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Oviedo, a pie de calle: Montecerrao (V)

Pilar de "la mejor idea de Asturias", pionero en un lugar que "cambió la historia urbanística de Oviedo"

El director emérito de la Fundación Princesa de Asturias, Graciano García fue de los primeros en llegar a vivir al nuevo barrio: "Me siento un privilegiado, hay muy buena vecindad"

Graciano García, en el parque de Montecerráu en las inmediaciones de su casa.

Graciano García, en el parque de Montecerráu en las inmediaciones de su casa. / LNE

Montecerráu

Graciano García tiene para contar largo y tendido de lo que supone apostar por una idea o un sueño por imposible o difícil que se antoje. Acaso por eso fue de los pioneros en instalarse en Montecerrao, cuando estaba al timón de la Fundación Príncipe de Asturias, hoy Fundación Princesa. Antes había vivido en el centro de Oviedo, pero no dudó en trasladarse a la zona que promovía su amigo, Fernando Álvarez, aunque, confiesa, «todavía no sé cómo pude pagar los trescientos mil euros que costó la parcela». El veterano periodista y editor allerano no se arrepiente, asegura, de aquel atrevimiento: «Es un placer vivir en un lugar donde lo primero que veo son árboles y gente pasear, además hay muy buena vecindad».

«Tenía una gran vinculación de amistad con Fernando, el fundador del proyecto de Montecerrao, la gran iniciativa de su vida, en la que planteó un nuevo asentamiento urbanístico que transformó la ciudad», cuenta Graciano García. «Era un hombre valiente, amigo de sus amigos y un día me dijo: ‘Te he reservado una parcela en la urbanización que proyecto’ . Yo no le respondí nada en aquel momento. Todavía hoy no sé cómo me acabé decidiendo. Cuando falleció Fernando me llamó el consejero que dejó en la empresa Monte Cerrao para decirme que tenía reservada una parcela; todavía no estaba nada cerrado, pero la verdad creo que en cierta forma fue un regalo de Fernando, que quería que yo estuviera y viviera allí, en lo que había sido el gran proyecto de su vida».

Graciano García no se arrepiente un ápice de hacer aceptado la propuesta de su amigo. «La verdad es que me siento un privilegiado de vivir en un lugar así hasta el punto de que aconsejé a mi hijo David que comprara una parcela a cien metros de la mía y allí vive hace ya tiempo». El periodista, uno de los pilares sobre los que se sustentó la creación en 1980 de los premios Príncipe de Asturias y la fundación que los promueve, no duda en destacar el carácter novedoso que supuso la operación de Montecerrao en lo que había sido hasta entonces la concepción urbanística de Oviedo. «Creo que Montecerrao es un acierto genial de un hombre emprendedor y que hoy su sobrina Julia sigue siendo fiel al proyecto en la promotora. Es una obra que no se ha detenido porque está en permanente recorrido y crecimiento aunque, lógicamente, cada vez quedan menos parcelas». A juicio de Graciano García, el desarrollo urbanístico de Montecerrao marcó un punto de inflexión: «Yo creo que cambia la historia urbanística de Oviedo. Es un proyecto o, mejor dicho, una idea de futuro que sigue su evolución y el camino que emprendió Fernando Álvarez».

Graciano García, en su intervención cuando se inauguró la plaza dedicada a Fernando Álvarez, el 3 de septiembre de 2004.

Graciano García, en su intervención cuando se inauguró la plaza dedicada a Fernando Álvarez, el 3 de septiembre de 2004. / Luisma Murias / LUISMA MURIAS

Graciano García fue el director de la Fundación Príncipe desde su fundación hasta el año 2009, cuando pasó a ser director emérito vitalicio de la entidad, que en 2014 pasó a denominarse Fundación Princesa de Asturias tras la proclamación de Felipe VI como rey de España. En 2004, el entonces alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo, le pidió que pronunciase unas palabras con motivo de la inauguración de la plaza que recordaba al promotor de Monte Cerrao, en lo que era el estreno de la urbanización, el germen de un nuevo barrio. En aquel acto Graciano García definió a Fernando Álvarez ante su familia como «un hombre que supo correr riesgos con audacia y al final hacer que las cuentas cuadren. Él era así, un empresario inteligente, trabajador y recto, con una extraordinaria capacidad de sacrificio».

Ahora algo mas de dos décadas después amplía aquella reflexión publica: «Fernando Álvarez tenía una gran virtud, era muy respetuoso con la palabra dada, un gran cumplidor de los compromisos. Era un pequeño gran empresario», afirmó Graciano García, quien señaló «el apoyo que prestó a la fundación, de la que era patrono» y el que mantiene ahora «su sobrina, Julia Álvarez, en el proyecto de Asturias, capital mundial de la poesía».

Son cada vez más las voces que llaman la atención sobre la relevancia, importancia y trascendencia que la Fundación Príncipe, ahora Fundación Princesa de Asturias, tienen para la proyección internacional no solo de Oviedo sino de toda la comunidad autónoma. «Esta tierra nunca le agradecerá lo suficiente a Graciano García su dedicación, trabajo y empeño en la mejor y más universal idea de Asturias, la Fundación Príncipe de Asturias», es un comentario cada vez más recurrente entre sus coetáneos sobre la decisiva labor del periodista en aquellos años ochenta, cuando los premios Príncipe de Asturias daban sus primeros pasos en medio de una Transición convulsa, agitada, con bastantes más incertidumbres que certezas.

"Gracias por hacernos soñar"

A veces un gesto espontáneo, sencillo e inesperado cala muy hondo, tanto que queda grabado en la memoria de sus protagonistas. Algo así debió pasar cuando una chica que paseaba por el parque Tuero Bertrand, justo enfrente de donde vive Graciano García, se acercó al veterano periodista una mañana de la entrega de los Premios en el Campoamor, para decirle: «Muchas gracias por hacernos soñar». Un detalle que define la clase de jóvenes que «embellecen» cada tarde el parque de Montecerrau, que ese es «su verdadero nombre», precisa Graciano García.

«Al atardecer, cuando el día se serena, chicos y chicas llenan este parque de vida . Con el deporte hacen del espacio común un lugar de encuentro, respeto y convivencia», elogia el director emérito vitalicio de la Fundación Princesa de Asturias, quien destaca que esa juventud «con su presencia nos recuerda que una comunidad viva se construye también así: con movimiento, con respeto y con futuro». Graciano García no deja de soñar a sus 86 años y ahora vive inmerso en su casa de Montecerrau «en lo que es el gran proyecto cultural de futuro de Asturias, ser la capital mundial de la poesía» porque, concluye, «la poesía mide el grado de cultura de un pueblo y Asturias es una tierra de versos y poesía desde su mismo paisaje».

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