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Cuando la ciencia también explica el valor de la cultura

Una visión científica de la candidatura ovetense

Por la izquierda, Carlos López-Otín, Jorge Fernández León, Rodolfo Sánchez y Alfredo Canteli a la salida de la defensa de la candidatura en el Ministerio de Cultura

Por la izquierda, Carlos López-Otín, Jorge Fernández León, Rodolfo Sánchez y Alfredo Canteli a la salida de la defensa de la candidatura en el Ministerio de Cultura

Carlos López Otín

Me llamo Carlos y soy profesor de bioquímica y biología molecular. Durante casi cuarenta años he estado enseñando a miles de inolvidables estudiantes en la Universidad de Oviedo y dirigiendo un comprometido grupo de investigación sobre cáncer y envejecimiento, dos condiciones que nos recuerdan con nitidez y perseverancia la fragilidad y vulnerabilidad humanas.

Desde Oviedo, y con un grandísimo esfuerzo, hemos podido contribuir al progreso científico, pero también hemos comprendido que, para entender la salud y la enfermedad, es imprescindible integrar los aspectos sociales y emocionales de la vida humana en el mundo abstracto y complejo de los lenguajes moleculares. Para avanzar en esta idea, la introducción del concepto de exposoma ha resultado de mucha utilidad científica y pedagógica.

El exposoma se definió inicialmente como el conjunto de factores físicos, químicos y biológicos que tienen un impacto perjudicial sobre nuestra salud. Sin embargo, en los últimos años, tras descifrar y analizar miles de genomas, epigenomas o metagenomas en nuestro laboratorio y conocer de cerca muchas adversidades propias y ajenas, comencé a percibir con absoluta claridad que los factores sociales y culturales también son componentes esenciales de nuestro exposoma y tienen un efecto fundamental sobre nuestro bienestar físico y emocional. La solidaridad, el altruismo, la educación, la amistad y el amor forman parte de un nuevo exposoma, un exposoma amable y saludable, el afectoma.

 Cuando el alcalde de Oviedo me invitó a unirme al equipo de la candidatura a la capitalidad europea decidí comprometerme al máximo con el proyecto, primero por gratitud a Asturias, que ha sido durante muchos años mi lugar en el mundo, y después porque tras la primera reunión me di cuenta de que el equipo Oviedo-2031 entendía que, hoy más que nunca, la cultura debe tener una perspectiva muy amplia. Con esta visión integradora, pensamos que conceptos científicos como el exposoma amable podían inspirar el programa de nuestra candidatura.

Durante estos meses de intenso trabajo colectivo tuve el privilegio de ser escuchado con atención y respeto, y mis propuestas fueron siempre mejoradas y enriquecidas por los miembros del equipo. Ello me hizo recordar algo que aprendí del profesor Ochoa, asturiano y Premio Nobel de Medicina: entender la vida requiere humildad. No somos entidades aisladas. Somos ecosistemas que coexisten con miles de millones de microorganismos, pero también con la naturaleza, la cultura y la tecnología. Una breve reflexión es suficiente para apreciar que hoy la frontera entre lo «natural» y lo «artificial» es tan difusa como un sfumato pintado por el gran Leonardo da Vinci. Este hecho es especialmente importante en el contexto de esta nueva era de evolución cultural en la que ya estamos inmersos: la de la inteligencia artificial.

Esta nueva realidad social y cultural representa un gran desafío para Oviedo 2031, para Europa y para todos los habitantes de un planeta que todavía nos acoge con generosidad y paciencia. Soy consciente de que el futuro tal vez necesite esas máquinas perfectas cuya llegada parece inminente, tras una crónica largamente anunciada. Sin embargo, creo que también vamos a necesitar muchos seres humanos que sean capaces de dialogar con sus creaciones artificiales sin renunciar a la empatía, la duda y la compasión. El progreso indica que vamos a tener que enseñar a las máquinas, pero también es nuestra obligación y nuestra responsabilidad educar a las personas y hacerles partícipes de que esos viejos valores culturales y emocionales, que a veces parecen olvidados o perdidos, son precisamente los que nos hacen humanos.

He dedicado toda mi vida a estudiar la vida y las enfermedades humanas. Por eso sé que la inmensísima mayoría de la gente no quiere ser inmortal ni dominar el mundo; solo quieren tener la salud suficiente para disfrutar de la familia, los amigos, la naturaleza, la música, el arte, la literatura y la conversación. Oviedo 2031 ofrece esto en un programa con muchas ideas extraordinarias, como transformar una antigua fábrica de armas en una moderna fábrica cultural que ayude a todos los asturianos, y muy especialmente a las nuevas generaciones, a poner en valor su creatividad en todas las artes incluyendo el arte de la salud y de la vida. Estas ideas han sido desarrolladas por muchas personas que consideran que este proyecto puede mejorar nuestro presente y abrir una ventana de esperanza para el futuro. Para todos nosotros, Alfredo, Vanessa, Rodolfo, Marta, Chus, Natalia, Jorge, Zoe, Antonia, Jose, Mónica, Pepe, Paula, Franco, Cristina y yo mismo ha sido un enorme privilegio y una gran responsabilidad representar en Madrid a todos los asturianos que creen en este Proyecto. 

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