Enseñanza solidaria en el colegio San Ignacio
El centro reúne a escolares, familias, docentes y exalumnos para recaudar fondos que destinarán a proyectos en Madagascar y el Sáhara

Por la izquierda, Lalo Anaya, Rosa Colino, María Alonso, Inés Silva, Maite Espejo-Saavedra, Raúl Martín, Vanessa Díaz, Luis Ordóñez y Javier Velasco, en el mercadillo instalado en el colegio. / Irma Collín
Alumnos del colegio San Ignacio (Jesuitas) de Oviedo, familias, docentes y antiguos estudiantes compartieron en el centro una jornada solidaria repleta de actividades. El objetivo fijado era el de recaudar fondos para dos proyectos que se desarrollarán en Madagascar y el Sáhara occidental. «Las cantidades reunidas se destinan cada año a actuaciones en el ámbito educativo», afirma Alberto Ramos, coordinador de la XVIII jornada solidaria familiar.
En la isla africana, la ONG Entreculturas y Fe y Alegría Madagascar desarrollarán un proyecto que pretende garantizar una educación integral y de calidad en seis escuelas rurales de la región de Haute Matsiatra, beneficiando directamente a 665 niños y a 41 docentes. La iniciativa, que lleva por lema «Madagascar: aula y semilla», combinará la mejora pedagógica con la formación de las familias en técnicas agrícolas «para asegurar la sostenibilidad de las escuelas en un entorno donde la pobreza extrema alcanza al 70% de la población», aseguran desde el colegio San Ignacio.
Parte de lo recaudado se destinará a un proyecto de Cáritas y la Comunidad Jesuita en el Sáhara Occidental. Se centra en ofrecer acompañamiento psicosocial y sanitario a personas migrantes en situación de gran vulnerabilidad en El Aaiún y Dajla, donde se realizaron más de 2.500 acompañamientos médicos en el último curso. Para lograr fondos se organizó la jornada solidaria familiar, cuyos preparativos comenzaron «hace tres meses», comenta Maite Espejo-Saavedra, presidenta de la asociación que reúne a las familias del centro.

Exalumnos del centro sostienen la caja en la que se depositan los donativos para financiar los dos proyectos. / Irma Collín
Después de conocer el proyecto «se contacta con las empresas que colaboran y con las familias», explica. Desde el colectivo tienen que organizar entonces la recogida de productos donados, que serán vendidos o rifados durante la jornada solidaria. Las familias aportan comida. Los diferentes platos se reúnen en una improvisada cafetería en la carpa instalada en el recinto, donde los degustan las familias.
El mercadillo
Entre las provisiones que aportan destacan, en número, las tortillas y los bizcochos, pero también hay pinchos o cupcakes. Detrás de la barra, atendiendo a los clientes, integrantes de la asociación formada por las familias y profesores como también en el mercadillo gourmet, donde se puede encontrar desde artículos del taller de costura hasta dulces o miel.

Integrantes del equipo que atendió la cafetería. / Irma Collín
Alumnos de los últimos cursos del centro educativo se integran en la organización y estudiantes que pasaron por las aulas pero que ya concluyeron los estudios en el centro. «Seguimos vinculados al colegio y en algunos casos trabajando como monitores en extraescolares», señalan María y Belén Cuevas. Acompañadas por María Jordán de Urries, Guillermo Anglada y Diego Fernández se ponen las camisetas diseñadas para la jornada solidaria para ayudar en las diferentes actividades que se desarrollan.
En el programa se incluyó la tradicional carrera solidaria, un escape room y un guateque para los más jóvenes. Con música en directo se cerró la jornada solidaria familiar. Una iniciativa que, destaca Alberto Ramos, «hace que los alumnos se sientan partícipes del proyecto» y que une a la comunidad educativa. Con estas actividades se puso el colofón a la Semana Ignaciana.
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