Las jóvenes vocaciones dan su primer sí a Dios en Oviedo por San José: "Es difícil decir que no a Jesús"
«Es difícil decir que no a Jesús», sostiene Fernando Aranda, uno de los siete seminaristas que protagonizaron el rito de admisión en el día de su patrón

Jesús Sanz Montes, a la izquieda, al inicio de la misa del rito de admisión del Seminario.
Guillermo García
«Cuando Jesús sale a tu encuentro, sientes que el interés por la Iglesia te toca el corazón y es muy difícil decir que no a esa llamada». Fernando Aranda Gatón, madrileño de 29 años y natural de Coslada, es uno de los siete seminaristas que ayer fueron protagonistas en el rito de admisión celebrado en el Seminario Metropolitano de Oviedo. Este acto fue el eje central de las celebraciones de San José —patrón de los seminaristas—, que comenzaron el miércoles con un partido de fútbol. El rito fue oficiado por el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, y sirvió como colofón a varios días festivos que concluyeron con una cena compartida junto a familiares y miembros de sus parroquias.
Aranda procede de una familia religiosa, aunque durante su juventud no se había planteado dedicar su vida a la Iglesia. De hecho, se graduó en Ingeniería Agrícola en 2020. Fue precisamente durante su etapa universitaria cuando comenzó a intuir que su camino no se encontraba en el ámbito profesional para el que se había preparado, sino en una llamada «más profunda» que fue identificando, «por sensaciones», como una vocación al sacerdocio.
Tanto él como el resto de sus compañeros llegaron al Seminario Metropolitano de Oviedo en 2022. El rito de admisión celebrado ayer supone el primero de los tres pasos que preceden a la ordenación diaconal y tiene como finalidad que la Iglesia reconozca públicamente a los seminaristas como candidatos al sacerdocio.
Además de Aranda, dieron este paso los nicaragüenses Henry de Jesús Chavarría, Nelsin Francisco Rizo y Elmer Enrique Zeas, así como el ovetense Álvaro Otonín. Por su parte, los laicos Gabino Cienfuegos y Adrián Menéndez, ya en una fase más avanzada, se encuentran en el umbral del diaconado. «Es una toma de conciencia de que vas a entregar tu vida a esta causa, básicamente, es un compromiso vital», apuntó Aranda sobre la importancia del acto.
Durante los últimos días, los seminaristas se prepararon para este momento dedicando tiempo a la oración y a la reflexión personal sobre el paso que estaban a punto de dar. En este contexto, el pasado lunes por la tarde participaron en un retiro espiritual centrado en profundizar en el significado del rito de admisión y en el compromiso que implica tomar esa decisión.
El acto tuvo lugar en la capilla mayor del seminario a las 20.00 horas. Durante la celebración, el arzobispo fue pronunciando uno a uno los nombres de los candidatos y les formuló una serie de preguntas destinadas a confirmar que eran plenamente conscientes del paso que estaban a punto de dar y del compromiso que asumían.
Estos seminaristas aún tienen por delante varias etapas en su camino hacia el sacerdocio. El próximo será el rito del lectorado, que previsiblemente recibirán en el plazo de un año y que les habilita para proclamar la Palabra de Dios en la liturgia. Un año después llegará el acolitado, último de estos ministerios previos, mediante el cual asumen de forma más directa el servicio al altar y la colaboración con el sacerdote en la celebración eucarística, antes de dar el paso definitivo hacia el diaconado. Un itinerario que ya dibuja el relevo generacional y sitúa a estos cinco jóvenes como la próxima hornada de sacerdotes en Asturias.
Partido y concierto
Sin embargo, no todo fue recogimiento y liturgia. Las celebraciones de San José también dejaron espacio para el encuentro distendido y las tradiciones que, año tras año, marcan la vida del seminario. Ayer, antes de la ceremonia de admisión y en una jornada en la que no hubo clases con motivo de la festividad, la Capilla Mayor acogió un concierto de órgano. Los asistentes pudieron seguir de cerca la interpretación gracias a la proyección en pantalla de la imagen del organista.
El lado más competitivo de las fiestas del patrón llegó con el clásico partido de fútbol entre sacerdotes y seminaristas, disputado el pasado miércoles por la noche. Se trata de una tradición que levanta mucha expectación y en la que cada uno de los integrantes aprovechó para lucir los colores de los equipos que animan cada fin de semana. El encuentro, disputado y con varias alternativas en el marcador, terminó decantándose del lado de los sacerdotes, que se impusieron por un ajustado 5-4. Más allá del resultado, el partido volvió a ser una excusa perfecta para reforzar, a través del deporte, la convivencia entre los diferentes integrantes del Seminario Metropolitano de Oviedo. n
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