Mariano Matarranz: "Huyo de los caminos conocidos; yo prefiero lo desconocido, porque me motiva y me mantiene vivo"
El Bellas Artes de Asturias muestra, hasta el 22 de febrero, las dos últimas series pictóricas del artista madrileño, "Pneuma" y "Naturaleza muerta", y los Amigos del Museo ofrecen mañana una visita guiada por ellas, con las comisarias de la exposición y el propio autor

Mariano Matarranz, en la exposición que le dedica el Museo de Bellas Artes de Asturias. / Fernando Rodríguez

Mariano Matarranz (Madrid, 1952) expuso en Oviedo, en la galería Vértice, en 2008; en Gijón, en el Museo Barjola, en 2016. Entre ambas exposiciones, las dos últimas en Asturias, transcurrieron ocho años. Hasta ahora. El Museo de Bellas Artes de Asturias expone hasta el 22 de febrero dos de sus series pictóricas, «Pneuma» y «Naturaleza muerta», producto de su trabajo entre 2020 y 2025. Los Amigos del Museo han organizado una visita guiada, mañana a las 18.00 horas, con el artista y las dos comisarias de la muestra, Laura Baños y Sara Moro.
Hace unos diez años que el Bellas Artes adquirió una obra suya.
Una obra que compró en 2003, con un tratamiento de óxidos…
¿Siempre ha trabajado en esa línea?
No siempre. Tuve una revelación, durante un viaje a Asturias, en una playa. Allí vi la posibilidad de trabajar algo nuevo. Yo era un pintor esencialmente figurativo, incluso al principio muy figurativo.
Estudió Bellas Artes.
Claro, y tenía una formación clásica. A mí siempre me ha preocupado la técnica, saber pintar. Para mí era fundamental. He hecho cosas muy precisas, copiando muy ajustadamente de la realidad. He pintado paisajes, incluso cosas figurativas, he hecho montajes con bodegones... Hasta que me empecé a desvincular. Necesitaba investigar más, copiar la realidad ya no tenía mucho sentido. La última exposición figurativa que hice fue en Madrid, debió de ser en el año 86, con una serie que se llamó “Walden”, por el libro de Henry David Thoreau. Era como un neopresionismo muy figurativo. Hice unos cincuenta cuadros figurativos, todos fueron a Centroeuropa. Vinieron unos marchantes suizos, hablaron con el galerista con el que trabajaba en Madrid y durante varios años no tuve obra en España; estaba toda en Zúrich. Mi alejamiento de la figuración coincidió con mi venida a Asturias. Aquí fue donde realmente empecé a investigar, a introducir nuevos materiales.
Los cuadros que ahora expone en el Bellas Artes mantienen, de cierta forma, aquella conexión de sus inicios con el paisaje.
Es una pintura siempre vinculada a la naturaleza. Incluso estos trabajos podrían ser paisajes nocturnos. Aunque sea abstracción, siempre hay un toque de figuración. No hay una desvinculación total de la realidad. No es pintura geométrica ni expresionista de pincelada rápida; son cuadros muy elaborados, conectados con la naturaleza y la realidad.
Los óxidos forman parte de su investigación.
Están dentro de la naturaleza. Empecé a investigar en ellos, porque nadie lo había hecho de esta manera. Andy Warhol hizo alguna cosa con chapas metálicas que se oxidaban, con su orina, pero aquí no hay ningún elemento abrasivo ni metal.
El acabado parece metálico, pero trabaja sobre lienzo.
Es una técnica muy trabajada, con productos muy seleccionados que aquí en España no encuentro, y de un coste elevado. Cada obra es única. Ni yo mismo podría reproducir un cuadro. Cada uno tiene su historia. Trabajo por series. Por ejemplo, la serie “Pneuma” se acabó en el año 2000. Aunque quisiera hacer otro cuadro más en ella, ya no me sale. Es como si te cargaras y luego te vaciaras, algo intuitivo: sabes que la serie está liquidada. Después hubo un tiempo de reflexión y surgió otra serie, “Naturaleza muerta”. Es la misma mano, pero el planteamiento es distinto. Huyo de los caminos conocidos; yo prefiero lo desconocido, porque me motiva y me mantiene vivo.
¿No trabaja con bocetos previos?
No. Pongo una tela y la tela me va sugiriendo cosas. Por eso cada cuadro es distinto. Uso materiales diferentes, el color es muy sostenido, muy matizado. Cuando veo que he agotado esa energía, esa ráfaga que tiene que ver con el espíritu de “Pneuma”, la respiración, paro. Di con la palabra “Pneuma” cuando los cuadros ya estaban pintados. Nunca pienso en el título mientras pinto. Los cuadros se titulan solos. En Jung encontré esa frase que me pareció muy acertada: “Los alpinistas buscaban la piedra maravillosa que contenía en su interior un ser neumático, para obtener esa sustancia que penetra en todos los cuerpos”. Me interesa mucho la idea de transformar materiales innobles. Aquí hay herrumbre, óxidos, materiales despreciables. No es una pintura alegre ni decorativa. Es monótona, densa, pesada. Eso es lo que busco.
¿Trabaja en varios cuadros simultáneamente?
No tengo un taller enorme. Empiezo un cuadro y cuando ya entiendo lo que me transmite, lo dejo y empiezo otro. No me precipito nunca. Soy muy autocrítico. Si un cuadro no me convence, no lo suelto. Por eso tardo en hacer exposiciones.
¿Dónde sitúa estas dos series dentro de su evolución artística?
Están acabadas. Me han dado lo suficiente para subir otro escalón. Hace una semana empecé otra cosa distinta. En los últimos diez años habré hecho cuatro o cinco series. Unas te van dejando cosas para engancharte a otras. Yo nunca me recreo en lo que hago. Aquí estamos de paso. He pintado muchos cuadros, pero no he hecho muchas exposiciones. Nunca he dejado de pintar. Pintar y experimentar es lo que me da vida.
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