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Sobrino: "García creo el rol de Rosita para María Malibrán, su hija"

"La partitura, una ópera bufa en dos actos, combina el bel canto con tintes andaluces", explicó el catedrático de Musicología

Begoña García-Tamargo, Ramón Sobrino y Ana Cristina Tolivar, ayer en el Club.

Begoña García-Tamargo, Ramón Sobrino y Ana Cristina Tolivar, ayer en el Club. / Irma Collín

maría José iglesias

Oviedo

"Manuel García compuso ‘El gitano por amor’ para un elenco de estrellas, pensando en una intérprete muy concreta: la legendaria soprano María Malibrán, su hija, una de las grandes divas del Romanticismo, admirada por su extraordinaria capacidad expresiva y por una técnica vocal fuera de lo común". La conferencia del musicólogo Ramón Sobrino, catedrático de la Universidad de Oviedo, sirvió como introducción histórica y musical a la obra que será el segundo estreno del XXXIII Festival de Teatro Lírico Español y que llegará al Teatro Campoamor el 19 de marzo. Presentado por la directora artística de La Castalia, Begoña García-Tamargo, el encuentro ofreció un recorrido por la figura de Manuel García, autor de una partitura que combina el bel canto italiano con acentos andaluces.

"La complejidad vocal del papel protagonista responde precisamente a las excepcionales cualidades de la Malibrán, cuya vida fue tan intensa como breve", explicó Ramón Sobrino, quien situó al compositor sevillano en el corazón de la historia operística europea de comienzos del siglo XIX. Cantante, empresario y creador incansable, García fue una figura clave en la difusión de la ópera italiana fuera de Italia. Tras una brillante carrera como tenor, desarrolló una intensa actividad compositiva y pedagógica. "El gitano por amor" es una ópera bufa en dos actos escrita íntegramente en castellano, algo poco habitual en el panorama operístico del momento, como resaltó Sobrino. La obra está basada en "La gitanilla" de Miguel de Cervantes, relato que mezcla amor, identidad y vida nómada, elementos que García supo trasladar al lenguaje teatral y musical.

Fusión estética

"La partitura, de 1828, pertenece a la última etapa creativa del compositor y representa probablemente su obra escénica más ambiciosa de ese periodo; tardó más de 200 años en estrenarse", indicó el musicólogo. "El estilo muestra una clara influencia del bel canto —con amplias líneas melódicas y gran virtuosismo vocal, pero incorpora también giros rítmicos y melódicos que evocan el mundo andaluz", añadió. Esa fusión estética otorga a la obra una personalidad singular dentro del repertorio prerromántico.

La familia García tuvo un papel decisivo en la historia del canto. Además de María Malibrán, otra de las hijas del compositor desarrolló una carrera internacional, y el varón, Manuel García, como su padre, se convirtió en uno de los pedagogos del canto más influyentes del siglo XIX, autor de un método basado en las enseñanzas de su progenitor. Sobrino recordó también la admiración que el compositor despertó en figuras como el político y escritor Emilio Castelar, presidente de la Primera República española. n

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