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Oviedo, a pie de calle: Buenavista, del motín tras el "no concierto" de Miguel Ríos al vuelo del "Rey del Pop" en el Tartiere

El antiguo estadio y la plaza de toros, escenario de noches inolvidables para los jóvenes ovetenses en los años 80 y 90

Buenavista

Buenavista está en el imaginario colectivo de unas cuantas generaciones, que vibraron con los conciertos del Carlos Tartiere y de la plaza de toros. De "U2" a "The Beach Boys", de Miguel Ríos al "Último de la Fila" o Joaquín Sabina, sin olvidar a "Ilegales" o Elton John. Durante las décadas de los ochenta y los noventa del siglo XX, el barrio de Buenavista era el escenario preferido de los grandes conciertos musicales que acogía Oviedo. Por allí pasaron también un Julio Iglesias que atraía multitudes, Lou Reed en pleno revival y los ritmos celtas de "The Chieftains".

El barrio llamado a conectar el centro de Oviedo con la zona alta de la ciudad tomó cuerpo irreversiblemente a partir de la década de los 70, cuando arrancó el polígono de Buenavista. Las últimas añadas de la prolongada generación del "baby boom", los boomers actuales, tuvieron la oportunidad primero de ir al circo y subirse en las barracas que se montaban en las inmediaciones del viejo Tartiere, donde también se llegaron a lanzar fuegos artificiales, aprovechando la generosa explanada de la zona. Muchos de aquellos niños que iban con sus padres a ver los fuegos junto al antiguo Tartiere fueron los jóvenes que años después pisaron su césped en los conciertos que situaron a Oviedo en el calendario de las giras internacionales de las grandes estrellas de la música, o que disfrutaban con los trompos de Carlos Sainz en el tramo urbano del Rally Príncipe de Asturias frente al estadio municipal de fútbol.

Uno de los primeros conciertos con impacto más allá de lo estrictamente musical fue el de Miguel Ríos en la plaza de toros, que debía celebrarse el 21 de septiembre de 1982, en plena moda del "Buenas noches, bienvenidos", el tema estelar de la gira "Rock and Ríos", con llenazos a lo largo y ancho de toda la piel de toro ibérica. Pero aquella tarde mateína llovió y el rockero granadino entendió que el escenario del coso ovetense no reunía las condiciones de seguridad exigibles para evitar un cortocircuito, como el que solo siete meses después costaría la vida a Berto Turulla, del grupo "Cuélebre", en un concierto en Salas. Pero aquella suspensión, con 13.000 entradas vendidas por la SOF, desencadenó disturbios con cristales rotos, bancos por los suelos, carreras por medio Oviedo y atascos en la ciudad. Total que Miguel Ríos pasó aquella noche en los calabozos de la Comisaría de Policía, frente al Reconquista, tras una detención que el rockero atribuyó entonces a "una cacicada política con fines electoralistas" porque las generales de 1982 estaban a la vuelta de la esquina y él era una de las caras del "cambio" que se avecinaba. Miguel Ríos tardó mucho tiempo en volver a Oviedo, y lo hizo otra vez para las fiestas de San Mateo del año 1997. Cuando le preguntaron qué haría si llovía esa noche, respondió raudo: "Si han puesto tejado en el escenario, no habrá problema".

Justo una década después del "no concierto" de Ríos, aterrizó en las fiestas mateínas otro Michael, en este caso Jackson, un momento cumbre de su carrera. De hecho, solo cuatro meses después, el "Rey del Pop" protagonizaría la actuación del intermedio en la Superbowl de 1993, disputada en Pasadena (California). Jackson salió del Tartiere aquel 21 de septiembre de 1992 por todo lo alto, autopropulsado en jet-pack.

100ª entrega

buenavista (IV)

Domingo, 15 de febrero

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