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Óscar Terol desata la risa "divina" en un Filarmónica de Oviedo entregado

El humorista vasco animó este sábado el teatro carbayón con su nueva propuesta, ‘¡Ay Dios!’, una sátira existencial que invita a la reflexión tras la carcajada

La actuación de Óscar Terol en el Filarmónica.

La actuación de Óscar Terol en el Filarmónica. / Irma Collín

L. B.

El Teatro Filarmónica se convirtió este sábado en el epicentro de una revelación poco común. A las 20:00 horas, Óscar Terol hizo su aparición sobre las tablas no solo como el cómico de referencia que el público esperaba, sino bajo una investidura mucho más ambiciosa: la de una divinidad encarnada que ha bajado a la tierra para hablar, de tú a tú, con los humanos de a pie.

Un espejo frente a la crisis de valores

Bajo el título '¡Ay Dios!', Terol desplegó un guion que trasciende el monólogo convencional. El espectáculo se alejó del chiste fácil para adentrarse en un terreno más pantanoso y, a la vez, fascinante: la crisis de valores y el aparente sinsentido de la sociedad contemporánea. Con un profundo respeto por el conocimiento espiritual, el artista utilizó el humor como un bisturí para diseccionar nuestras contradicciones cotidianas.

La función se estructuró como una experiencia de catarsis colectiva. Durante los noventa minutos de representación, el público pasó de la risa más física —llegando por momentos a la extenuación— a un silencio cómplice ante verdades incómodas sobre nuestro potencial personal a menudo desaprovechado.

Crónica de un cambio anunciado

Como rezaba su sinopsis, la obra jugaba con la promesa de que "algo cambiaría la historia de la humanidad". Si bien el mundo sigue girando igual fuera del Filarmónica, dentro del teatro se percibió un cambio de energía. Terol logró que los asistentes se mirasen a sí mismos con menos juicio y más benevolencia, demostrando que la comedia, cuando es inteligente, es la herramienta más eficaz para el autoconocimiento.

La velada concluyó con una prolongada ovación, confirmando que la propuesta de Terol es una pieza única e irrepetible en la cartelera actual. Una cita que, como suele ocurrir con las grandes obras, deja al espectador con la sensación de haber asistido a algo mucho más trascendente que un simple espectáculo de humor.

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