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Naranjas a 1 euro y un paquete de rosquillas a 8 en la recuperación de la fiesta de San Blas en Las Pelayas de Oviedo: "Nuestra situación económica es insostenible"

"La acogida siempre es muy buena y estamos contentas", dicen las monjas benedictinas del monasterio de San Vicente, que retomaron la romería para obtener ingresos y financiar obras en el convento

Las Pelayas recuperan la romería de las naranjas, perdida hace un siglo, para sufragar las obras del monasterio: "La acogida ha sido muy buena"

VÍDEO: Amor Domínguez, Candela Rodríguez / FOTO: Luisma Murias

En San Blas rosquillas en Las Pelayas. Y también naranjas. El monasterio de la calle San Vicente celebró este martes la festividad del obispo de Sebaste, patrono de los otorrinolaringólogos y de las enfermedades de la garganta. Un reconocimiento que se debe a las curaciones milagrosas que se le atribuyeron a lo largo de su profesión.

Cuenta la tradición que una vez salvó la vida a un niño al que se le clavó una espina de pescado en la garganta y las instalaciones de la calle San Vicente guardan una reliquia que fue venerada al final de la misa celebrada al mediodía y que fue presidida por el sacerdote Miguel del Campo.

La primera fiesta del año

Esta es la primera fiesta que se organiza en el calendario ovetense. "La acogida de esta iniciativa siempre es muy buena y estamos contentas", subrayó sor María Covadonga La música de la gaita y el tambor de dos miembros de la Real Banda de Gaitas Ciudad de Oviedo se oía desde la calle Jovellanos animando a los fieles a acudir a la iglesia. Todos ellos mostraron su lado más solidario participando en la romería de las naranjas, una tradición que comenzó cuando las hermanas aún vivían en La Vega. Sin embargo, fueron expulsadas en 1850 siendo acogidas en el monasterio de la calle San Vicente y en la rápida mudanza consiguieron trasladar al centro de Oviedo la urna con la reliquia de San Blas. Cada 3 de febrero se siguió celebrando esta romería.

Las campesinas viajaban en carretas desde la zona de la costa hasta la capital asturiana para vender las naranjas que cultivaban. Sin embargo, esta tradición se perdió hace un siglo. Las crónicas de la época lamentaban la pérdida de esta romería que se recuperó este martes para ayudar a las hermanas.

Una situación "insostenible"

Javier Portilla explica que la situación económica de las monjas benedictinas es "insostenible". Cada uno de la treintena de monasterios que la orden tiene en España posee sus normas, jerarquías y sus formas de ganarse la vida. Sin embargo, la falta de vocaciones ha complicado su situación. En algunos solo viven "cuatro, cinco o seis monjas" y en muchos casos las hermanas son mayores y no pueden trabajar.

Es por ello que en el verano tomaron la decisión de unificarse y está previsto que las hermanas de Zamora y Burgos hagan en octubre la mudanza. "Antes tenemos muchos obras que hacer y necesitamos ayudas", detalló la hermana sor María Covadonga. Tienen que adecuar las habitaciones e instalar un ascensor.

Una naranja, un euro

Por esta razón, se volvieron a vender las naranjas. Cada una tuvo un precio de un euro, aunque muchos fieles se decantaron por donar más dinero. A la izquierda de la puerta de la calle San Vicente, se instaló la mesa para la comercialización de este fruto y a la derecha, donde se vendieron las ricas rosquillas. "Están hechas con harina de trigo, mantequilla, azúcar y aroma", destacó la vendedora Amparo Fernández-Miranda. Cada bolsa consta de 18 rosquillas y tiene un precio de 8 euros. "Ya venía de pequeña a comprarlas con mi madre, están muy ricas y nos permite ayudar a las monas", destacó la compradora Carmen Ruenes.

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