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Fallece el nefrólogo Carlos Prieto, hijo del histórico arquitecto ovetense Luis Prieto Bances y un apasionado de Asturias

El que fuera doctor de la Orquesta Nacional de España participó en los primeros trasplantes de riñón del país: «Era una persona entrañable»

Alfredo Canteli, el fallecido Carlos Prieto y Pilar Rojo.

Alfredo Canteli, el fallecido Carlos Prieto y Pilar Rojo.

Rosalía Agudín

Rosalía Agudín

Sus raíces eran madrileñas, pero Asturias siempre fue para él una pasión donde pasó los veranos de su vida. El sector de la medicina a nivel nacional se viste de luto. El nefrólogo Carlos Prieto falleció el jueves en la capital española, víctima de una enfermedad. Tenía 78 años. Fue una eminencia. Desempeñó su carrera profesional en el Hospital 12 de Octubre y fue uno de los primeros médicos en realizar un trasplante de riñón. Por sus manos pasaron personas de renombre y siempre tenía un mimo exquisito por cada uno de sus pacientes. Por ellos se interesaba en cada momento y los ayudaba, aunque tuviesen otro tipo de dolencias. También era el médico de la Orquesta Nacional de España, con la que viajó por medio mundo, y un melómano apasionado por la guitarra clásica. Cada verano volvía a la tierrina para disfrutar de su familia y amigos.

La familia de Prieto está íntimamente relacionada con Asturias. Era hijo del histórico arquitecto Luis Prieto Bances, que diseñó el parque del Campillín, la iglesia de San Francisco de Asís de La Gesta, popularmente conocida como «la iglesia redonda»; la rehabilitación integral del Palacio de Valdecarzana y la Real Audiencia de Asturias (actual sede del TSJA en la plaza Porlier), o los juzgados de la plaza del Carbayón. El fallecido compartía nombre con su padrino, el ovetense Carlos Prieto. Este empresario emigró a México siendo joven y acabó siendo presidente del consejo de administración de la Compañía de Hierro y Acero de Monterrey. A pesar de los éxitos al otro lado del Atlántico, mantuvo siempre su conexión con la región. Era propietario del Palacio de los Prieto de Bueño, que el Ayuntamiento de Ribera de Arriba convirtió en la Casa de las Artes.

Es por ello que toda la familia pasaba el verano allí. «Prieto venía mucho de niño y, cuando trabajaba, mantuvo su vínculo», recordó este viernes el ingeniero agrónomo Víctor Tresguerres. Prieto estudió Medicina y se casó con la oftalmóloga Pilar Rojo, que fue responsable de la Unidad de Oftalmología del Hospital Ruber Internacional durante más de dos décadas. Ambos tenían tres hijos: Jaime, Carlos e Isabel. A ellos les transmitió su pasión por Asturias y cada verano hacían las maletas para disfrutar del paraíso. «Prieto era una persona muy amable y le gustaba mucho el pueblo. Hablaba con la gente y le gustaba que le contasen cosas de las labores del campo, y con mis padres tenía muy buena relación. Siempre que venía quería que mi madre le hiciera una fabada y tenía mucha fama como médico», rememora Tresguerres.

También era familia lejana del psiquiatra Manuel Bousoño, quien destacó su relevancia en el mundo de la medicina. «Fue un nefrólogo importante y coordinador de la Universidad de Trasplantes de España», señaló. A pesar de los éxitos profesionales que cosechó, nunca se olvidó de Asturias ni de los amigos que tenía en la tierrina. «Nos llamaba cuando venía y quedábamos a comer en algún sitio de Oviedo. Era muy cercano con todos», concluyó. Prieto y Rojo tenían en propiedad una casa en Valdemora (Candamo), a la que se escapaban siempre que podían.

Gran amistad mantenía con la bailarina de flamenco e intérprete de castañuelas española nacida en México, Lucero Tena. «Carlitos» le llamaba ella de forma cariñosa. «Fue una persona adorable, entrañable y buen amigo». Cuenta que el doctor Prieto disfrutaba mucho desayunando con sus amistades. Es por ello que muchas veces acudían a primera hora de la mañana a unos grandes almacenes de la madrileña calle Serrano. «Hemos pasado muchas vivencias y era un médico maravilloso. Nos ayudaba en todo», contaba emocionada. De igual forma, amaba la música. «Era su pasión; su vida», subrayó antes de destacar que fue la propia Pilar Rojo quien el jueves le anunció su fallecimiento.

En una de las últimas visitas que Prieto hizo a Oviedo, visitó el parque del Campillín. Lo hizo acompañado de su mujer y del alcalde, Alfredo Canteli, para ver la placa que el Ayuntamiento instaló en el paseo que rinde homenaje a su padre en el pulmón verde que diseñó. «No es que lo diga yo, pero mi padre era un profesional de reconocido prestigio en toda España e incluso fuera del país, pero siempre estuvo orgulloso de todo lo que hizo en Oviedo porque, repito, era un auténtico enamorado de su tierra», comentó el fallecido durante su visita.

Sus restos fueron velados en el tanatorio de La Paz de Alcobendas. Este viernes por la tarde tuvo lugar la ceremonia de despedida y el sábado será enterrado en el cementerio de San Isidro.

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