Emilio Sánchez Álvarez, director de Nefrología del HUCA: "El diagnóstico de enfermedad renal crónica solo necesita una muestra de sangre y de orina; hacer esto cuesta 90 céntimos"
"En dos o tres años va a disminuir mucho el número de personas que necesiten diálisis", asegura el presidente de la Sociedad Española de Nefrología

José Emilio Sánchez Álvarez, en Oviedo. / Miki López

José Emilio Sánchez Álvarez (Oviedo, 1967) es el director de la unidad de gestión clínica de Nefrología del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Asimismo, preside la Sociedad Española de Nefrología. Y es profesor asociado de la Facultad de Medicina. En esta entrevista, explica la situación de una especialidad que vive un momento dulce en cuanto a nuevas terapias y que se apresta a poner en marcha el sueño de tantas disciplinas médicas: cribados para la detección precoz que permitan, en el caso de la enfermedad renal, retrasar o incluso evitar la entrada en tratamientos de diálisis.
¿Qué tal le fue en la carerra de Medicina?
Complicado, sobre todo en los primeros años, porque es una parte muy teórica, con unos sistemas docentes que no eran demasiado adecuados. Era empollar por empollar. Para una asignatura tenía mil folios de apuntes. Me costó un poco al principio. Además, venía de un sistema, en el colegio Auseva, en el que había exámenes todas las semanas, con lo cual te obligaba a estudiar continuamente. Claro, empiezas en la Facultad en septiembre y te dicen que el primer examen es en febrero. ¿Para qué me voy a poner a estudiar? Luego llega y te pilla el toro. Pero desde entonces ha habido avances significativos.
¿A qué profesores recuerda de manera especial?
Tuve a Esperanza Bengoechea. Y recuerdo mucho a Luis Rodrigo, profesor de Digestivo: yendo a sus clases no tenía que estudiar. Ahora que soy profesor, lo que quiero es que la gente salga de clase con las ideas claras sobre lo básico.
¿Cómo debe ser la docencia de medicina?
Tenemos que ir, a mi juicio, a los datos relevantes, a cómo diagnosticar y cómo tratar. Intento que mis clases sean participativas, entretenidas. Ahora cuesta mucho tener a la gente joven atenta a cualquier tema. Están acostumbrados a las redes sociales, a la inmediatez…
¿Por qué eligió nefrología?
Mi favorita era cardiología. Y sigo pensando que me hubiese encantado ser cardiólogo.
Pero, cuando me tocó elegir, me habían quitado la plaza. También me gustaba nefrología y no me equivoqué. Me hace feliz, es muy amplia, tiene muchísimas áreas de interés, muchas subespecialidades… Estoy especialmente dedicado a la enfermedad renal crónica, pero luego tenemos el trasplante, la hipertensión, las piedras en los riñones, el riesgo cardiovascular, el embarazo...
¿La vertiente intervencionista va creciendo?
Estamos ampliando mucho el escenario con la realización de biopsias. Podemos diagnosticar muchas enfermedades solo con análisis y con radiología, sobre todo con ecografía. Pero hay otras a las que no llegamos con eso. Nececesitamos un trocito pequeño de riñón para analizar y ver qué está pasando. Una biopsia es como tener una foto desde dentro. Antes, la ecografía la hacían solo los radiólogos, pero ahora también nosotros. En nuestro servicio del HUCA tenemos seis ecógrafos, cuando hace cinco años teníamos solamente uno.
¿Qué es lo que lleva a la insuficiencia renal en el momento actual?
La hipertensión arterial, la obesidad, el tabaquismo, el sedentarismo… todo esto contribuye. Pero, si hay que decir una patología predominante, es la diabetes.
¿Los tratamientos han mejorado en los últimos 15 o 20 años?
Hay un cambio de paradigma espectacular en la enfermedad renal crónica. Desde que fui residente hasta 2022, nada había cambiado, nada. Teníamos un grupo terapéutico que se llaman inhibidores del sistema renina-angiotensina-aldosterona. Eras los medicamentos que acababan en "pril" y en "tan". Pero de 2022 a 2024 salieron otros tres grupos terapéuticos, cada uno con sus especificidades y todos compatibles unos con otros, que hacen que hoy en día haya gente que sueñe con diálisis cero. Se confía en que la curva de pérdida de la función renal, que hasta ahora era en vertical hacia abajo, casi se horizontalice y pueda llegar un momento en el que la diálisis no sea necesaria. Pienso que no va a llegarse a tanto, pero sí creo que en dos o tres años va a reducirse significativamente el número de personas que necesiten tratamiento renal sustitutivo. En contra de esto solo hay una cosa: que cada vez vivimos más y que, cuanto mayores somos, peor es la función renal, sin necesidad de que haya enfermedad.
¿Qué sucederá?
Pienso que vamos a conseguir que no aumente mucho más el número de personas en diálisis y que, gracias al programa de trasplante renal en España, un ámbito en el que en España somos líderes mundiales, en los próximos años el futuro de la función nefrológica será mucho mejor.
¿En Asturias se dispone de todas las novedades terapéuticas?
Sí, estamos muy bien posicionados, tenemos todo. Y en algunos aspectos somos líderes, especialmente en diálisis peritoneal.
La diálisis peritoneal en el propio domicilio está en alza…
Es que el Ministerio de Sanidad ha recogido este guante y ha aprobado en el Consejo Territorial que, antes de 2028, el 30 por ciento de los pacientes en diálisis en España estén en diálisis peritoneal. Esto significa un gran avance.
¿Y la opción de la hemodiálisis?
Puede hacerse en el hospital y también en casa. Hay gente que piensa que el hospital es el mejor sitio, pero la realidad es que es el peor. Desde
que acabas una sesión, hasta la siguiente, que son un día sí y un día no, no haces más que acumular agua y toxinas. Luego, en cuatro horas sacan de los riñones todo el líquido de golpe. Estás continuamente mejorando y empeorando, con la tensión por los suelos, te vas mareado y vomitando para casa.
¿Y la domiciliaria?
La diálisis domiciliaria consiste en introducir un líquido en la tripa, en el peritoneo, y ese líquido va trabajando. Tú ni te enteras, ni te duele, ni te molesta. Y no digamos nada de los desplazamientos al hospital en días alternos si vives lejos y usas una ambulancia que hace un recorrido determinado… No es vida… Y para el sistema sanitario resulta muy costoso porque requiere muchas enfermeras y auxiliares.
Una pregunta que mucha gente se hace. ¿Por qué, necesitando un riñón, tenemos dos?
En la fase embrionaria tenemos sólo un riñón que está en la zona de la vejiga. Luego, según se va desarrollando el feto, hay como una señal que hace que se divida en dos. Tenemos dos porque los necesitamos para eliminar la gran cantidad de toxinas que produce el cuerpo.
Pero con uno solo se puede vivir…
Sí que se puede vivir, pero ese riñón se va a estropear mucho antes que si tuviéramos dos. Salvo que hayas nacido con uno solo, algo que sucede a más gente de lo que se cree, lo que pasa es que nadie lo comprueba porque no se hace una ecografía. Yo soy presidente de la Sociedad Española de Nefrología y nunca me he hecho una ecografía, con lo cual presupongo que tengo dos riñones, pero no lo sé a ciencia cierta…
A los trasplantados les basta con uno, y los donantes vivos se quedan con uno…
Cuando un donante cede dos riñones, beneficiamos a dos personas. Sería mucho mejor trasplantar los dos riñones, pero beneficiaríamos a menos personas.
A la persona a la se le implanta un riñón nuevo no se le quita el suyo. ¿No se deteriora?
No sólo no se estropea, sino que durante un tiempo ayuda al nuevo. Con los años sí que se va secando. Donar un riñón es una buena opción. Es la mejor opción para el enfermo. Primero, porque la mayor parte de las veces no llega a entrar en diálisis. Y después porque el trasplante se realiza con todo organizado para tal día a tal hora, con todos los profesionales frescos, en el mejor momento… En cambio, el trasplante de cadáver ocurre cuando ocurre, lo cual no quita que sea muy útil e importante…
El urólogo Miguel Hevia, experto del HUCA en trasplante renal, proclama allí a donde va que los donantes vivos de riñón duran más años que la media de la población…
Cuando eres donante, se te instruye en hábitos saludables y sueles cumplirlos… Si yo te pongo en alerta y tú eres una persona sensata, y quien ha donado un riñón suele ser sensato, pues asumes esas recomendaciones…
¿Cómo fue el salto a liderar la especialidad de nefrología en España?
Es una carrera de muchos obstáculos. Cuando me preguntan esto, me gusta hacer una mención al esfuerzo. Vivimos en una sociedad en la que el esfuerzo no está valorado, en la que todo da igual, sobre todo en el sector público. "Si ya tengo plaza, qué más me da?". Vengo de una familia absolutamente convencional en la que mis hermanos y yo somos la primera generación de universitarios. Por suerte, hemos tenido una vida fácil en el sentido que, para mí, la peor decisión ha sido ver qué carrera escojo. Pero, aparte de eso, lo demás ha sido esfuerzo. Haces la carrera, apruebas el MIR, eliges especialidad…. Cuando yo la acabé, en 1997, no había muchas salidas laborales en Asturias y me fui a trabajar a Canarias.
¿Y qué tal?
Allí estuve nueve años y medio. Me llamaron para una cosa muy interesante en Arriondas, y retorné. Y después al HUCA, a Cabueñes y de nuevo al HUCA. En cuanto a la Sociedad Española de Nefrología, una clave es que siempre me han gustado mucho la epidemiología, los números, los registros, saber por qué ocurren las cosas... Inicialmente, fui el representante de Canarias en los registros de enfermedad renal. Y cuando me vine para Asturias me ofrecieron llevar el de aquí. Luego hubo una presidenta de la Sociedad Española de Nefrología, María Dolores del Pino, que me ofreció llevar los registros de toda España. Entré en la junta directiva de la Sociedad y estuve en esa posición seis años. Después necesitaban a alguien que se postulase para presidente, y me animaron, sobre todo por mi capacidad para las relaciones sociales, por la manera que tengo de acercarme a la gente. Yo me llamo a mí mismo facilitador. No me considero ni líder ni el mejor en nada, pero sí que me empeño en facilitar que las cosas ocurran. Soy presidente y, en noviembre, termino el mandato y paso a ser vicepresidente porque así me lo ha pedido la futura presidenta, María José Soler. Mi idea era acabar el mandato y dejarlo, pero es buena amiga, me lo ha pedido y seguiré tres años más de vicepresidente. Y luego se acabó.
¿Qué tal la experiencia como presidente?
Brutal, porque significa estar en el meollo de la toma de decisiones, y eso es muy atractivo. Y estar en la nefrología en el momento culmen de la especialidad en cuanto a desarrollo de tratamientos es fantástico. Mi mandato ha coincidido con el mejor momento mundial mejor de la nefrología. Además, el Ministerio de Sanidad se ha volcado con nuestra especialidad. Puedes defender a tu especialidad en el Congreso y en el Senado, donde he podido explicar todo esto de la salud renal y de la diálisis peritoneal. Estás donde se cuece el futuro.
Se va a poner en marcha una estrategia nacional de cribado de cáncer renal…
Es una estrategia nacional del Ministerio de Sanidad que se ha llevado a las comunidades autónomas. Este mes que viene, en el Consejo Interterritorial, va a aprobarse todo el aspecto técnico. Al igual que en cáncer o en otras patologías, en la enfermedad renal necesitamos un diagnóstico precoz, tenemos que ir a buscar a las personas que van a desarrollar enfermedad renal crónica, que sabemos quiénes son. Son personas de más de 60 años, la inmensa mayoría, diabéticos, hipertensos, obesos, fumadores... Vamos a ir a buscarlos, no vamos a esperar a que vengan. Una cuestión muy importante: en esta estrategia, los auténticos protagonistas no vamos a ser los nefrólogos, sino los médicos de atención primaria. Nosotros tenemos que ir de la mano de ellos. En España hay más de siete millones de personas que tienen enfermedad renal crónica. Los servicios de nefrología no podemos atender a siete millones de pacientes, no tenemos esa capacidad.
¿Cómo se hará?
El diagnóstico de enfermedad renal crónica sólo necesita una muestra de sangre y una muestra de orina, y con eso sabemos qué va a pasar. Hacer esto cuesta 90 céntimos. ¿Algún asturiano se merece quedar sin diagnóstico de enfermedad renal crónica por 90 céntimos?
¿Eso entra en las analíticas convencionales?
Sí, en la sangre se analiza la queratinina. Y luego hay que analizar la albuminuria en la orina. La sangre te da la función renal actual y la orina te da la de dentro de cinco años.
¿Cuántos enfermos renales hay en Asturias?
Según los estudios epidemiológicos, la estimación general es el 15 por ciento de la población. En Asturias, quizá algo más, o sea, por encima de 150.000 personas. Y tenemos más de 1.500 personas en tratamiento renal sustitutivo, entre diálisis y trasplante. Pronto vamos a saber cuántos son, porque estamos trabajando con las sociedades asturianas de laboratorio, especialmente con Maria Prieto, jefa del Laboratorio del HUCA, porque a partir de las muestras de sangre, y hay millones analizadas, vamos a ver cuántos asturianos tienen enfermedad renal crónica. Vamos a saberlo este mismo año.
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