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Oviedo, a pie de calle

De aldea medieval de Oviedo a campus y a barrio privilegiado de orientación sur que acaba de cumplir cuarenta años

El Parque de Invierno combina un vecindario donde el 40 por ciento del censo tiene más de 65 años con una importante población estudiantil flotante, que disfruta la segunda mancha verde del Oviedo urbano

Torres residenciales del Parque de Invierno

Torres residenciales del Parque de Invierno

Parque de Invierno

Todo empezó en una aldea medieval que acabó siendo engullida con el paso de los siglos y habría estado en las calles donde se construyeron las primeras residencias universitarias de la ciudad. El Parque de Invierno comenzó a consolidarse como barrio residencial cuatro décadas atrás, con una ubicación privilegiada entre el principal acceso de Mieres y la ronda sur. Su principal tesoro es el parque que le da nombre, el segundo mayor de Oviedo, auténtico pulmón de la zona sur del casco urbano. Un espacio privilegiado y de esparcimiento al aire libre para los 4.100 habitantes de un vecindario donde los mayores de 65 años casi multiplican por cuatro a los menores de 19 años.

Las calles que hoy forman el barrio residencial del Parque de Invierno, delimitado por las calles Muñoz Degraín y Pedro Masaveu hasta el emplazamiento de la Casona de la Montaña, en la zona sureste del propio parque, fueron el contorno de la aldea de Perera, de la que hay constancia en el año 1045, por un documento de la Catedral, según detalla José Tolivar Faes en «Nombres y cosas de las calles de Oviedo». Debía ser un vecindario peleón y reivindicativo porque en 1361 se negaba a pagar el portazgo en Olloniego, «alegando para ello ser vecinos de Oviedo». Más tarde, ya en el siglo XVI, Tirso de Avilés ubicaba «el solar de Perera en el concejo de Oviedo fuera de la dicha ciudad».

Una pareja observa los terrenos del Parque de Invierno, en 1985

Una pareja observa los terrenos del Parque de Invierno, en 1985 / LNE

El caminante contemporáneo que va hacia la Senda de Fuso bien puede imaginar aquella aldea extramuros en los alrededores de los campos de deporte de la Fundación Masaveu y del mismo Parque de Invierno, aunque ya borrada de la faz ovetense por las calles Valdés Salas, donde la Universidad de Oviedo levantó sus colegios mayores, y Cardenal Cienfuegos. Cerca estaban la iglesia y el convento de las Carmelitas, fundado en 1882 y terminado de construir dos décadas después, frente a donde se levantó el Instituto de las Adoratrices, fundado por la Madre Sacramento -de abuela praviana-, que primero había estado en la calle Campomanes y luego fue a parar a lo alto de la calle Sacramento, en las inmediaciones del Viejo Cementerio de Oviedo, sobre el que se levantó el Seminario en 1943. Aquella zona totalmente despoblada fue «bautizada» como plaza del Carmen en el pleno del Ayuntamiento del 3 de diciembre de 1925.

Pero llegó la Guerra Civil e hizo añicos aquella iglesia de grandes dimensiones y estilo neogótico y su convento de altísimos muros, así como el vecino convento de las Adoratrices. El nido de ametralladoras que todavía conserva el Parque de Invierno deja testimonio de uno de los principales escenarios del sitio a Oviedo. Las edificaciones de las Carmelitas y de las Adoratrices fueron reconstruidos para acabar corriendo una suerte similar, si bien durante décadas el entorno se mantuvo inalterable, con la plaza del Carmen como cruce de caminos.

Cruce de Muñoz Degrain con la calle Sacramento, donde estuvo la plaza del Carmen y los conventos de las Carmelitas y las Adoratrices

Cruce de Muñoz Degrain con la calle Sacramento, donde estuvo la plaza del Carmen y los conventos de las Carmelitas y las Adoratrices / Irma Collín

El dibujo urbanístico comenzó la metamorfosis de esa zona en el último cuarto del siglo XX. Llegaba el momento de liberar suelo para las grandes promociones residenciales que coronan el actual barrio del Parque de Invierno. Primero se demolieron el convento y la iglesia carmelitas, que se fueron a Fitoria, y en la segunda mitad de la década la piqueta finiquitó la vieja residencia de las Adoratrices. También llegó en 1983 la ronda sur.

Este cúmulo de novedades en el urbanismo local materializó un nuevo eje circulatorio a través de las calles Muñoz Degráin y González Besada, particular línea Maginot del sureste ovetense: a un lado el tráfico en las calles más próximas al casco urbano y el de salida a la carretera de Mieres, al otro, la expansión hacia el campus universitario de Los Catalanes y los nuevos edificios residenciales con zonas verdes interiores y el esponjamiento del Parque de Invierno, el segundo más extenso de Oviedo, con una superficie de más de 171.000 metros cuadrados, solo por detrás del Pura Tomás en Monte Alto.

Un jubilado camina por el puente de madera del Parque de Invierno

Un jubilado camina por el puente de madera del Parque de Invierno / Irma Collín

Un nombre que suscita una pregunta básica. ¿De dónde viene el origen del Parque de Invierno? La denominación fue aprobada hace justo ahora 57 años, el 28 de febrero de 1969, para la avenida que nacía en González Besada y terminaba en la Fundación Masaveu. Son muchos los ovetenses que recuerdan la enorme explanada, zona de juegos asfaltada para los niños de los edificios de, por entonces, reciente construcción, en la que tuvieron sede las barracas de las fiestas ovetenses en los años ochenta y también espacio de paseo para mayores, alejado del mundanal ruido y del tráfico al otro lado de esa peculiar Maginot. El Parque de Invierno no es un topónimo con ADN ovetense, sino más bien basado en el nombre genérico de espacios verdes pensados para frecuentar en los meses de frío y lluvia por sus caminos accesibles, vegetación resistente y con terrenos aptos para actividades invernales como, por ejemplo, caminar. Un espacio privilegiado para el disfrute del vecindario que comenzó a poblar la zona en los años ochenta atraído por la orientación sur que vendían con gran énfasis las promotoras de la época, pero también para ovetenses de otras zonas que encontraron una nueva gran área de esparcimiento.

El campus de los Catalanes es otro de los enclaves singulares de la zona. En este caso, el topónimo obedece a la presencia previa en la zona de la Quinta de los Catalanes. Los terrenos fueron comprados en el siglo XIX por un catalán que instaló allí un cortijo y luego vendió la propiedad a dos hermanos, también catalanes, que montaron allí una gran ganadería, dando pie a que el Oviedo de la época bautizase el paraje como la Quinta de los Catalanes. Conocido en la Guerra Civil como «el sector de los Catalanes» fue escenario de intensos combates, que arrasaron, por ejemplo, el convento carmelita. De los años de la posguerra data la construcción de los primeros colegios mayores, germen universitario de un campus donde actualmente está la Escuela Superior de Informático y donde también se cursa el grado de Deportes, además de albergar una amplia y completa área deportiva.

Zona deportiva del campus de los Catalanes

Zona deportiva del campus de los Catalanes / Irma Collín

Muchos vecinos que llegaron mediada la década de los ochenta al privilegiado barrio residencial para asentarse con su familia conforman hoy el grueso de la actual pirámide demográfica del Parque de Invierno, según los datos municipales. Es uno de los barrios urbanos menos poblado, con 4.100 vecinos, donde los mayores de 65 años suponen nada menos que el 40 por ciento, mientras que los 490 menores de 19 años representan el 12 por ciento del total. Las horquillas de edad más numerosas son las comprendidas entre los 65 y los 74 años, con 756 personas. Es decir, uno de cada cinco vecinos del Parque de Invierno se mueve en ese rango de edad. Asimismo, el Parque de Invierno es uno de los barrios ovetenses con menos peso de la población extranjera al contabilizar 292 ciudadanos procedentes de 49 países, que representan apenas el siete por ciento del total del vecindario. Las comunidades con mayor presencia son la colombiana (44 nacionales), la venezolana (29), la rusa (18) y las procedentes de Cuba y Estados Unidos, ambas con 15. Un censo que, muy probablemente, no contabilice la población estudiantil flotante que llega por la academia del MIR y el campus.

El paso del tiempo también se refleja en los nuevos usos de los equipamientos públicos presentes en el barrio y su entorno. El Principado ha decidido adecuar una parte de lo que fue el antiguo Centro Materno Infantil, concebido en sus orígenes como lugar de acogida y atención a madres solteras, en Centro de Atención Integral a pacientes de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) en fase avanzada de la enfermedad. La previsión es que las obras y equipamiento de esta iniciativa, presupuestada en 3,3 millones de euros, estén rematadas a lo largo de este año para dar respuesta a una reivindicación histórica de las familias afectadas por esta dura enfermedad.

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