estudiar en Londres. Pero me encanta volver. Ya no tengo casa aquí. Mi hermana vive en Alicante, como yo, porque me harté de Madrid. Pero volver es estupendo. Tengo montones de amigos, es tranquilo y en la Ópera de Oviedo se trabaja muy bien.

Decía que Bizet no estuvo nunca en España y que la obra respira españolismo. ¿La visión de lejos puede llegar a ser un atajo para tocar lo esencial?

En muchos espectáculos que hice entré en mundos que estaban muy lejos. Cuando me llamaron en el Teatro de Châtelet para hacer "Le Chanteur de Mexico", un título famoso en los cincuenta, le pregunté al director, Jean-Luc Choplin, por qué me llamaba a mí. "Porque usted está muy alejado de este mundo, a ver lo que saca", me contestó. De tan lejano que era, buscas la forma en que destripar esa nube, ese mundo cultural, y llevarlo a imágenes. Y eso es lo que pasa con el maestro Bizet. Lee la novela de Mérimée, que sí que estuvo en España, y le sale toda esta música que constantemente tiene aire español. La seguidilla, la habanera, que es una copia de un canto español que es casi igual. La "Chanson bohémienne" que abre el segundo acto es absolutamente un aire español. Y luego ya está el aria de Micaela, y el dúo final que eso ya no, pero hay un perfume español importante en toda la obra.

¿Qué espera del público de Oviedo?

Yo no quiero dar clase. Lo más horrible de un espectáculo es que sea aburrido. Yo cada vez quiero ser menos intelectual. Quiero que el público se emocione. No me quiero comparar con Borges pero está esa frase que decía, que no quería que sus cuentos ensañaran nada, sino que emocionaran. Es eso. Aquí la gente es bastante generosa. Cuando hice "La italiana en Argel" con los eunucos con sujetadores de pico alguien me dijo "no te abuchearon porque eres tú". Bueno, no creo que sea así, pero sí creo que me quieren mucho.

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