Un ladrón huye de la cocinera tras ser sorprendido en pleno asalto a un bar de Oviedo: "Es más el destrozo que hacen que nada"
El barrio de Pumarín acumula al menos media decena de robos en apenas 48 horas a pesar de las recientes detenciones de la Policía Nacional

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Lucas Blanco
En Pumarín, donde el madrugón es religión y el café empieza a correr antes de que amanezca, el martes trajo más sobresalto que churros. Pasaban unos minutos de las cinco y media cuando un estruendo quebró la rutina en la cafetería Pertierra, en la calle Luis Braille, a escasos metros del campus del Milán. El protagonista, lejos de ser un cliente con prisa, fue un ladrón con pocas luces y menos puntería.
El asaltante, según muestran las grabaciones de las cámaras del establecimiento, no se anduvo con sutilezas: arrancó una rejilla del sistema de saneamiento de la calle y, con ella a modo de ariete improvisado, reventó la puerta del local. Dentro no buscó la caja registradora ni las botellas alineadas tras la barra. Su objetivo era otro: un teléfono público “vintage” que la cafetería conserva desde hace años como pieza casi decorativa, reliquia de otra época en la que las monedas servían para algo más que para el carro del supermercado.
En cuestión de segundos, el caco la emprendió a golpes contra el aparato, convencido quizá de que guardaba un pequeño tesoro en su interior. Lo zarandeó, lo aporreó y lo sacudió con insistencia, pero el teléfono —más duro que muchos de los clientes que han pasado por la barra— resistió el envite sin soltar una sola moneda.
Mientras tanto, al otro lado del mostrador, la jornada ya había empezado. La cocinera preparaba los pinchos con la campana extractora a pleno rendimiento, ajena en un primer momento al concierto de golpes. “Le costó escucharlo porque tenía la campana extractora puesta, pero cuando salió, el ladrón salió despavorido”, relata Antonio Pertierra, dueño del negocio. La escena duró apenas unos instantes: ella asomó; él, al verse descubierto, puso pies en polvorosa.
El balance fue tan pobre para el asaltante como costoso para el hostelero. No se llevó nada. Ni monedas del teléfono, ni efectivo, ni botellas. Solo dejó tras de sí la puerta destrozada y varios daños materiales. “Es más el destrozo que te hacen que nada”, lamenta Pertierra, que suma este episodio a una racha que tiene en vilo al barrio.
Oleada de robos
El intento de robo encaja, según los comerciantes, en la oleada que desde diciembre ha golpeado a uno de los barrios más poblados de Oviedo. En apenas 48 horas, denuncia el hostelero, entraron al menos en una peluquería, en una tienda de informática, en una panadería y en dos pisos. Persianas forzadas, cristales hechos añicos y cajas registradoras vaciadas forman parte de un paisaje que se ha repetido más de una veintena de veces en dos meses.
La pasada semana, la Policía Nacional trasladó un mensaje de calma tras la detención de cuatro personas por su presunta implicación en estos robos. Según explicaron a los colectivos vecinales, se trata de individuos con problemas de drogadicción y amplio historial delictivo, que actúan de madrugada y buscan dinero rápido para consumir sustancias. Un problema cíclico, reconocen en el barrio, que cada cierto tiempo vuelve a llamar a la puerta —a veces, literalmente.
En la cafetería Pertierra, mientras tanto, el teléfono “vintage” sigue en su sitio, con más cicatrices que monedas, convertido ya en símbolo involuntario de resistencia. Y en Pumarín, donde el día empieza cuando otros aún duermen, el café volvió a servirse a su hora. Con un ojo puesto en la plancha y otro, inevitablemente, en la puerta.
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