El portavoz del PSOE ofrece una charla sobre el acueducto de Los Pilares: "Derribarlo fue un error histórico"
La ponencia tendrá lugar este miércoles en el Ridea, a partir de las siete de la tarde, dentro del ciclo "Oviedo ciudad sedienta. La historia del agua en Oviedo"

Carlos Fernández Llaneza junto al acueducto de Los Pilares. / Mario Canteli / LNE
Carlos Fernández Llaneza (Oviedo, 1963) es el portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Oviedo pero a veces deja la política municipal a un lado para centrarse en su pasión: la historia de Oviedo. Este miércoles, a las siete de la tarde, ofrecerá una conferencia en el Ridea bajo el epígrafe «Génesis y ocaso del acueducto de los arcos de Los Pilares de Oviedo en el 111 aniversario de su derribo», la tercera ponencia del ciclo «Oviedo ciudad sedienta. La historia del agua en Oviedo».
¿En qué momento se dio usted cuenta de que sentía pasión por la historia de Oviedo?
Me di cuenta de crío. En casa teníamos un calendario con fotos del Acueducto de los Pilares y de San Pedro de los Arcos, y yo no paraba de preguntarme qué historia habría detrás de todo eso. Encima pasaba por allí a menudo y lo veía desde casa, así que esa curiosidad se me fue quedando y acabó convirtiéndose en una pasión que se extendió a todo lo que tiene que ver con Oviedo.
El ciclo de conferencias en el que usted va a hablar sobre el acueducto de Los Pilares se titula «Oviedo ciudad sedienta». ¿Por qué ese nombre?
Porque Oviedo arrastró problemas de agua durante siglos. Desde épocas medievales hubo sequías y se tiraba mucho de pozos y fuentes. Y, ya en lo reciente, incluso en los años ochenta del siglo pasado todavía había cortes y en casa tocaba llenar la bañera.
¿De dónde venía el problema?
Sobre todo de que había déficit: épocas de sequía, abastecimientos que no daban y, durante mucho tiempo, pozos urbanos y fuentes como solución. Algunos de esos pozos todavía se localizan por la zona del entorno del Arzobispado y otros puntos de la ciudad.
¿Cuál es el fin de este ciclo de conferencias? ¿Qué se le quiere transmitir a quienes asistan a las ponencias?
Pues dejar clara la importancia del agua en la historia de Oviedo. Se cuenta cómo se buscaba, cómo se traía, cómo se almacenaba, y cómo fue cambiando todo con el crecimiento de la ciudad. Al final, sin agua no hay vida ni ciudad. No hay más que ver que los humanos somos agua en un sesenta por ciento.
¿Podría resumir la historia del acueducto de Los Pilares?
Una obra hidráulica clave para traer agua a Oviedo cuando lo que había antes ya no era suficiente. Para salvar la ladera de San Pedro se hizo el acueducto.
¿De dónde se traía el agua?
Se decidió captar el agua del manantial de Fitoria y llevarla hasta la ciudad. La traída se nota todavía en algunos tramos por la zona de la pista finlandesa.
¿Cómo era ese acueducto?
Eran 41 arcos. Fue una obra carísima, con muchos problemas al principio, hasta que se puso en marcha definitivamente en 1599.
¿Y cómo se pagó una obra así?
Con impuestos al consumo, por ejemplo a la sidra y al vino. Se hicieron sisas para poder costearlo, porque estamos hablando de una inversión enorme para la época.
¿Hasta cuándo funcionó?
Con el tiempo fue perdiendo su función cuando llegaron abastecimientos nuevos en el siglo XIX, y ahí empezó el declive. Y ya a principios del XX arrancó la polémica sobre si derribarlo o no.
¿Por qué se quiso demoler?
Se decía que estorbaba, que no era útil y hasta que no tenía valor artístico ni histórico. Y claro, hubo mucha discusión en la ciudad.
¿Quién se opuso?
Hubo voces importantes. El arquitecto municipal, Juan Miguel de la Guardia, planteó incluso aprovecharlo como paseo por arriba, y Fermín Canella fue de los que más luchó durante años para frenarlo.
¿Diría usted que el derribo fue un error histórico?
Yo creo que sí, fue un error histórico y una pérdida de algo muy identitario. Si se hubiese conservado entero, hoy sería un icono de Oviedo sin discusión.
Usted es un enamorado del Naranco. ¿Qué relación tiene con esta historia?
Mucha, porque durante siglos el Naranco y sus fuentes fueron básicos en el agua de Oviedo. Y sigue siendo un sitio que habría que cuidar mejor, con una visión más completa. Disfrutarlo, sí, pero recuperándolo de verdad como gran espacio natural de la ciudad.
Y mirando al presente: ¿hoy tenemos que estar tranquilos con el agua?
Mucho más que en los ochenta del siglo pasado, pero no para despistarse. El agua es un bien finito y el clima está cambiando: llueve distinto, hay sequías más largas, y eso obliga a consumo responsable, a optimizar y a reutilizar más cuando se pueda. El agua es un bien que va a tener muchísima importancia a nivel geopolítico.
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