Oviedo, a pie de calle: Montecerrao (VI)
La nueva milla de oro de Oviedo mira al Aramo
Montecerrao rompió el monocultivo de la edificación en altura habitual en el casco urbano y ya atrae también la sede de empresas

Una de las grúas operativas actualmente en la zona de Montecerrao con varios chalés en primera fila. / Luisma Murias / Luisma Murias
Uría y las calles del cogollo de Oviedo ya no están solas en lo más alto del podio cuando los portales inmobiliarios sacan su ranking con los precios del metro cuadrado en la ciudad. Montecerrao es la nueva milla de oro de Oviedo, con una singularidad: su atractivo no radica en estar situado en el centro de la ciudad, sino precisamente su ubicación en la nueva periferia suroeste del casco urbano, que mira al Aramo, y la combinación que planeó su promotor, Fernando Álvarez, de urbanizaciones residenciales y chalés.
Montecerrao nació a principios de este siglo con una vocación disruptiva respecto al monocultivo de la edificación en altura que caracterizaba los desarrollos urbanos de Oviedo desde hacía décadas y al que no escaparon los barrios más recientes, planificados o levantados en pleno «boom» de la construcción como La Florida, La Corredoria o Las Campas. La pretensión pasaba por lograr la densidad edificatoria más baja de la ciudad y un territorio lo más esponjado posible, dotado de amplias zonas verdes, para que los vecinos pudieran respirar «con más tranquilidad». Un objetivo que pasaba por la presencia de viviendas unifamiliares, pero para que el conjunto de la operación saliera rentable también era precisa la edificación en altura.
En aquellos años de entre siglos todavía se negociaba en pesetas y el precio de las parcelas para chalés «rondaba entre las cincuenta mil y las sesenta mil pesetas, el metro cuadrado; las había de entre 750 y 800 metros cuadrados», recuerda un veterano del sector inmobiliario y buen conocedor de la zona. Así que las primeras parcelas para construir chalés se vendieron en torno a los 48-50 millones de pesetas (una cantidad que oscila entre los 290.000 y los 300.000 euros) de los años 2001 y 2002. Luego llegaron los tiempos de la burbuja inmobiliaria, con los precios al alza, y hubo empresarios que se habían hecho con suelo para unifamiliares y que llegaron a pedir hasta 600.000 euros. Una valoración que quedó en fuera de juego por el impacto de la gran recesión.
Los bancos cerraron el grifo del dinero para el ladrillo y hubo un parón en las ventas, hasta el punto de que las grúas también desaparecieron de Montecerrao durante un periodo de unos seis o siete años hasta poco antes de la pandemia, cuando se volvió a reactivar el mercado. El covid puso de moda los pisos con terraza, los áticos y las casas unifamiliares con jardín y piscina. La prueba de que Montecerrao cotiza de nuevo al alza en el último lustro está en las grúas que vuelven a formar parte del paisaje del barrio más moderno de Oviedo.

Uno de los edificios empresariales de Montecerrao. / Luisma Murias / Luisma Murias
Los precios de la vivienda volvieron a subir y tanto los escaparates de las inmobiliarias como los principales portales del sector en internet sitúan a Montecerrao como una de las zonas más codiciadas de la ciudad: un apartamento de una habitación –38 metros cuadrados– en la calle José María Marcilla no se vende por menos de 140.000 euros; por uno de dos habitaciones en la calle Ribera de Arriba se piden 258.500 euros y un ático de 101 metros útiles, de nueva construcción, sale a la venta en 475.000 euros. Una de las ventajas de Montecerrao en materia residencial es la oferta de parcelas para chalés, un segmento del mercado en el que no puede competir la zona centro. Así, un chalet de cinco habitaciones en una parcela de 800 metros de la calle Llanera alcanza un precio de 1,2 millones de millones de euros, mientras que otro, de casi 700 metros en una parcela de 1.500 en la calle Langreo está a la venta por 1.450.000 euros.
El tirón de Montecerrao ha llegado incluso al mundo empresarial, que ha puesto allí sus ojos, para ubicar sus oficinas. Entre los principales atractivos suman unos accesos privilegiados, tanto a la red de autovías como al centro de la ciudad y a la zona del nuevo HUCA a través de la ronda exterior.
Uno de los primeros edificios que prosperó fue el de oficinas coronado por un cartel de Mapfre visible desde distintos puntos de Oviedo. Además de los servicios de la compañía de seguros, da cabida a las oficinas de Coca-Cola y de la empresa pública Tragsatec. La consultora Vaciero es otra de las firmas con edificio propio en Montecerrao, donde tiene una gran sede, al igual que la consultora medioambiental Taxus y la Clínica Fernández de cirugía plástica y estética.

A la derecha, la residencia cuyas obras llevan paralizadas más de medio año, con material apilado junto a la iglesia de Montecerrao. / Luisma Murias / Luisma Murias
Obra paralizada
También es zona de residencias para estudiantes y mayores, gracias a las amplias zonas verdes repartidas a lo largo y ancho de este millón de metros cuadrados del suroeste ovetense. La residencia para jóvenes estudiantes Aller ya abrió sus puertas después de la pandemia del coronavirus. Justo al lado se levanta otra, en este caso para personas mayores, pero la paralización de las obras causó gran sorpresa entre el vecindario, ya que los trabajos habían arrancado a buen ritmo y la obra se encontraba muy avanzada. La empresa que hacía dicha residencia entró en una expediente de regulación de empleo el pasado mes de julio y desde entonces no se han reanudado unos trabajos de construcción que contaban con la correspondiente licencia por parte del Ayuntamiento. Aun así, las grúas siguen activas en Montecerrao, donde está en marcha la construcción de nuevos edificios residenciales y del colegio de educación especial del Principado, un proyecto de 21,6 millones de euros.
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