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El centro de día de Aldeas Infantiles en Oviedo cumple ocho años de lucha contra las etiquetas

Bajo la idea de que no se escogen las circunstancias, pero sí la manera de enfrentarlas, el proyecto acompaña a menores y familias desde una educación basada en el respeto

Marta García, María José González y María Gloria González en el hall del centro ovetense.

Marta García, María José González y María Gloria González en el hall del centro ovetense. / Irma Collín

Oviedo

El centro de día de Aldeas Infantiles SOS en Oviedo se ha consolidado como un espacio de apoyo para familias en situación de vulnerabilidad. Nació en 2018 gracias al impulso del Premio Princesa de Asturias de la Concordia, el recurso atiende a cuarenta menores de entre cinco y dieciséis años. Allí encuentran acompañamiento educativo, actividades y un entorno seguro en el que crecer. Ocho años después, el equipo destaca que el verdadero motor del proyecto es el ambiente cercano y familiar que se ha creado entre niños, familias y educadores.

El centro, ubicado en la calle Manuel del Fresno, abrió sus puertas en 2018 gracias a la aportación económica recibida ese mismo año tras la concesión del Premio Princesa de Asturias de la Concordia a Aldeas Infantiles SOS. Desde estas instalaciones, la organización desarrolla un programa de apoyo a familias en situación de vulnerabilidad, ofreciendo orientación a los padres y recursos educativos y sociales para favorecer el desarrollo de los menores. El objetivo que se marcan es reforzar las capacidades familiares y prevenir situaciones de riesgo que puedan derivar en medidas de protección más severas.

María José González dirige el centro desde su inauguración y, desde entonces, las instalaciones han contado con 40 plazas destinadas a menores de entre cinco y dieciséis años. El recurso funciona durante todo el año, de lunes a viernes, y los participantes se organizan en tres grupos según su edad para adaptar las actividades y el acompañamiento educativo. Así, el centro cuenta con una sala para los más pequeños, de 5 a 10 años; otra para el grupo intermedio, de 10 a 14 años; y una tercera para los mayores.

Carlos Lajo fue uno de los primeros en incorporarse a este proyecto. A día de hoy, ocho años después, sigue siendo el psicólogo del centro y el encargado de trabajar con el grupo de los niños más pequeños. "Al principio el centro se notaba mucho más virgen. Recuerdo entrar en esta sala y verla muy limpia, muy ordenada, casi como si fuera Ikea. Ahora basta con mirar las paredes: están llenas de colores, de proyectos y de ideas. Hoy la sala está mucho más llena de cosas y siempre digo que cuando un espacio de convivencia está más desordenado es porque tiene vida", explicó.

Los trabajadores destacan que su objetivo siempre ha sido acompañar a los menores en un clima cercano y de confianza, en el que no perciban el centro como una amenaza. En su labor diaria tratan de combatir las etiquetas y prejuicios que a menudo se les imponen fuera de este entorno y apuestan por una educación basada en el respeto como principal seña de identidad. Con el paso de los años, además, uno de los cambios más significativos en el funcionamiento del recurso ha sido la progresiva implicación de las familias, que han ido incorporándose a distintas actividades y dinámicas del centro.

"A veces los prejuicios los ponemos los padres o la propia sociedad. Los niños, por suerte, no tienen tantas barreras ni tantos problemas como nosotros. Ellos fluyen de otra manera: se abren más a lo nuevo, tienen menos inseguridades y se dejan llevar. Por eso, en cierto modo, el camino es más fácil para ellos que para los adultos", confesó María Gloria González, madre de dos de los niños del centro.

Sangre nueva y sentimiento familiar

No todos los trabajadores llevan desde sus inicios, la educadora del centro, Marta García, se incorporó el pasado verano. No obstante, ya es una más en el equipo de trabajo y es uno de los pilares del funcionamiento de la sede de la ONG en Oviedo. "La implicación de las familias nos ayuda muchísimo. Nos permite entender mejor cada situación y también aprender nosotros. Al final, una realidad no se puede ver solo desde una perspectiva. Cuando una madre o un padre están tan presentes y colaboran con el centro, nos ayuda a saber en qué podemos apoyar más. Nuestro objetivo no es solo ayudar a los niños, sino ser un lugar seguro también para sus familias", aseguró.

El centro también aprovecha fechas señaladas para trabajar valores y reforzar la convivencia entre los menores. El Día de la Mujer, por ejemplo, suele servir para desarrollar actividades relacionadas con la igualdad dentro del marco del Comité de Género, una de las iniciativas que se impulsan desde el recurso. Además de estas iniciativas, el calendario se llena en Semana Santa, cuando organizan jornadas de convivencia con comidas típicas asturianas, o Navidad, con actividades como la participación en la San Silvestre o la tradicional carta a los Reyes Magos.

Durante el verano, aunque el centro mantiene su actividad, el horario cambia y las actividades se trasladan a la mañana. En esa época se intensifican también las salidas a museos y excursiones, además de un viaje anual de varios días —habitualmente a Galicia— en el que participan alrededor de quince menores y que cada año rota entre los usuarios del centro.

Todos coinciden en que dentro del centro se genera un ambiente "familiar" que acaba creando vínculos "muy fuertes" entre los usuarios y el equipo educativo. Muchos de los jóvenes que pasaron por el centro siguen regresando años después para visitar a los educadores. Algunos de esos lazos llegan incluso más lejos. Los responsables recuerdan el caso de una familia venezolana que, tras haber formado parte del proyecto, mantiene el contacto con el equipo y aprovecha sus viajes a Asturias para pasar por el centro.

Carlos Lajo resume la filosofía educativa del centro a través de "El patito feo". Para él, es el primer relato que habla de resiliencia, una idea que trabaja con los menores desde los primeros años. "Siempre les digo que el patito feo llegó a ser cisne porque lo pasó mal", explicó. La lección que busca inculcar es que "nadie puede elegir las circunstancias que le rodean, pero sí la forma de afrontarlas". Un mensaje que acaba calando en muchos de los jóvenes que pasan por el centro y que resume la manera en la que el equipo trata de acompañarlos en su crecimiento personal.

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