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Así es el espectacular mural de Oviedo que atrae las miradas de todos los conductores: "Está quedando precioso"

Un abuelo y una nieta, mucha paquetería y el "skyline" de la capital protagonizan la obra artística en proceso que está causando sensación en Ventanielles

El mural que se está haciendo en Ventanielles.

El mural que se está haciendo en Ventanielles.

Lucas Blanco

Lucas Blanco

Por el Bulevar de Santullano, donde la ciudad se abre como una puerta para quienes llegan por carretera, hay estos días algo que obliga a reducir la velocidad. No es una señal ni una obra: es una mirada. La de un abuelo que, desde un gigantesco mural, observa la entrada a Oviedo mientras una niña le acompaña. La escena, de trazo realista y escala monumental, está captando la atención de conductores y peatones, que no paran de girar el cuello a su paso por la calle Río Cares de Ventanielles. "Está quedando precioso", comenta la vecina Fernanda López mientras toma una foto a la obra con su móvil.

La obra es fruto de la colaboración entre el artista gijonés José Vega (Dask) y Raúl Gil, integrantes de la empresa gijonesa Dolky, y forma parte de una intervención encargada por la empresa Hegar para vestir el exterior del bajo que está transformando en trasteros con vistas a su posterior comercialización. Lo que podría haber sido una simple solución constructiva se ha convertido en un reclamo visual que ya empieza a generar conversación en la zona.

“Recurrieron a nosotros porque consideraron que sería más ventajoso y aprovechable a largo plazo un grafiti que una envolvente metálica”, explica Vega. La idea, añade, no era solo embellecer el espacio, sino también generar un entorno más respetado. “Cuando una pared tiene un trabajo artístico potente suele despertar más respeto frente a posibles actos incívicos”.

Otra parte de la obra artística.

Otra parte de la obra artística. / LNE

El mural se despliega a lo largo de la fachada que da frente a una de las entradas más transitadas de la capital asturiana. Los primeros en encontrárselo son los conductores que acceden a la ciudad por el Bulevar de Santullano. Por eso la escena principal —el abuelo y la niña— fue pensada como un golpe visual inmediato.

“Es una manera de captar la atención”, explica el artista. La mirada de ambos personajes parece buscar al visitante que llega, como si la ciudad saludara a quienes entran en ella.

Pero la pieza no se limita a ese retrato. En torno a la escena central aparecen numerosos motivos relacionados con la paquetería, un guiño directo a la función que tendrá el inmueble una vez terminada la obra: los trasteros. Cajas, etiquetas y referencias gráficas vinculadas al almacenamiento se integran en la composición con un lenguaje urbano que combina realismo y diseño.

El mural incorpora también un skyline de Oviedo todavía en proceso de elaboración. Entre las siluetas que empiezan a reconocerse destacan la de la Catedral y la del Sagrado Corazón de Jesús del Naranco, elementos que anclan la obra al paisaje urbano de la ciudad.

Mientras los artistas siguen trabajando en los detalles, la pared ya se ha convertido en un pequeño punto de parada improvisado. “Está generando mucha expectación”, relata Vega. “No para de preguntarnos gente por la obra, tiran fotos y también vídeos”.

El efecto se nota especialmente en las horas de mayor tráfico. Conductores que entran a la ciudad levantan la vista unos segundos más de lo habitual. Algunos peatones se detienen en la acera para observar el avance del trabajo, que todavía suma nuevas capas cada día.

Así, en un punto que durante años fue simplemente una pared más del acceso urbano, empieza a tomar forma un mural que convierte la llegada a Oviedo en algo distinto: una bienvenida pintada a gran escala. Y, de paso, una prueba de cómo el arte urbano puede transformar incluso los espacios más funcionales de la ciudad.

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