La emotiva carta de una cardióloga pediátrica del HUCA a su paciente fallecida: “Gemma nos enseñó a vivir”
La doctora María Aleida Ibáñez rinde homenaje a una niña con una cardiopatía congénita severa a la que acompañó durante quince años: "Fue un honor"

La emotiva carta de una cardióloga pediátrica del HUCA a su paciente fallecida: “Gemma nos enseñó a vivir” / LNE
Hay despedidas que se hacen en silencio. Y hay otras que se escriben con el corazón en la mano. La doctora María Aleida Ibáñez, cardióloga pediátrica en Asturias, ha elegido las palabras para decir adiós a una de las pacientes que más la marcó en su carrera: Gemma, una niña con una cardiopatía congénita extremadamente grave a la que atendió durante quince años. Su carta, dirigida a la pequeña tras su fallecimiento, es mucho más que un recuerdo: es un testimonio de cómo, a veces, son los pacientes quienes enseñan a los médicos.
Un comienzo de vida entre hospitales
Gemma llegó al mundo con un diagnóstico prenatal de atresia mitro-aórtica, una de las malformaciones cardíacas más severas. Su primer año de vida transcurrió ingresada en el Hospital 12 de Octubre de Madrid. Cuando regresó a Asturias, apenas tenía un año y ya acumulaba más experiencia hospitalaria que muchos adultos.
Fue entonces cuando María Aleida Ibáñez la conoció. Durante los siguientes quince años se convirtió en su cardióloga de referencia.
“Debo confesar que me enamoré de Gemma nada más verla”, escribe la doctora en su carta, en la que también muestra una profunda admiración por su madre, Vane, a quien —dice— ya quería antes incluso de tratar a la niña.
“Técnicamente un desafío, humanamente muy fácil”
En el servicio de pediatría del HUCA, Gemma fue uno de los casos más complejos. Su corazón obligaba a controles constantes, pruebas frecuentes y una vigilancia médica permanente. Desde el punto de vista clínico, era una paciente de alta dificultad.
Pero la doctora resume su experiencia con una frase reveladora: “Lo que técnicamente era un desafío constante, humanamente resultó muy fácil”.
Gemma convirtió el hospital en un lugar un poco más ligero. Su sentido del humor y su carácter ayudaban a rebajar la tensión de un entorno donde el miedo suele ser habitual. Incluso en las ecocardiografías dejaba su sello personal: colaboraba especialmente cuando había “un residente o un estudiante guapo” en la consulta. “¡Qué ojo el tuyo!”, le dedica la médica con ternura.
Una familia que sostuvo todo
La carta subraya que la historia de Gemma no puede entenderse sin su familia. Su madre, Vane; su hermana Tati; su abuela Oliva; y Adry y Mirian formaron, en palabras de la doctora, un auténtico “cordón sanitario de amor y cuidados”.
En un contexto marcado por la incertidumbre, ofrecieron algo que no se prescribe: confianza. “En un entorno donde el miedo y la tensión son constantes, ellos nos regalaron confianza”, reconoce Ibáñez. Gracias a ese entorno, Gemma pudo vivir —pese a la enfermedad— con dignidad, alegría y una notable capacidad para disfrutar de lo cotidiano.
Cuando el aprendizaje cambia de dirección
Uno de los mensajes centrales de la carta es la inversión de roles. “No siempre somos los médicos quienes enseñamos”, viene a decir la doctora.
“Ha sido Gemma, junto a su familia, quienes nos han enseñado a nosotros”, escribe. Lecciones que no figuran en los libros de medicina: cómo sostener la alegría en la adversidad, cómo normalizar una vida atravesada por hospitales, cómo seguir siendo niña en medio de la enfermedad.
Una despedida con luz
Lejos del lenguaje clínico, el final de la carta se mueve en el terreno de la imaginación y el cariño. La doctora imagina a Gemma en “su nueva vida”, en una casa llena de detalles, con pompones, tul y purpurina; asistiendo a conciertos y rodeada de gente dispuesta a participar en sus TikToks.
No es fantasía evasiva, sino una forma de honrar a la niña que fue: divertida, coqueta, luminosa.
La carta se cierra con un agradecimiento que resume la relación construida durante quince años: “Fue un honor”. Un honor que, esta vez, no va solo de la medicina hacia la paciente, sino también en sentido contrario. Porque, como deja claro el testimonio de María Aleida Ibáñez, hay vidas que, aunque breves, cambian para siempre a quienes tuvieron la suerte de acompañarlas.
Texto íntegro de la carta titulada "Gemma. Quince años de lecciones de vida"
"Conocí a Gemma cuando apenas tenía un año de vida. Venía de regreso a Asturias tras un durísimo comienzo en el Hospital 12 de Octubre de Madrid, donde un diagnóstico prenatal de atresia mitro-aórtica la mantuvo ingresada los primeros doce meses de su vida.
Durante los siguientes quince años, tuve el privilegio de ser su cardióloga en Asturias.
Debo confesar que me enamoré de Gemma nada más verla, pero antes me había enamorado ya de Vane, su madre. No voy a ocultar que Gemma fue una de las pacientes más complejas que hemos tenido en la pediatría del HUCA, dada la severidad de su cardiopatía. Sin embargo, lo que técnicamente era un desafío constante, humanamente resultó muy fácil.
Esto no hubiera sido posible sin su familia. Con Vane, su madre, a la cabeza, nos lo pusieron todo muy, muy fácil. En un entorno donde el miedo y la tensión son constantes, ellos nos regalaron confianza. Quiero destacar también el papel fundamental de su hermana Tati, de Oliva, su abuela, de Adry y de Mirian, quienes formaron ese cordón sanitario de amor y cuidados que permitió que Gemma viviera con una dignidad y una alegría admirables.
A menudo pensamos que los médicos enseñamos a los pacientes algo, pero ha sido Gemma, junto a su familia, quienes nos han enseñado a nosotros. Al menos a mí, muchísimas cosas.
Gracias Gemma por tus ocurrencias, por tu luz. Gracias por tu mejor disposición a la hora de las ecocardiografías si me acompañaba un residente o un estudiante guapo. ¡Qué ojo el tuyo!.
Estoy convencida que en tu nueva vida compartes casa con Gabby y que todas las habitaciones están amuebladas con detalle y en los armarios no faltan los pompones, el tul y la purpurina.
Me han dicho además que todos los sábados hay concierto y que los dos primeros fueron de India Martínez y de Camilo. ¡Menuda suerte!. También sé que vives rodeada de vecinos guapos y dispuestos deseosos de participar en tus TikToks cuando te aburres.
Gracias Gemina y gracias Vane por tanto. Fué un honor".
María Aleida Ibáñez Fernández, doctora del servicio de Cardiología Pediátrica del HUCA
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