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José Antonio Alonso Arias, de 64 años, el fino interior derecha que jugó cuatro temporadas en el primer equipo del Real Oviedo: "El Tartiere era un barrizal"

El tevergano pasó por todas las categorías inferiores antes de llegar a lo más alto en el club azul: "Teníamos una afición muy exigente"

José Antonio Alonso Arias, exjugador del Real Oviedo: "Cuando empecé entrenábamos en la carretera, no había nada alrededor del Tartiere"

VIDEO: Amor Domínguez / FOTO: Miki López

Buenavista

Un adelantado del juego de toque y buen pase, dicen quienes vieron jugar a José Antonio Alonso, conocido en el mundo del fútbol por su segundo apellido, Arias. Tevergano de nacimiento, del pueblo de La Torre, camino del puerto de San Lorenzo, el fino interior derecha que pasó por todas las categorías de inferiores del Real Oviedo jugó cuatro temporadas de "los exigentes años ochenta" en el primer equipo. "Eran tiempos de Segunda División, no estábamos en Primera. Hubo temporadas mejores y peores, pero un logro a destacar fue la Copa de la Liga de 1985, que la ganamos. Fue mi último partido con el Oviedo. ¿Un título menor? Es el único título nacional que ha ganado un equipo de fútbol asturiano", proclama Arias, con orgullo.

La historia de Buenavista estaría incompleta sin el antiguo Tartiere y Arias fue "fichado" allí mismo, aunque puertas afuera del estadio. "A los once años empecé a jugar en el colegio, el Masaveu, con los Salesianos. Un día un compañero me dijo que el Oviedo iba a hacer un equipo para jugar un torneo en las fiestas de San Mateo y que le habían comentado que podía llevar algún amigo a la prueba. "Llegamos a Buenavista, pensando que íbamos a algún polideportivo y resulta que entrenamos aquí mismo, en la calle. En un local de la calle Eduardo Herrera, había unas escaleras, subías al almacén y allí mismo te cambiabas, sin duchas ni nada. Entrenamos en la carretera y a ducharse, a casa. De aquella no había tráfico y la parroquia tampoco existía, hablamos del año 72 o 73".

Arias protege el balón ante Julio Alberto, en un amistoso frente al Barcelona.

Arias protege el balón ante Julio Alberto, en un amistoso frente al Barcelona en el Trofeo Costa Verde. / LNE

El estreno tan sui géneris dio sus frutos porque aquel equipo infantil ganó el torneo mateíno. "Aquí empezó mi historia en el Oviedo, me ficharon y pasé por todas las categorías inferiores, infantil, prejuvenil que era el actual cadete, juvenil, el Oviedo Aficionados y luego ya el primer equipo". El ascenso al primer equipo también llegaría de sorpresa. "Cuatro o cinco jugadores del filial habíamos hecho la pretemporada de la 81-82, que fue en Villapedre. Yo trabajaba desde los 16 años en la Banca Masaveu, y gasté mis vacaciones yendo a aquella pretemporada, pero José Víctor, un entrenador murciano, no subió a nadie. Duró poco porque aquel equipo no ganaba y fue cuando trajeron a José María". El verano previo a la Liga 82-83 no llevaron a ningún jugador de la cantera a la pretemporada. "Un día estaba entrenando con el filial, el Oviedo iba a jugar un amistoso en Mieres y me dijeron que si podía, que no tenían gente. Andaban buscando un centrocampista y no aparecía. No debí hacerlo mal porque al día siguiente me llamaron: ‘El entrenador quiere contar contigo, tienes que arreglar tu situación laboral’. Así que fui al jefe de personal de la Banca Masaveu, José Luis López Enríquez, que ahora por avatares de la vida es un gran amigo pero de aquella no, pedí una excedencia de cuatro años y arreglé la situación".

Arias, producto de la cantera azul, ya era jugador del primer equipo. "Orgulloso de haber defendido estos colores y de haber llevado el nombre del Oviedo por toda España", sostiene a sus 64 años. Y eso que los partidos en aquel Tartiere, de después del Mundial 82, se hacían duros, especialmente para un jugador menudo, técnico, de pase y toque. Tocaba fajarse con el barro del municipal ovetense. "José María apostó por mí. Estando el campo como estaba, jugué todo el año. La combinación más habitual de aquella temporada era con Viti de portero, Juanito y Vili en los laterales, Antuña y Peruena, que había venido del Betis, y murió hace años; en medio campo jugábamos Pantoja por la izquierda, que fozaba en el barro, Blanco en el centro y yo por la derecha; y delante Martín Roales y Juanjo de extremos y Rivas, un delantero centro gallego, listo, goleador, marcó unos cuantos goles".

Una alineación ochentera del Oviedo. De izquierda a derecha y de arriba abajo: Juanito, Viti, Antuña, Vili y Peruena; Mata, Velázquez, Blanco, Arias, Rivas y Manolín

Una alineación ochentera del Oviedo. De izquierda a derecha y de arriba abajo: Juanito, Viti, Antuña, Vili y Peruena; Mata, Velázquez, Blanco, Arias, Rivas y Manolín / LNE

En aquel fútbol sin cámaras que todo lo ven, "cuando jugábamos fuera de casa nos metían unos embarques tremendos", relata de los arbitrajes de antaño. Pero aún con eso, Arias reconoce que jugar en Altabix, contra el Elche, o en los campos del Hércules, el Barça B o el Castilla resultaba más sencillo. "Eran alfombras. El Tartiere después del Mundial fue un barrizal todo el año y en todo el campo. Solo había algo de hierba en las esquinas de los córner, en el resto, nada. Ya se sabe que en invierno los campos del Norte estaban blandos en algunos partidos, pero aquí era insoportable casi toda la temporada. Así y todo, para un jugador de la cantera era lo máximo jugar en el Tartiere, estuviera como estuviera".

"Quillo, aquí imposible jugar"

El estado del terreno se convirtió en un suplicio. "Con los años mejoró y cuando el Oviedo subió a Primera Divisón, varias temporadas después, ya estaba muy bien. Pero en nuestra época, recuerdo que vino el Cádiz al Tartiere con los hermanos Mejías, Mágico González, Juan José, y decían: ‘Quillo, aquí imposible jugar’. Pues aquel partido se jugó y encima consiguieron empatar", detalla Arias, que no oculta su sorpresa por la suspensión del partido de la pasada semana en Vallecas. En aquella primera temporada Arias marcó un gol inverosímil, todavía recordado por algún aficionado de la época, que valió la victoria en un intenso partido contra el primer Depor de Arsenio Iglesias. Estaba muy cerca de la banda derecha, "hice un recorte, centré con la izquierda, me salió un centro muy bajo y esquinado y entró por el palo que cubría el portero, Jorge. Fue un centro chut, totalmente. El portero se despistó un poco", reconoce.

Arias encara a un rival en un Tartiere embarrado

Arias encara a un rival en un Tartiere embarrado / P. C.

El primer equipo ya entrenaba por entonces en el Requexón. "En el Tartiere solo entrenábamos, como mucho, un día, los jueves, y siempre con público, eran abiertos", comenta de un fútbol donde jugadores y aficionados eran más cercanos. "Al acabar íbamos a comer un pincho al Tebas (nada que ver con el presidente de la actual Liga Profesional), un bar allí al lado, eran famosos los de carne. Y allí había aficionados, íbamos mucho a las peñas, había mucha más relación, ahora los jugadores viven en una burbuja, es muy distinto". Y la afición oviedista era, recalca, "mucho más exigente, si empatábamos en casa te caían unos almohadillazos, que tenías que echar a correr para la caseta.Tuve la suerte de ser muy querido por la afición, pero pregunta a García Barrero". Echa de menos en el Oviedo actual más jugadores de la cantera en el primer equipo. "Para un club , como el Oviedo es fundamental. Ahora hay un tapón entre el filial y el primer equipo que no puedo entender", sostiene. Habla con el conocimiento de causa de haber estado un total de catorce año en el club. Y su último partido, frente el Atlético Madrileño, con el recuerdo imborrable de ser el único titulo nacional del Real Oviedo . "En esa competición, que se hacía para no acabar la temporada demasiado pronto, jugué casi todos los partidos. ¿Que es un título menor? Es el único título nacional de un club de fútbol asturiano", puntualiza. Al cabo de cuatro temporadas, acababa aquella excedencia laboral y el contrato con el Oviedo. Ni se planteó salir de Asturias para ir a otro equipo, a otros lares. "De aquella no había ni representantes. Nadie te ofrecía nada, no te conocían fuera y yo tenía un trabajo estable y bueno, seguí aquí en Asturias", explica. Arias volvió a la Banca Masaveu, pero no dejó el fútbol. Fichó por el Avilés Industrial y años después por el Mosconia:"Subimos a Segunda B, un hito en Grao", destaca.

Arias vivió en el Oviedo los tiempos de la Pixarra. "No callaba en todo el partido", dice. Y de personajes como el Mudu, que cuando las obras del Tartiere iba a por los balones que caían a los fondos, para rescatarlos; si a la salida de vestuarios no había propinas de directivos y jugadores se enfadaba, movíendo los brazos. Y de imágenes como la que vivió el día de su debut frente con el primer equipo azul, ante el Linares. "Bajó un autobús de Teverga, para acudir y apoyarme en el partido con una pancarta que decía: "Teverga con Arias". Los compañeros de aquel equipo de la Copa de la Liga y de algunas temporadas posteriores mantienen relación y hasta hacen quedadas: "Tenemos un grupo de wasap y solemos quedar el puente de mayo, echamos un partido en Trubia y compartimos un un fin de semana muy guapo". Así era el fútbol de los ochenta.

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