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Maximino Álvarez, el nonagenario asturiano que quiso regalar, "antes de morir", una gaita de 120 años de historia a su bisnieta: "Me quedo tranquilo"

"El tiempo pasa para todos y yo ya no estoy mucho para tocarla", cuenta Mino, vecino de Olloniego, que restauró el instrumento por completo antes de donarlo a su heredera

VIDEO: Reportaje con Maximino Álvarez, un vecino de 96 años que acaba de restaurar una gaita de 100 años y sigue tocando

Olloniego

Maximino Álvarez es un vecino de Olloniego (Oviedo) que siempre estuvo ligado a la música. Aprendió a tocar varios instrumentos en Mieres, después fue trompetero en una orquesta con la que recorrió todos los salones de baile de las Cuencas y, pese a dedicar tiempo a su faceta artística, nunca dejó de trabajar. Mino, como le llaman todos, lleva retirado desde 1991 y ahora, a sus 96 años, decidió restaurar una gaita con más de 120 años de historia que tenía abandonada por casa, para dejarle un recuerdo a su bisnieta antes de morir, como él mismo explica.

Durante su adolescencia, mientras trabajaba en la mina por un sueldo de nueve pesetas, iba caminando dos veces a la semana a Mieres para aprender a tocar. Su maestro era José "La Piedra" y siempre iba acompañado de otros chavales del pueblo. Con el tiempo, ahorraron dinero y le compraron una moto al profesor para no tener que hacer esas caminatas de más de diez kilómetros.

Años después, en 1946, junto a otros cinco compañeros, fundaron la orquesta "Lady". Su primera actuación fue un 15 de agosto en El Padrún, un pequeño pueblo del concejo de Mieres, y, poco a poco, fueron ganando fama en la zona a base de tocar en las fiestas patronales. Llenaban las salas de baile con más público de Oviedo, incluso llegaron a actuar en el Teatro Filarmónica. Mino siempre tocó la trompeta y compaginó el trabajo con su afición. Después de veinte exitosos años, el grupo se disolvió.

Una tradición que empezó su abuelo

Lejos de dejarse vencer por la edad, Mino asegura sentirse "como un chaval". El detonante de esta restauración se remonta a hace unos años, cuando unos amigos le pidieron prestada una gaita que había heredado de su abuelo y la perdieron durante un viaje a Salamanca. Movido por el mal sabor de boca que le dejó no poder conservar ese instrumento con tanto valor sentimental, decidió restaurar una gaita que tenía olvidada por casa, con el fuelle estropeado, para dejársela a su bisnieta y seguir así la tradición familiar que había iniciado su abuelo con él.

La piel de un cabrito

Su primera idea para reparar el fuelle fue hacerlo siguiendo los métodos tradicionales. Para ello, comenzó a preguntar por el pueblo si alguien podía facilitarle la piel de un cabrito con la que recomponerlo, tal y como se hacía antiguamente. La singular petición no tardó en recorrer las calles de Olloniego y acabó llegando a oídos de Juan, conocido como "El Portu", quien puso a Mino en contacto con el gaitero Adrián Rodríguez para que le ayudara a encontrar una solución más adecuada.

El encargado de restaurar esta gaita con más de un siglo de historia fue Chus Solís, responsable de la conservación de las piezas exhibidas en el Museo de la Gaita de Gijón. Solís les aseguró que el instrumento tiene más de 120 años de historia y, además, les explicó que su constructor fue el artesano mierense Andrés de Prau Reondo. El proceso le llevó unas semanas, utilizó materiales sintéticos para remplazar la piel original y tuvo que comprar alguna pieza que tenía la madera desgastada.

El instrumento, completamente restaurado, regresó a manos de Mino hace semanas. Un proceso gripal que arrastra desde las navidades no le dejó estrenarla todavía. De momento, solo puede llenarla de aire, pero está muy contento con la reacción que tuvo su bisnieta al ver la pieza después de pasar por el taller. "Los años pasan para todos, ya no estoy para tocar mucho la gaita, pero me gusta que la gente pueda utilizarla y me quedo tranquilo sabiendo que queda restaurada", concluyó, con una sonrisa de oreja a oreja.

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