Cuatro detenidos por la reciente oleada de robos (más de 20 en dos meses) en uno de los barrios más poblados de Oviedo
Todos los arrestados responden al mismo perfil: drogodependientes con un amplio historial delictivo que buscan dinero rápido para consumir sustancias

Chema Trabadelo frente a su negocio, el último asaltado por los ladrones / F. V.
Pumarín parece haber encontrado la calma tras semanas de persianas forzadas y cristales hechos añicos. La Policía Nacional comunicó a los colectivos vecinales del barrio que en las últimas fechas ha detenido a cuatro personas por su presunta implicación en la reciente oleada de robos que, desde el pasado mes de diciembre, había sembrado la inquietud entre hosteleros y comerciantes del barrio ovetense. Las detenciones suponen un importante golpe contra una dinámica delictiva que acumulaba alrededor de una veintena de asaltos.
El encuentro celebrado en el cuartel de Buenavista sirvió para trasladar ese mensaje de alivio. Representantes de las asociaciones vecinales Paulino Vicente y Fuente Pando de Pumarín se reunieron con tres mandos policiales para analizar la situación y conocer de primera mano el resultado del refuerzo desplegado en la zona. Según explicaron los agentes, la intensificación de las patrullas camufladas durante la noche ha dado sus frutos: además de las cuatro detenciones, se realizaron varias identificaciones de sospechosos que encajarían en el mismo patrón.
El perfil de los arrestados, detallaron, se repite. Se trata de personas con problemas de drogadicción, multirreincidentes y viejos conocidos de los agentes, que buscan dinero rápido para consumir sustancias. «Es un problema cíclico, ya hace un año tuvimos un problema similar por estas fechas», señala Santiago Camporro, portavoz de la asociación Paulino Vicente. La fotografía, añade, no es nueva, pero sí preocupante cuando se concentra en pocas semanas.
El modus operandi también resultaba familiar para los investigadores. Los asaltantes, en su mayoría españoles, actuaban de madrugada. Utilizaban objetos contundentes para fracturar escaparates o ventanas, accedían al interior y, en cuestión de minutos, rebuscaban la caja registradora o cualquier objeto de valor. Dinero en efectivo, dispositivos electrónicos o incluso botellas de bebidas alcohólicas formaban parte de un botín rápido con el que huían en busca de droga.
La oleada había desatado el enfado de comerciantes y hosteleros, que llegaron a contabilizar más de dos decenas de robos en apenas dos meses y a plantear constituir patrullas vecinales ante la creciente sensación de desprotección. Algunos locales sufrieron intentos reiterados en noches consecutivas; otros, cuantiosos daños materiales, aunque no hubiera dinero en efectivo en la caja. También se registraron asaltos en viviendas de calles próximas, lo que amplificó la inquietud.
Tras la reunión en Buenavista, el tono cambió. Los colectivos vecinales salieron «tranquilos» al conocer los resultados del operativo y el compromiso policial de mantener la presión en las calles. La consigna es clara: reforzar la presencia y fomentar la colaboración ciudadana. «Nos dijeron que, si vemos a alguien sospechoso, avisásemos sin dudar, aunque luego no pase nada», trasladan desde las asociaciones. En Pumarín, al menos por ahora, la noche es un poco más segura.
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