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Las jornadas gastronómicas del Antroxu arrancan con decenas de reservas en Oviedo: "Es una tradición"

El buen tiempo animó a los ovetenses a salir a comer y el pote fue el gran reclamo del estreno en la capital del Principado

Raúl Lobaco, Robert Cosialls, Iván Villar y Pablo Longarela reponiendo fuerzas después del entreno.

Raúl Lobaco, Robert Cosialls, Iván Villar y Pablo Longarela reponiendo fuerzas después del entreno. / Luisma Murias

Oviedo

Volvió el olor a pote caliente, la contundencia del picadillo y ese desfile de postres tradicionales que en Oviedo marca el inicio de las jornadas gastronómicas del Antroxu. Después de semanas pasadas por agua, aprovechando el buen tiempo, la gente se animó a salir a comer por los restaurantes de la ciudad y, aunque en la capital del Principado era día laborable, el tirón se notó desde primera hora. En muchos locales ya se contaban decenas de reservas para un arranque que empezó a llenar comedores y confirmó que la fiesta también se celebra a mesa puesta.

Celso Martínez y Vidal Sáez, dos amigos que disfrutan de su jubilación después de décadas trabajando codo con codo, llevan medio siglo yendo a comer el menú del Antroxu juntos. Durante años visitaban los alrededores de Oviedo, especialmente la zona de Llanera, porque les gustaba la preparación que hacían con las verduras y el embutido del pote. Pero, en esta edición, decidieron reservar mesa en "La Pumarada". "Es una tradición. A mí lo que más me gusta es el compango, pero lo suyo es el dulce. Las casadiellas y el arroz con leche le vuelven loco", confesó Sáez, mientras su compañero rebuscaba en la perola que presidía la mesa.

Los más veteranos disfrutan de esta tradición, pero aquellos que no llevan mucho tiempo en la ciudad también se animan. Raúl Lobaco, Robert Cosialls y Pablo Longarela, jugadores del Alimerka Oviedo Baloncesto, repusieron fuerzas después del entrenamiento de la mañana con el picadillo de "El Dólar". Tienen muy buena relación con Iván Villar, cocinero del establecimiento situado en la plaza Porlier, y van muchas veces a comer allí. No se podían perder estas jornadas. "Nos dijeron que este menú estaba muy bueno y venimos a probar. Aprovechamos para venir hoy porque no tenemos entrenamiento por la tarde, así que, cuando acabemos de comer, podremos echar una buena siesta", dijo Lobaco entre risas.

La gran mayoría va en grupo, pero también los hay que se escapan para inaugurar las jornadas en solitario. Vicente González nunca se pierde ninguna jornada gastronómica y, si se tiene que quedar con unas, se queda con las del Antroxu. "Me gusta el picadillo, pero puedes comerlo en casa cualquier día. Lo que hace verdaderamente especial el menú es el pote; pocas veces te encuentras uno hecho con mimo como este", destacó González, mientras disfrutaba del menú en "La Finca".

Para los propietarios y los trabajadores de la hostelería son días "duros", pero "muy satisfactorios". "Los primeros días hay gente, pero es más tranquilo. El fin de semana venimos mentalizados, sabes a la hora que entras, pero no cuándo sales. La verdadera satisfacción es terminar el servicio sin percances", afirmó Ignacio Pérez, camarero de "La Finca". "Todo lo que hace para incitar a la gente a salir está bien. Lo más complicado son los postres, aquí los hacemos caseros y nos llevan mucho tiempo", concluyó Jaime Álvarez, dueño de "La Pomarada".

La cocina económica se suma a la fiesta

La Cocina Económica de Oviedo se sumó a las celebraciones del Antroxu. Los trabajadores decoraron el comedor para la ocasión, pusieron música y se disfrazaron de piratas para animar el ambiente en un día señalado en el calendario. Todas las personas que acudieron disfrutaron de un menú en el que el primero fueron unas alubias con un toque picante, el segundo, lomo de cerdo con patatas, y de postre tuvieron diferentes tipos de fruta para elegir.

Voluntarios de la Cocina Económica disfrazados de piratas.

Voluntarios de la Cocina Económica disfrazados de piratas. / Luisma Murias

"Fue una iniciativa que nació de los propios trabajadores, con el impulso y la complicidad de las monjas, y la verdad es que salió todo muy bien: fue un día diferente y bonito para la gente. Otros años decorábamos, pero esta vez decidimos dar un paso más y disfrazarnos de piratas; el ambiente cambió por completo y se notó que la sorpresa y las ganas de pasarlo bien se contagiaron enseguida", destacó Florentino Menéndez, cocinero de la Cocina Económica de Oviedo, muy contento por la iniciativa.

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