El curioso rescate de una gata en Oviedo: la felina se escondió en un motor para no ir al veterinario
El animal, que se mostró desorientado y agresivo, terminó siendo puesto a salvo por los bomberos de la capital

La gata, cuando estaba atrapada en el motor de la furgoneta. / BO
La mañana prometía ser tranquila en Oviedo… hasta que una gata decidió que su visita al veterinario no entraba en sus planes. Todo ocurrió este martes en la calle San Mateo, junto a la Ronda Sur, en el barrio de San Lázaro. Dos chicas caminaban con su felina rumbo al veterinario cuando, en un alarde de reflejos y determinación dignos de una película de acción, la minina se zafó y salió disparada. Su destino elegido para esconderse: el motor de una furgoneta estacionada. Porque si algo caracteriza a los gatos es su capacidad para encontrar el lugar más inaccesible posible.
Hasta allí se desplazaron los efectivos del Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento (SEIS) del Ayuntamiento de Oviedo, que se encontraron con una intervención poco habitual: rescate felino en modo “operación mecánica”. Primero hubo que llamar a la dueña del vehículo para advertirle de que iban a tener que “meter mano” a la furgoneta. La mujer, poco amiga de que le trastearan el motor, no se mostró especialmente colaboradora, pero la alternativa era dejar a la improvisada polizona instalada entre cables y piezas metálicas.
Gato hidráulico
Así que los bomberos pasaron a la acción: elevaron la furgoneta con un gato hidráulico y la aseguraron bien —vamos, la dejaron firmemente calzada y estabilizada para trabajar con seguridad—. Después, armados con una pistola de impacto, retiraron el cubrecárter. Todo muy profesional… salvo por el detalle de que la “rescatada” no tenía ninguna intención de facilitar las cosas.
La gata, nerviosa y en modo defensivo total, no estaba para caricias. Bufidos, zarpazos y algún que otro mordisco volaron en dirección a los guantes ignífugos. Durante unos minutos, el operativo fue una mezcla entre taller mecánico y rodeo felino.
Finalmente, lograron liberarla. Pero lejos de agradecer el esfuerzo, la minina salió como una exhalación calle abajo. Nueva escena de persecución, esta vez por la acera. Las dueñas, superadas por la velocidad y la indignación gatuna, no conseguían atraparla. Los bomberos, que ya estaban metidos en la misión hasta las orejas, la siguieron hasta que se refugió en un portal. Allí, con paciencia y algo más de estrategia, lograron capturarla y meterla de nuevo en su transportín.
Final feliz, aunque con el orgullo felino ligeramente magullado y algún que otro arañazo en el parte de servicio. En Oviedo, ya lo saben: los gatos tienen siete vidas… y los bomberos, paciencia infinita.
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