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El "antídoto" de Oviedo para combatir la soledad no deseada: así será la red de voluntarios que la capitalidad cultural quiere dejar como legado

Una iniciativa ideada por la candidatura a la capitalidad cultural, formará a los mayores como guías de los visitantes a los eventos de la ciudad

Dos bailarines delante de la lona promocional de la candidatura a Capital Europea de la Cultura 2031 en la plaza de la Catedral.

Dos bailarines delante de la lona promocional de la candidatura a Capital Europea de la Cultura 2031 en la plaza de la Catedral.

Lucas Blanco

Lucas Blanco

La candidatura de Oviedo a Capital Europea de la Cultura 2031 quiere convertir la participación ciudadana «en un pilar esencial del proyecto» a través de la creación de una red de voluntariado concebida como «motor de cohesión social y antídoto frente a la soledad no deseada». Inspirada en experiencias de acompañamiento y escucha del tejido social asturiano, la iniciativa busca ir más allá de la colaboración puntual para consolidar un modelo de cuidado colectivo que refuerce el bienestar emocional, amplíe públicos y deje un legado duradero en el territorio.

El proyecto se enmarca en la carrera que mantiene la capital asturiana por el reconocimiento, un proceso cuya primera defensa tendrá lugar el próximo 11 de marzo en Madrid, en la sede del Ministerio de Cultura. Oviedo competirá con Burgos, Cáceres, Granada, Jerez de la Frontera, Las Palmas de Gran Canaria, Palma, Potries y Toledo, en una fase en la que solo algunas candidaturas superarán el primer corte del jurado internacional. Bajo el concepto de la «amabilidá», el equipo ovetense defiende una propuesta que sitúa a las personas en el centro y que entiende la cultura como herramienta de transformación social.

En esa lógica se inscribe la red de voluntariado que comenzará a desarrollarse este año. El planteamiento parte de una idea sencilla pero ambiciosa: «escuchar, acompañar y participar». Los responsables del proyecto han tomado como referencia iniciativas consolidadas en el ámbito social asturiano, como el Teléfono de la Esperanza o Cáritas, «entidades que durante décadas han demostrado el valor del acompañamiento como sostén comunitario», explica la coordinadora territorial de la candidatura, Zoe López.

«La candidatura entiende el voluntariado no solo como apoyo logístico para eventos culturales, sino como un espacio de acogida y relación que contribuya al bienestar emocional de la ciudadanía», explican. En una comunidad que afronta retos como el envejecimiento y la dispersión territorial, la red aspira a convertirse en un punto de encuentro intergeneracional capaz de tejer vínculos y combatir la soledad no deseada, uno de los fenómenos sociales que más preocupa a instituciones y entidades sociales.

Uno de los ejes fundamentales será el cuidado de las propias personas voluntarias. El modelo que se está definiendo contempla programas de formación específicos, espacios periódicos de encuentro y actividades destinadas a fortalecer el grupo y favorecer el bienestar de quienes participan. La experiencia acumulada.

La formación será otro de los pilares. Las personas que se sumen a la red recibirán capacitación adaptada a distintos ámbitos de participación: desde la acogida de públicos en eventos culturales hasta la mediación artística, el acompañamiento en actividades comunitarias o el apoyo en proyectos de barrio: «El objetivo es dotarlas de herramientas prácticas, reforzar sus capacidades comunicativas y garantizar que la experiencia resulte enriquecedora tanto para quienes colaboran como para quienes se benefician de su labor».

La red se articulará en colaboración con entidades y plataformas ya activas en Asturias: organizaciones sociales y vecinales, fundaciones vinculadas al deporte, centros educativos y entidades humanitarias. También se prevé trabajar con el Portal Europeo de la Juventud para facilitar la llegada de voluntariado europeo, reforzando así la dimensión internacional del proyecto y el intercambio cultural.

Formación

Especial relevancia tendrá la mediación cultural intergeneracional. Las personas mayores están llamadas a desempeñar un papel activo en la acogida y el acompañamiento de visitantes. Para ello recibirán formación específica en cultura contemporánea y mediación artística que les permita ejercer como anfitriones y transmisores de la identidad local. La iniciativa persigue no solo ampliar públicos, sino empoderar a un colectivo que a menudo queda al margen de los procesos culturales más innovadores.

Además, el voluntariado participará desde las fases iniciales en la propia programación cultural, favoreciendo que la candidatura sea un proceso abierto y compartido. La implicación directa de la ciudadanía busca reforzar el sentimiento de pertenencia y convertir la capitalidad en algo colectivo, más allá de una agenda de grandes eventos.

El propósito final es que la red no desaparezca una vez concluido el proceso de selección o, en su caso, el año de capitalidad. La aspiración es consolidar una estructura estable que permanezca como legado social. Porque, en definitiva, según explican, «una capital cultural no se construye solo con infraestructuras o espectáculos de gran formato», sino «con personas que escuchan, que acompañan y que hacen de la participación una forma de cuidar el lugar en el que viven». Entendido así, el voluntariado es también una forma de cultura: una cultura de la amabilidad que sostiene todo lo demás y que aspira a dejar huella más allá de 2031.

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