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Histórico hallazgo en Oviedo: localizan restos de una aldea de hace 4.000 años única en el centro de Asturias

La aparición de un hueso caprino y restos de una gran vasija evidencian el primer asentamiento documentado en la falda del Naranco

La excavación realizada en el Purificación Tomás.

La excavación realizada en el Purificación Tomás.

Lucas Blanco

Lucas Blanco

Importante hallazgo para explicar el pasado de la capital del Principado. El parque Purificación Tomás de Oviedo, en Monte Alto, acaba de desvelar la que sería la primera aldea documentada en el valle ovetense, datada en el Calcolítico, entre 1886 y 1737 antes de Cristo, gracias a los sondeos realizados en diciembre dentro del proyecto arqueológico Orígenes, dirigido por Alfonso Fanjul Peraza y financiado con fondos de la Fundación de Cultura municipal que preside el concejal de Cultura, David Álvarez.

El hallazgo, considerado inédito en el centro de Asturias, rompe la idea de que este tipo de asentamientos abiertos eran exclusivos de la Meseta y confirma una ocupación estable del territorio en un momento previo al mundo castreño. Hasta ahora, el enclave había sido catalogado como castro por José Manuel González en 1964, aunque nunca se habían detectado estructuras defensivas claras.

Los trabajos de campo se concretaron en un sondeo valorativo mediante una trinchera de seis metros de largo por uno y medio de ancho, suficiente para asomarse a una secuencia estratigráfica compleja, alterada por movimientos de tierra de décadas pasadas. Aun así, los arqueólogos documentaron cerámicas hechas a mano de clara adscripción prehistórica, entre ellas el borde de una gran vasija decorada con incisiones en el labio.

El material extraído en el sondeo arqueológico.

El material extraído en el sondeo arqueológico. / LNE

En el mismo contexto apareció además un fragmento óseo de fauna caprina, oveja o cabra, que permitió obtener una datación absoluta mediante carbono catorce. El análisis, realizado en el laboratorio Beta Analytic de Miami, sitúa la muestra entre 1886 y 1737 antes de Cristo, una horquilla que encaja con los inicios de la Edad de los Metales en el norte peninsular.

El recinto, de unos setenta y dos metros de longitud por ochenta y cinco de anchura, ocupa una posición elevada en la falda del Naranco, con un dominio visual que refuerza su valor estratégico y simbólico. No se han identificado murallas de piedra, pero sí indicios de una posible empalizada de madera, rasgo coherente con aldeas calcolíticas sin grandes sistemas defensivos.

Sedentarización

Para los investigadores, el yacimiento demuestra un proceso temprano de sedentarización y domesticación del territorio en el valle de Oviedo, mucho antes de la consolidación de los grandes poblados fortificados de la Edad del Hierro. El descubrimiento amplía el mapa del poblamiento prehistórico asturiano y obliga a revisar la secuencia histórica tradicional asignada a esta zona central.

El proyecto Orígenes, en cuyo marco se inscribe la intervención, persigue la datación y señalización de enclaves históricos del concejo, con el fin de acercar ese patrimonio a la ciudadanía. Desde la Fundación de Cultura se subraya que este avance permite situar los orígenes del poblamiento local en una etapa mucho más antigua de lo que se pensaba hasta ahora.

David Álvarez, presidente de la entidad municipal, destacó la relevancia de un hallazgo que, a su juicio, «conecta a la ciudad con su génesis más remota y refuerza la necesidad de proteger estos espacios». Los responsables científicos no descartan futuras campañas que permitan delimitar mejor la extensión de la aldea y conocer su organización interna.

El parque, hoy frecuentado por paseantes, se revela así como un lugar habitado hace casi cuatro mil años, cuando pequeñas comunidades agrícolas comenzaban a transformar el paisaje. Bajo senderos y praderas se conserva una página decisiva de la historia local, ahora rescatada por la arqueología y llamada a integrarse en el relato público del territorio.

Los expertos insisten en que este tipo de actuaciones preventivas resultan clave para identificar y proteger evidencias frágiles, a menudo invisibles en superficie, que completan el puzle del pasado y ayudan a explicar la evolución del poblamiento humano en el entorno inmediato de la capital asturiana. Su estudio abre nuevas líneas de investigación para los próximos años en el concejo de Oviedo actual.

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