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Alexandra Pichurina, la flautista asturiana de 17 años que triunfa a nivel nacional: "Mi única ambición es mejorar todo lo que pueda y llegar a tocar con mis padres"

La joven es hija de un matrimonio de músicos de origen ruso y se llevó el Primer Premio de Grado Profesional del concurso Intercentros Melómano

Alexandra Pichulina posa con su flauta travesera en Oviedo.

Alexandra Pichulina posa con su flauta travesera en Oviedo. / Juan Plaza

Oviedo

Alexandra Pichurina (Oviedo, 2008) creció entre partituras, ensayos y conciertos. No es casualidad. En su casa, con padres rusos, casi todos se dedican a la música de forma profesional. Hoy, con solo 17 años, esa convivencia diaria empieza a dar frutos: hace algunas semanas que se alzó con el Primer Premio en la categoría de Grado Profesional del concurso nacional Intercentros «Melómano», uno de los más relevantes del panorama formativo.

Estudiante de flauta travesera en el Conservatorio Profesional de Música, Alexandra Pichurina comenzó su formación en la Escuela Municipal de Música de la ciudad, inicialmente con clases de piano. Fue su hermana Anastasia quien la animó a dar el paso hacia la flauta, un instrumento que siempre le había atraído. Con diez años empezó a recibir clases de Myra y Peter Pearse, ambos integrantes de la OSPA, y durante siete años se formó de manera independiente.

Este curso accedió al Conservatorio Superior bajo la tutela de Elías Alonso, quien la seleccionó para participar en el concurso Intercentros «Melómano». Tras superar la fase regional, se impuso en la final celebrada en Alicante. «Estaba algo nerviosa porque era la primera vez que viajaba sin mi madre, pero los profesores me ayudaron mucho», recuerda.

El premio ha supuesto un importante impulso, aunque Alexandra mantiene los pies en el suelo. «Mi única ambición es mejorar todo lo que pueda», asegura. Ahora está centrada en terminar Bachillerato, lo que ha reducido las horas de estudio del instrumento. Durante el verano llegó a dedicar más de cinco horas diarias a ensayar; ahora el tiempo es más limitado, aunque espera retomarlo cuando vuelva a recibir clases con su nuevo profesor, Laurent Blaiteau, miembro de la Real Filharmonía de Galicia.

En casa, la música sigue siendo un apoyo constante. Excepto su hermano Roman, más inclinado hacia las matemáticas, todos se dedican a ella. «Me ayudan mucho, sobre todo a la hora de trabajar las piezas. Lo más complicado suele ser encontrar sitio para tocar, aunque ahora que mi hermana está en Salzburgo es más fácil», comenta entre risas.

Alexandra es consciente de que el camino apenas acaba de empezar y evita marcarse metas a largo plazo. Aun así, hay una ilusión que la acompaña desde siempre: poder llegar algún día a compartir escenario con sus padres. «Trabajar con ellos sería muy especial; los sigo siempre de cerca», concluye..

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