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Los fieles al parque de El Campillín de Oviedo aplauden el diálogo ofrecido por el Ayuntamiento y coinciden en la necesidad de obras

Los usuarios de la zona verde apuntan unánimemente a la falta de aparcamiento, pero difieren sobre la idoneidad de un parking subterráneo

Viandantes pasando por el parque del Campillín.

Viandantes pasando por el parque del Campillín.

Lucas Blanco

Lucas Blanco

El Campillín respira, al menos por ahora. El anuncio del equipo de gobierno de Alfredo Canteli de posponer el proyecto del aparcamiento subterráneo y la reurbanización de la parte baja del parque hasta lograr un «consenso mayoritario» ha sido recibido con una mezcla de alivio y expectación en el barrio de Santo Domingo. Tras semanas de tensión creciente y con una manifestación convocada por la plataforma «El Campillín no se toca» para el próximo 11 de abril, el concejal de Infraestructuras, Nacho Cuesta, ha optado por mover ficha y abrir un proceso de diálogo directo. Los vecinos y usuarios del pulmón verde aplauden la voluntad de acuerdo.

En el barrio existe una coincidencia casi unánime: aparcar es una odisea y el parque requiere una vuelta de tuerca. Sin embargo, las formas y el calado de la obra prevista —un parking de tres plantas y 380 plazas— generan fricciones. Jaime López, vecino de la zona, lo tiene claro: «El parking se podía hacer perfectamente, pero hay gente que se opone a cualquier cosa. Todo lo que se haga será bueno y esto quedaría precioso. Sería beneficioso para mucha gente porque ahora es imposible aparcar en el barrio, indica un López que ve bien que el Ayuntamiento quiera buscar consenso, porque «ponerse de acuerdo siempre es algo positivo».

En una línea similar se manifiesta Francisco Tomás García, residente en la calle San Mateo, quien pide huir del inmovilismo. «La reforma planteada es positiva. Hay que ir con los tiempos y no decir que no por sistema. La gente que no tiene donde aparcar quería esa solución. Que busquen ahora consenso me parece bien; primero tiene que haber diplomacia, y luego, si no funciona, tirar las bombas. Debemos valorar los servicios y dejar de lado el partidismo», sostiene.

Pero el «no» al hormigón también tiene voces firmes. Cristina Álvarez, vecina de la calle Fernando Alonso, se muestra escéptica con la infraestructura subterránea: «Nunca me gustó la idea del parking. Hay uno en la calle Padre Suárez y solo se llena los domingos para el mercadillo. Tampoco me gustaba la idea de que quitasen árboles y choca que quisieran hacer un bar cuando muchos están cerrando en el barrio. Aplaudo que reculen porque se pueden buscar alternativas para alcanzar un acuerdo. Creo que la parte alta necesita un cambio y es posible que el aparcamiento se pueda buscar en otros sitios sin tener que levantar el parque».

Ese temor a que las máquinas devoren la esencia del Campillín lo comparte Bárbara Minaya, que acude a diario con su hija de siete años y su bebé. «Hay dificultades para aparcar, pero el parque está bonito y no queremos que quiten árboles ni juegos infantiles. Veo mejor pactar la reforma, pero muchos vecinos no creen esas promesas y van a seguir protestando», afirma.

El Ayuntamiento, que el martes mostró su intención de pactar «puerta a puerta si hiciera falta», el proyecoto, insiste en que su plan responde a una «estrategia de revitalización» el Antiguo. Cuesta confía en que, una vez se expliquen los planos «sin intermediarios nocivos», los residentes verán las ventajas de una obra que, de momento, queda guardada en el cajón a la espera de un punto de encuentro.

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