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Oviedo a pie de calle. El Cristo (VI)

Javier Lorenzo y aquellos maravillosos años 70 y 80 en las piscinas del Cristo: "Era un ambiente muy guapo, jugabas y hacías deporte y amigos"

Fue uno de los jóvenes ovetenses que disfrutaron de la alternativa al Centro Asturiano para el ocio familiar

Javier Lorenzo.

Javier Lorenzo.

Oviedo

Hubo un tiempo en que el Estadio de la Juventud, en el Cristo de las Cadenas, fue para las familias ovetenses la alternativa de ocio deportivo al Centro Asturiano. Corrían los años setenta, el país encaraba la Transición y los padres y madres jóvenes veían en el deporte un ambiente positivo para la crianza de los últimos niños del baby boom. Uno de los críos que se benefició de aquellos nuevos aires fue Javier Lorenzo.

"Empecé a ir al Cristo cuando tenía siete años. Era una cuota familiar y te hacían socio. Recuerdo entrar allí en el verano y me parecía un mundo maravilloso, con aquellas piscinas, al aire libre y cubierta, todo muy bien acondicionado, con mucha gente y, lo más importante, con muchos niños de tu edad. Era una gozada, esos fueron mis inicios de niño, niño", comenta Lorenzo del primero de muchos veranos que marcarían su infancia y juventud e incluso, algo que por entonces ni se planteaba , su futuro profesional.

"Eran veranos muy de piscina y de familia, de comer allí los domingos. Hacías todo el día allí, empezabas a tener tus primeros amigos y cuándo iban, pues sobre todo en verano; en invierno había actividad en el polideportivo, con proyección de cine, ping-pong. Allí tenías de todo, era una alternativa a lo único que había, que era la calle", describe Lorenzo. "Era un centro donde se respiraba deporte, donde encontrabas amigos y donde estabas en un entorno seguro. A esas edades tú no pensabas en esa seguridad, pero tus padres sí, claro", abunda en la explicación.

Javier Lorenzo.

La emblemática piscina de trampolines del Cristo. / LNE

A Javier Lorenzo, que hoy está al frente de un estudio de pilates en el centro de Oviedo, siempre le tiró más el tenis y allí en el Cristo dio sus primeros raquetazos en un escenario muy setentero. "Había un paredón donde la gente peloteaba, luego con el paso del tiempo los paredones y los frontones fueron desapareciendo porque a los clubes les interesaba más las clases, pero el paredón era entonces la escuela de un tenista, te hacía perfeccionar y era el profesor más barato", medio bromea. O no, a la vista de lo disputado que estaba aquel paredón que, a la sazón, era uno de los laterales exteriores del polideportivo que todavía existe hoy. "Yo me pasaba horas en aquella pared, que estaba delimitada por una especie de columnas. Pues el espacio entre las columnas era una fase y tú te ponías en una de ellas. Las había buenas y menos buenas, entonces, a medida que se iba marchando la gente, te movías para pillar la buena, porque sí, había una, mejor, donde todo parecía perfecto, el suelo, el contacto, tenías más espacio. Hasta me salieron callos en las manos de tanto pelotear", recuerda Javier Lorenzo.

A la izquierda, la emblemática piscina de trampolines del Cristo. A la derecha, una vista aérea de las instalaciones del Estadio de la Juventud, con la facultad de Económicas ya construida.

Una vista aérea de las instalaciones del Estadio de la Juventud, con la facultad de Económicas ya construida. / LNE

Su padre, que hoy tiene 89 años, también jugaba de aquella al tenis, un deporte que había popularizado años antes Manolo Santana. Un brillo espontaneo y repentino en los ojos de Javier Lorenzo revela el subidón que sentía cuando su padre, en el cuarto de hora final de los partidos que jugaba con otros habituales del Cristo, le llamaba para intercambiar unos golpes. "Yo entraba a aquella pista como el que entra a Maracaná, para mí era lo máximo, estaba emocionado, y así fue cómo, poco a poco, fui entrando al tenis, con doce, trece años ya empecé a tener cierta autonomía para subir yo solo al Cristo a jugar". Era, asegura, "un ambiente muy guapo, jugabas al tenis, un rato al baloncesto, sigues haciendo amigos, tienes novia. Estar allí servía también de encuentro social, con gente de otras edades. Allí en el Cristo conocí a futbolistas como Toño Velázquez, con quien tengo mucha amistad, Paco, que era vecino del barrio y me acuerdo de verlo en el polideportivo jugando al fútbol sala, y a Mata". Estaba la gente del fútbol, del Estadio, pero también chavalería de otros deportes. "Coincidías con la gente de la Escuela de Natación de Oviedo, el ENO, con las chicas del equipo de baloncesto femenino, el Betty, estaba el equipo de balonmano del Estadio y el grupo de corredores. Había mucho ambiente. En verano ni quería bajar a casa a comer y le decía a mi madre que me hiciera un bocadillo. Estabas allí hasta las ocho o las nueve y luego era muy típico ir a los merenderos del Cristo, el Montaña, el Javier o el Benidorm".

"Los míticos trampolines"

Tantas horas y tardes cómplices daban para conocer a "personajes variopintos, que te quedan para siempre en la memoria", apunta Javier Lorenzo. "Como un inglés, que era mundial, Michael, profesor creo en la academia Oxford, parecía más el tipico tío de Oviedo, un clásico del Aristos, llegaba en bicicleta y jugaba al tenis; o Mino, el pintor, que llegaba todas las tardes con su camiseta, una bolsa de plástico, su toalla , bañador y a subir a al trampolín más alto, con todo el mundo mirándole, se tiraba de cabeza pero salía siempre con la espalda roja". Aquel ambiente familiar desapareció camino de los noventa, también la mítica piscina de los trampolines y Javier Lorenzo se percató: "Cuando volví de la mili lo vi claro: me habían cambiado el Cristo".

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