El barrio de Oviedo que tuvo toros y Stadium antes que vecinos y un edificio de autor muy polémico pero digno de Walt Disney
Buenavista acaba de cumplir medio siglo desde su expansión urbanística y demográfica, con 8.694 habitantes, donde la población jubilada duplica a los más jóvenes y uno de cada ocho es inmigrante

A la izquierda, vista aérea de Buenavista con el Calatrava en el centro. A la derecha, el antiguo Carlos Tartiere. |
Buenavista fue mucho antes escenario de toros y de partidos con las mayores figuras del futbol español en el Stadium que barrio poblado de vecinos. Luego llegaría la Guerra Civil, que atravesó con trincheras y destrozó el coqueto campo y el coso taurino. En las décadas siguientes, Buenavista era la periferia, una extensión de prados y alguna que otra casa a la entrada de la carretera de Galicia a Oviedo, hasta que mediado el siglo XX comenzaron a construir, primero pequeños bloques de bajo y dos plantas. La explosión urbanística y demográfica llegó a mediados de los setenta de la mano del polígono, que se levantó casi al mismo tiempo que el vecino de Llamaquique. Un crecimiento que acabó expulsando al fútbol para dar la bienvenida al Calatrava, un motor que gripó de primeras y ahora aguarda su segunda oportunidad con una universidad privada después de que Walt Disney lo hiciera escenario de "Los 4 Fantásticos".

A la derecha, uno de los edificios más antiguos que quedan en Buenavista, en Fuertes Acevedo. | LNE/FERNANDO RODRÍGUEZ
El nombre de Buenavista apareció por primera vez a mediados del siglo XIX. A finales de esa centuria, más o menos cuando se hizo la Plaza de Toros según un diseño del arquitecto Juan Miguel de la Guardia, el barrio, por entonces perteneciente a la lejana parroquia de San Pedro de los Arcos, "no contaba más que con 38 vecinos y diez pequeños edificios; caso bien distinto", recoge Tolivar Faes en "Nombres y cosas de las calles de Oviedo" de Truébano y Aspra, el Cristo, y Olivares, otras zonas de la periferia oeste del casco urbano ovetense por entonces mucho más pobladas. Las primeras multitudes llegaron a Buenavista para ver corridas de toros, allí recibió la alternativa, por ejemplo, el torero gijonés Bernardo Casielles en las fiestas de San Mateo de 1920, y resultaron muy sonadas las faenas de Julián Cañedo, el polifacético aristócrata, escritor, torero, pintor y escultor ovetense. El diestro, amigo del mítico matador Juan Belmonte, fue nada menos que el primero en cortar las dos orejas y el rabo en la Maestranza de Sevilla, con un estilo que Tolivar Faes describió de "clásico y austero, manejaba con igual perfección las banderillas, la muleta y el estoque". Corrían los felices años veinte.

Buenavista tuvo toros y Stadium antes que vecinos y un edificio de autor muy polémico pero digno de Disney
La siguiente década, la de los treinta, estuvo marcada por la construcción del Stadium de Buenavista, inaugurado en abril de 1932 con la vitola de ser uno de los mejores campos de la época, gracias al ingeniero Ildefonso Sánchez del Río, que levantó a las afueras de Oviedo la primera tribuna principal cubierta sin columnas de apoyo. Hablando en plata, los espectadores no tenían ninguna columna que les molestase para seguir las evoluciones del partido. Todo un alarde de la ingeniería para aquella época.
Los llenazos en el Stadium de Buenavista eran habituales para ver las acciones de jugadores de leyenda como los locales Herrerita, Lángara y Emilín o las figuras de un deporte emergente como el portero Zamora, los defensas Ciriaco y Quincoces o ya, décadas después, Zarra, Di Stéfano y Gento. Porque entremedias llegó la Guerra Civil, que atravesó con trincheras y destrozó el coqueto campo y al Oviedo, uno de los animadores de la Primera División antes del conflicto, le reservaron plaza en la temporada 1939-40 para la reconstrucción del campo.
En las décadas siguientes, Buenavista era las afueras de Oviedo con muchos prao en la penetración en la ciudad de la carretera de Galicia hasta que en los años cincuenta empezaron a aparecer edificios, los primeros pequeños, aún queda alguno aunque deshabitado y tapiado, para evitar ocupaciones en Fuertes Acevedo, más arriba de la cometa de Úrculo. La explosión urbanística llegó a mediados de los setenta de la mano del polígono, que se levantó casi al mismo tiempo que el vecino Llamaquique. Un crecimiento que acabó expulsando del barrio al estadio de fútbol, rebautizado como Carlos Tartiere desde 1958 y que fue sede del Mundial 82 para acoger tres partidos entre las selecciones de Austria, Argelia y Chile. La urbanización del polígono corrió a cargo del Ministerio de la Vivienda que entregó a partir de 1970 más de setenta parcelas a otras tantas cooperativas, formadas por los futuros propietarios de más de dos mil viviendas que se sumaría a los contados edificios construidos en los años sesenta como, por ejemplo, el diseñado por el arquitecto Ignacio Álvarez Castelao, el gran exponente asturiano del brutalismo, en el número 8 de la avenida de Buenavista, el primero de toda la zona, casi enfrente del cuartel de la Policía Armada hecho a mediados de los años cuarenta. "Fue el boom de Buenavista", afirma un integrante de la cooperativa formada por iniciativa de Hunosa aunque no todos los futuros propietarios eran trabajadores de la empresa minera. De repente, la chiquillería se adueñó de calles donde aún no había colegios para tanta demanda y hubo que habilitar prefabricadas, como en San Pedro de los Arcos.
La construcción de un nuevo estadio y su traslado a la Ería dejaron un gran solar vacío en medio de Buenavista a principios del siglo XXI, justo en plena fiebre en toda España por emular "el efecto Guggenheim" de Bilbao, inaugurado en 1997. El Ayuntamiento acabó decantándose por un Palacio de Congresos, diseñado por Santiago Calatrava, arquitecto de moda con proyección internacional. La ciudad ponía el suelo del antiguo estadio de fútbol, y una sociedad privada, Jovellanos XXI, corría con el coste de la construcción a cambio de la concesión de la explotación del complejo, llamado a ser motor de actividad, con un centro comercial y un hotel además del gran recinto congresual y las dos alas con oficinas de la administración autonómica del Principado. La operación, lejos de cuajar, acabó en litigios varios y cruzados. Entre medias, una cubierta "vendida" inicialmente como uno de los atractivos de la obra de autor, pero que nunca se llegó a levantar, el rodaje de “Los 4 fantásticos”, la película de Hollywood que convirtió el Calatrava en parte del Edificio Baxter, y el Ayuntamiento de Oviedo volvió a hacerse con la pieza central del complejo Calatrava para un aprovechamiento todavía por definir aunque ya tiene firmada una cesión parcial a la universidad privada Alfonso X El Sabio como sede para estudios de Medicina y Enfermería a partir del próximo curso 2026-2027. Menos certidumbres hay en torno a la Plaza de Toros, cerrada desde 2008, y a la espera de un proyecto definitivo de reactivación.
El verdadero músculo de Buenavista después de los traslados de todo el complejo hospitalario y el campo municipal de fútbol y el "pinchazo" del Calatrava es su vecindario, una comunidad formada por 8.694 vecinos, entre los que tienen un peso mayoritario los que llegaron cuando se levantó el polígono, a la vista de la pirámide de edad que figura en las estadísticas del Ayuntamiento. Los mayores de 65 años suman 2.819 habitantes, mientras que los menores de 19 años son 1.196; es decir, la población ya jubilada duplica a los más jóvenes. Una tendencia que se consolidará y crecerá, pues la horquilla más numerosa en el barrio es la de vecinos con edades entre 60 y 64 años, que son 626. La comunidad extranjera ha crecido en los últimos años para tener actualmente un peso del 13,5 por ciento, con 1.182 habitantes, originarios de 61 países. O sea, casi uno de cada ocho vecinos es inmigrante, siendo las nacionalidades con más presencia la colombiana (189 personas), la rumana (123), la ucraniana (121) y la venezolana (109), según la más reciente actualización del censo municipal, correspondiente a diciembre de 2025.
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