El barrio de Oviedo desplazado con el paso del tiempo que vio las primeras grúas para levantar «pisos dignos» en la primavera de 1968
Otero roza los siete mil vecinos, con una población en la que los mayores de 65 años suponen justo el doble que los menores de 19 años, y donde la comunidad extranjera no llega al ocho por ciento

El barrio ovetense de Otero en la actualidad / Fernando Rodríguez
Otero nació bastante más abajo de donde se encuentra ahora el grueso de un barrio que roza los siete mil residentes. Orillado hace cuarenta años por una ronda que agilizó la circulación del tráfico en el casco urbano de Oviedo, pero abrió una fractura en esta zona del sureste a la que el Ayuntamiento trata de poner cura con unas obras para que los vecinos tengan mejores accesos e incluso un carril bici. Un barrio estrechamente vinculado a San Lázaro y también al casco antiguo ovetense a través del Campillín, Santo Domingo, el Postigo y la zona de Regla, que se desarrolló a partir de 1968 con la construcción del polígono de Otero.
El «auténtico Otero» nacía cerca de Fozaneldi y el barrio de Regla, en las inmediaciones, aproximadamente, de donde ahora está la rotonda del cardenal Enrique Tarancón. El lugar ya aparece documentado desde la alta Edad Media. Zona de prados irregulares estaba en sus inmediaciones el Monte de Santo Domingo y «desde el siglo XVIII los vecinos de Otero aparecen siempre empadronados con los de la ciudad», recoge José Tolivar Faes en «Nombres y cosas de las calles de Oviedo».
Si San Lázaro había sido zona de mercados y de la entrada de la vieja carretera de Castilla por donde llegaban los peregrinos del Camino de Santiago, los terrenos más próximos al Campillín, un topónimo que se generalizó a partir del siglo XVIII, eran conocidos hacia 1346 como «los prados de los herreros», donde, con el paso del tiempo, hubo mercado de hortalizas. Y en el mismo entorno se encontraba el Monte de Santo Domingo, un paraje que por entonces debía ser más bien boscoso y que, tras pertenecer primero al Cabildo y luego al convento de los dominicos, acabó, desamortización mediante, en manos privadas y talado hacia el último tercio del siglo XIX, según denunciaba el periódico de la época «El Faro Asturiano». Aquel bosque ocupaba lo que hoy son las calles San Melchor, San Pedro de Mestallón, San Mateo y Fernando Alonso.
No debía ser un lugar muy recomendable aquel Campillín porque en 1829 se instaba a cerrar los portales «por los perjuicios que ocasionaban a la moral y seguridad de las personas». Extramuros del Oviedo antiguo, el Ayuntamiento promovió en 1926 en sus inmediaciones la construcción de un grupo de casas baratas. Toda la zona resultó muy castigada en la Guerra Civil por el sitio que se prolongó durante los dos primeros años del conflicto, 1936 y 1937, y obligó a una reconstrucción que modificó de manera sustancial la orientación y forma de los edificios que había en el entorno del Campillín..
La construcción del polígono de Otero todavía se demoraría tres décadas más. Las familias ovetenses del «baby boom» necesitaban viviendas y las primeras grúas para levantar edificios a precios asequibles para que «las familias trabajadoras pudieran tener pisos dignos» se empezaban a ver en marzo de 1968 en aquel paisaje, hasta entonces de prados y alguna que otra casería. Casi un año después, en el pleno de febrero de 1969, el Ayuntamiento aprobaba el nombre de la calle Otero para el vial que ascendía desde la calle San Mateo hasta Velasquita Giráldez.
El siguiente cambio transformador de Otero llegó con la construcción en tiempo récord de la ronda sur de Oviedo, la primera circunvalación exterior que tuvo la ciudad y que desvió el tráfico procedente de Mieres con destino a Gijón, Avilés y Santander, que hasta entonces circulaba por un angosto Postigo de doble sentido, donde apenas había espacio para los peatones y vecinos de la zona. El Consejo de Ministros dio luz verde a ese «primer cinturón» vial en 1982, la obra daba comienzo ese mismo año y se terminaba en 1984 para la construcción de un tramo de 2.180 metros de longitud, donde fue necesaria la excavación en desmonte de 126.000 metros cúbicos y la colocación de 62 toneladas de acero.
Más de cuarenta años después, el Ayuntamiento se ha fijado el objetivo de convertir la ronda sur en un gran bulevar, con cambios sustanciales y mejoras para Otero, pero también para Villafría y Santo Domingo, una inversión de 1,8 millones con financiación de fondos europeos, que da continuación a la primera fase ya realizada en 2018. Esta intervención da respuesta a un problema histórico de los vecinos de Otero y Villafría que, pese a padecer a diario los inconvenientes de tener una ronda al lado, carecían de una salida directa a los principales nudos de comunicación y se veían obligados a dar un rodeo para acceder a la red de autovías.
Esta segunda fase interviene en el tramo entre la glorieta de Fozaneldi (Cardenal Tarancón) y la calle San Melchor García Sampedro, en el que se suprime uno de los tres carriles de cada sentido y ese espacio ganado se destinará, por un lado, a facilitar los trayectos a pie entre esos barrios y Santo Domingo y, por otro, a una nueva salida al tráfico desde Villafría a la ronda exterior, una demanda vecinal de décadas.
Una intervención llamada a esponjar una trama urbana del sureste ovetense, que resulte más «amable» para los vecinos de la zona, dado que gran parte de los tráficos que la ronda sur recibió en sus inicios ya fueron absorbidos por la circunvalación exterior entre Matalablima y El Cueto. Otero cuenta con 6.988 vecinos, según la actualización del Ayuntamiento de Oviedo correspondiente al pasado mes de febrero, una comunidad en la que son mayoría las mujeres, medio millar más.
La pirámide demográfica presenta similitudes con las de otros barrios de la ciudad que afianzaron su expansión urbanística a partir de la segunda mitad del siglo XX: la población de 65 o más años, un total de 1.988 vecinos, duplica en número a los menores de 19 años, que con 968 personas suponen algo menos del catorce por ciento del total del vecindario. El grupo de edad más numeroso, con 631 personas, es el comprendido entre los 50 y los 54 años.
El peso de la comunidad inmigrante es bastante reducido, ya que en Otero están censados 538 residentes nacidos en otros países, lo que supone el 7,7 por ciento, muy lejos, por ejemplo, del 15,2 de La Argañosa. La población extranjera procede de 45 países, si bien la comunidad más numerosa es la de Ucrania (81 nacionales), por delante de las de Colombia (65), Rumanía (62) y Venezuela (61).
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