Negocios de siempre
La farmacia de Oviedo que pasó del jarabe de violetas del siglo XIX a la receta electrónica
Belén del Campo pone cara a la quinta generación de una botica que fundó su tatarabuelo: "Vine de Madrid porque me daba pena que no siguiera en la familia"

Mario Canteli
Belén del Campo pone cara y amabilidad a la quinta generación de la Farmacia Estrada, que llegó a Oviedo en 1889 de la mano de su tatarabuelo, Benito Estrada. Desde niña ya quería estar en la farmacia, con su abuela, pero fue en 2012 cuando ya se puso al frente del negocio familiar. Es decir, una décima parte de los 137 años que la botica lleva en Oviedo ya lleva el sello de esta farmacéutica formada en la Universidad de Santiago de Compostela, que confía en que bien sus hijos o sus sobrinos continúen la saga. De momento su hija pequeña, de cinco años, "ya dice que va a venir aquí a la farmacia con mamá, eso ya lo tiene claro; creo que yo a su edad ya decía algo parecido", confiesa Belén del Campo.
La farmacia Estrada no fue la primera en abrir en Oviedo, pero sí es la más vetusta de las que hay en activo en toda la ciudad. Ni siquiera en la familia saben porqué el tatarabuelo, Benito Estrada, decidió venir a Asturias en el último cuarto del siglo XIX, tras haber estudiado en Madrid y poner allí, en la capital, su primera botica, junto a un compañero de estudios. "Después cada uno se fue para su lado, el compañero se había casado y tenía su familia, pero Benito todavía no y vino para Asturias; no sabemos por qué le gusto Proaza, donde se casó y estuvo unos diez años, antes de establecerse en Oviedo", relata la tataranieta.

Belén del Campo, con el retrato de su tatarabuelo, el fundador de la Farmacia Estrada / Mario Canteli
"Antes se formulaba todo"
Aquella década en Proaza sirvió al primero de los Estrada para elaborar un jarabe de violetas, "que él mismo se encarga de recoger por la zona". Una especialidad por la que fue premiado en un sector, entonces incipiente, porque "había separado una parte que podía resultar tóxica". Benito Estrada solía patentar algunos de sus remedios. "Había uno que se llamaba ‘Yodoglina’ y también otro para tratar el raquitismo en los niños. Su hijo también siguió formulando mucho", comenta Belén del Campo. La práctica habitual en las farmacias ha cambiado mucho desde aquellas primeras décadas, entre Proaza y el traslado a Oviedo. "Antes no había casi medicamentos, se formulaba casi todo, de hecho recibieron muchos premios. El las llamaba especialidades de la casa y las patentaba. Nosotros seguimos formulando, pero ahora se formula solo lo que no existe, justo al revés que antes", comenta la farmacéutica, a la que tocó lidiar con el cambio que supone la receta electrónica. "A la gente le supuso un cambio grande. No entienden que en la farmacia no podemos cambiar nada, la receta electrónica es algo que maneja el médico".

Interior de la farmacia, con un guiño a Oviedo en el cristal superior. / Mario Canteli
La farmacia Estrada también ha conocido diversos emplazamientos hasta el actual, en el número 8 de la calle Palacio Valdés aunque cuando llegó a esta ubicación, hace unos setenta años, aproximadamente, se llamaba calle de Las Dueñas, en alusión a que las monjas de SanPelayo eran las propietarias de varios terrenos en ese entorno del casco urbano ovetense, cerca de la iglesia de San Juan. "Fue pasando por distintos sitios. Empezó en lo que es ahora la esquina de la calle El Peso, el entorno de la plaza del Ayuntamiento, y luego el siguiente local estuvo enfrente del Campoamor, donde el Starbucks. Pero en el sitio actual han trabajado cuatro generaciones", abunda Belén del Campo. Y las tres últimas generaciones han sido de mujeres: "Primero mi abuela,luego mi tía y ahora yo. Los dos primeros, el tatarabuelo y el bisabuelo fueron varones, en esos tiempos estudiaban los hombres. En la orla de mi abuela hay muy pocas mujeres, la gran mayoría son hombres. Ahora, es la tendencia inversa", comenta.

Belén del Campo, con dos de los miembros de su equipo, Pablo Suárez y Clara Sevillano, ante la farmacia de la calle Palacio Valdés / Mario Canteli
"Hacer de psicólogos"
Belén del Campo estaba en Madrid cuando su tía tuvo que vender la farmacia. "Mi intención inicial era quedarme allí unos años, pero mi tía cumplía 70 años y aquí te obligan a jubilarte a esa edad, es el único sitio de España donde hacen eso. Así que tenía que ser ya o ya.Podía esperar por mis padres, que también tienen farmacia, pero vine porque me daba pena que esa farmacia, que viví de pequeña, se vendiera fuera de la familia. Llámalo nostalgia o romanticismo, no sé", abunda la titular de la Farmacia Estrada. Casi 140 años de historia, con la pandemia del covid entre esa existencia, dan para muchísimas anécdotas. "Al estar de cara al público hay de todo. Ya por tener una cruz en el escaparate, en cuanto hay alguna urgencia, es al primer sitio al que viene la gente, es una reacción normal". La pandemia marcó un punto de inflexión en las oficinas de farmacia: "La gente mayor que vive sola estaba encerrada, muertos de miedo con no salir de casa. Tuvimos que hacer un poco de psicólogos".
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