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Así es el bar más patriota de Oviedo: "Si ser facha es ser español y estar orgulloso de ello, lo llevo a mucha honra"

Rosa Priede, hostelera de 43 años, acaba de abrir un bar en la calle Campomanes decorado con banderas rojigualdas, uniformes de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado y guiños a la Santina y el Rey Pelayo

Así es el bar más patriota de Oviedo: "Si ser facha es ser español y estar orgulloso de ello, lo llevo a mucha honra"

Lucas Blanco

Lucas Blanco

Lucas Blanco

La calle Campomanes es escenario desde hace un par de semana de los brindis más patrióticos de Oviedo "y quizás de España". El motivo es la apertura de Reconquista, una vinatería "patriota". A sus 43 años, y tras casi dos décadas de bandejas y barras, su titular, Rosa Priede, ha decidido que ya era hora de maridar sus dos grandes pasiones: la hostelería y España. El resultado es un local que funciona como un santuario donde conviven Pelayo, la minería, los toros y el tricornio.

"Era una cosa que llevaba rondándome desde 2020, cuando la pandemia", confiesa la emprendedora. La genética y el afecto no engañan en su biografía: es pareja de un Guardia Civil, sobrina de legionario, prima de un agente víctima de ETA y cuenta con innumerables amigos en la Policía y el Ejército. Ese árbol genealógico explica su apuesta. En el bar, mientras la voz de Julio Iglesias entona sus éxitos por los altavoces un miércoles cualquiera, el cliente se topa con un despliegue que rinde honores a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

El local es una oda al coleccionismo institucional y sentimental. Bajo el lema grabado de "todo por la patria", se exhiben uniformes llegados desde el cuartel Cabo Noval, fotos de Manolete, banderillas y hasta una imponente cabeza de toro que vigila los caldos de la casa. "Es parte de coleccionismo, parte de donaciones y alguna que otra compra hecha para el bar", detalla Rosa frente a un ingenioso botellero con forma de tanque donde el cañón es una botella de vino lista para el descorche. Entre miniaturas de vehículos policiales y calaveras con el chapiri de la Legión, destaca un monolito en recuerdo de las víctimas del terrorismo, donado por el cuerpo.

La acogida ha sido masiva desde su apertura hace apenas un par de semanas. A las doce de la mañana, el goteo de curiosos con el móvil en mano es constante; entran para fotografiar una estampa que consideran valiente y necesaria. Sin embargo, no todo han sido brindis y aplausos en esta travesía. El pasado lunes, la fachada del establecimiento amaneció empañada por el odio: pintadas de "fascistas fuera", "zona antifa" y una hoz y un martillo lucían en la entrada. Rosa, lejos de amilanarse, tuvo que lidiar con la burocracia del centro histórico: "Tuve que avisar a primera hora para que el Ayuntamiento lo limpiara porque al ser un tema de patrimonio no puedo hacerlo yo sin permiso".

Homenaje

A las críticas y los insultos los despacha con la misma soltura con la que sirve un corto. "Si ser facha es ser español y sentirse orgulloso de ello lo llevo a mucha honra", sentencia con una firmeza que desarma cualquier réplica. Hija de un padre que en su día le pidió no vestir el uniforme por miedo a los riesgos, hoy Rosa ha encontrado su propia forma de servicio público entre barricas, banderas y recuerdos. "Es mi particular homenaje a quienes se arriesgan por los demás", subraya la hostelera, mientras el local se llena de nuevo de parroquianos que buscan, simplemente, sentirse en casa.

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